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Antillas: El arzobispo de Puerto España llama a “calmar las aguas turbulentas” con esperanza, verdad y solidaridad

En un contexto de creciente tensión en el sur del Caribe, el arzobispo de Puerto España, Mons. Charles Jason Gordon, emitió la carta pastoral titulada “Calmando las Aguas Turbulentas: un mensaje de paz, verdad y esperanza en el sur del Caribe”, en la que exhorta a las comunidades católicas a mantener la serenidad, promover la paz y acompañar con compasión a los más vulnerables.

La misiva responde al reciente comunicado de la Conferencia Episcopal de las Antillas (CEA) que repudia el despliegue militar en la región. “La declaración de la CEA no es simplemente una declaración pública, sino una guía para nuestras acciones como Iglesia aquí en la Arquidiócesis de Puerto España, a pocos kilómetros de la costa de Venezuela”, señala el prelado.

Mons. Gordon reconoce que “vivimos tiempos inciertos”, marcados por el miedo y la confusión, pero recuerda que el cristiano está llamado a confiar en Dios. “Como seguidores de Cristo, estamos llamados a superar la ansiedad y permanecer firmes en la fe”, escribió, citando el Evangelio de Juan: “La paz os dejo, mi paz os doy. No se angustien ni tengan miedo” (Jn 14, 27).

Iglesia acogedora y solidaria con los migrantes

El arzobispo invita a no caer en la desesperanza ni en la polarización, recordando que “nuestra esperanza no reside en la seguridad mundana, sino en la paz que solo Cristo puede dar”.

En su carta, el arzobispo asegura el compromiso de la Iglesia local con los pobres, los vulnerables y los desplazados por la violencia o la pobreza, especialmente los migrantes y refugiados. Citando al Papa Francisco, recuerda que “los migrantes y refugiados no son peones en el tablero de ajedrez de la humanidad. Son hijos de Dios, portadores de esperanza”.

En ese espíritu, anunció que la Arquidiócesis profundizará su labor pastoral y social de apoyo a las familias migrantes, promoviendo parroquias “como lugares de acogida, protección, promoción e integración”. Además, en las próximas semanas se organizará un seminario web sobre trauma, dirigido a familias, docentes y ministros, “para acompañar a nuestros jóvenes y ancianos que sufren en silencio debido a las turbulentas aguas que nos rodean”.

La respuesta del cristiano

Mons. Gordon también alertó sobre el impacto de la desinformación en tiempos de incertidumbre: “La avalancha de especulaciones y rumores puede fácilmente generar miedo y división”, advirtió, e invitó a los fieles a ejercer el discernimiento. “Seamos discernientes en lo que compartimos, recordando siempre que la verdad es una forma de amor”.

El arzobispo insistió en que “la Iglesia debe actuar según su conciencia, guiada no por la conveniencia política, sino por el Evangelio de la paz”. En este sentido, pidió resistir cualquier lógica que normalice el conflicto: “La respuesta cristiana no es reflejar la agresión, sino cultivar la reconciliación dondequiera que estemos”.

El mensaje también invita a las parroquias a organizar momentos de oración y adoración eucarística, especialmente por las naciones vecinas: “Oremos por la gente de Venezuela, Guyana, Trinidad y Tobago, y los afectados por Melissa”, exhortó.

Amor más fuerte que el miedo

Recordando el Año Jubilar de la Esperanza, Mons. Gordon llamó a vivir como “verdaderos peregrinos de la esperanza”, combinando palabra y acción. “Responderemos a través de palabras –con declaraciones, artículos y educación– y por medio de acciones –servicio a los pobres, apoyo a migrantes y capacitación en atención a traumas y construcción de paz–. Al hacerlo, demostramos que el amor es más fuerte que el miedo y la esperanza más duradera que el conflicto”.

La autoridad eclesial expresó su solidaridad con las comunidades devastadas por el huracán Melissa, que afectó gravemente a la región: “Su sufrimiento nos recuerda nuestra vulnerabilidad y humanidad compartidas. Que nuestra compasión se exprese a través de la oración, la ayuda material y un compromiso renovado de cuidarnos unos a otros y a nuestra casa común”.

Concluyó pidiendo que Cristo, “el Príncipe de la Paz, calme las tormentas dentro y entre nosotros”, e invitó a que la Iglesia en el Caribe sea “un signo de esperanza, solidaridad y amor”.

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