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Iglesias del Sur Global presentan al Gobierno colombiano llamado urgente por transición justa energética

Foto: Cáritas Colombia

Durante la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que tiene lugar en Santa Marta, una coalición ecuménica e interreligiosa del Sur Global presentó un “texto de convergencia” con el que busca influir en las decisiones globales frente a la crisis climática. El documento fue entregado a la ministra (e) de Ambiente, Irene Vélez, como gesto de interlocución ética y política.

El texto reúne consensos de comunidades de fe, organizaciones sociales y corrientes de ecoespiritualidad, y se fundamenta en los tres pilares de la conferencia: superación de la dependencia económica, transformación de la oferta y la demanda, y cooperación internacional. Sobre esta base, desarrolla una perspectiva sistémica que entiende estos procesos como profundamente interrelacionados.

El documento plantea que la crisis climática desborda el ámbito ambiental y revela “una profunda crisis espiritual, ética y de sentido”, que exige transformaciones tanto económicas como culturales. En ese marco, propone una transición energética que no se limite a lo técnico, sino que redefina los vínculos con la Tierra y entre las personas.

Una transición con justicia social y protagonismo de los pueblos

El texto advierte que la crisis tiene raíces en la explotación y la desigualdad, y que los combustibles fósiles constituyen hoy el fundamento de una “crisis existencial” que afecta a todos los seres. Frente a ello, propone una transición “justa, inclusiva y solidaria”, con protagonismo en especial de los pueblos más vulnerables.

El documento reitera que “no hay justicia climática sin justicia social” y alerta que ignorar esta relación agrava las desigualdades y precipita un colapso que impactará principalmente a los sectores más vulnerables y a las próximas generaciones. Por ello, propone priorizar a la niñez, la juventud y a las mujeres, especialmente de comunidades indígenas y afrodescendientes.

El texto subraya la necesidad urgente de desinvertir en combustibles fósiles y promover modelos de desarrollo centrados en el bienestar común. En ese horizonte, denuncia las “falsas soluciones” que, bajo nuevas lógicas, reproducen el extractivismo, el colonialismo y la degradación de la biodiversidad, advirtiendo que una transición que no transforme las estructuras de poder constituye una “transición de papel”.

Críticas al modelo global y propuestas desde el Sur

El texto destaca los impactos sociales de la crisis climática, como el aumento del desplazamiento y la migración ambiental, y exige respuestas urgentes en mitigación, adaptación y reparación. Asimismo, cuestiona el sistema financiero internacional, al sostener que las deudas externas continúan condicionando la soberanía de los países del Sur Global.

En respuesta, el documento plantea una transición que incorpore la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas y afrodescendientes, fortalezca procesos democráticos y garantice mecanismos de financiamiento orientados a la reparación histórica y al cuidado de los territorios. Desde esta mirada, la energía es concebida como “un don colectivo” que debe garantizar acceso equitativo y participación en las decisiones.

Además, se señala que la desinformación climática “no es neutral”, en la medida en que debilita la acción urgente y reproduce dinámicas de injusticia. En ese sentido, subraya la importancia de fortalecer la integridad de la información tanto en la sociedad como en las propias comunidades de fe.

Conversión cultural, espiritual y compromiso colectivo

El texto sostiene que la transición comienza en el ámbito interior y comunitario, afirmando que “sin esta conversión interior, cultural y espiritual, ninguna política será suficiente”. Por ello, propone fortalecer procesos educativos que transformen los modos de vida y el tejido social en armonía con la Tierra.

Las comunidades firmantes asumen el compromiso de revisar sus narrativas y prácticas, promoviendo una ética de la relacionalidad y una ecoespiritualidad que reconozca el carácter sagrado de la vida. Asimismo, hacen un llamado a desmantelar el militarismo, al considerarlo incompatible con una transición justa, y a promover economías del cuidado que garanticen condiciones dignas para todas las personas.

En su cierre, la coalición reafirma su compromiso de acompañar estos procesos desde una “esperanza activa” y llama a Estados e instituciones a actuar con “valentía, coherencia y urgencia”. El mensaje concluye con un llamado a una transformación integral que no se limite a sustituir fuentes de energía, sino que promueva un cambio profundo en el modelo de vida y en la relación de la humanidad con el planeta.

 

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