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Rixio Portillo sobre el primer viaje del Papa León XIV: “El diálogo sigue siendo el hilo conductor de este tipo de viajes”

Reflexiones sobre el sentido ecuménico, político y espiritual del primer viaje del Papa León XIV a Turquía y Líbano con el profesor e investigador venezolano Rixio Portillo, docente del Departamento de Cine y Comunicación de la Universidad de Monterrey y especialista en el pensamiento dialogal del Papa Francisco.

En entrevista con ADN Celam, Portillo analiza en detalle el primer viaje internacional del Papa León XIV, marcado por una fuerte impronta ecuménica, interreligiosa y pacificadora.

Visita con raíces en Nicea y el anhelo de unidad

Para Portillo, la primera clave del viaje a Turquía es el contexto del 1700 aniversario del Concilio de Nicea, origen del Credo que sigue uniendo a cristianos de Oriente y Occidente: “Creo que la primera característica del viaje es el sentido ecuménico, con el aniversario del Concilio… del que se derivó el Credo, ese artículo de fe solemne que se profesa en las misas”.

Turquía, explica, es un territorio simbólico para la relación con la Iglesia Ortodoxa: “Juan Pablo II la denominaba como el otro pulmón de la Iglesia”. Por eso, considera que la visita es también un gesto de continuidad en la agenda ecuménica asumida por distintos pontificados. “Es una manera de rezar con los cristianos ortodoxos en Turquía y reivindicar ese llamado a la unidad, que no es nuevo”.

El analista recuerda que este camino tiene una referencia fundamental: el histórico abrazo entre Pablo VI y Atenágoras I en 1964. Añade que la presencia estable del Patriarca Bartolomé I en las últimas décadas, a lo largo de varios pontificados, también simboliza esa continuidad: “Los papas se han cambiado, Benedicto, Francisco y ahora León; y Bartolomé I sigue allí, un poco como la figura bíblica de Andrés”.

Diplomacia, gestos y un 2% de cristianos

Más allá del plano ecuménico, Portillo remarca que Turquía es un país estratégico para la diplomacia vaticana. “En el pontificado del Papa Benedicto hubo sus asperezas, y el viaje de Benedicto fue para tratar de resolverlas”, recuerda. Los pontífices posteriores —incluido León XIV— han continuado ese proceso.

Uno de los gestos más comentados del actual viaje fue la visita del Papa a la Mezquita Azul. Portillo destaca su significado: “El Papa León, por respeto, ha decidido no rezar allí; solamente ha sido un momento de escucha y de recogimiento… no ha querido rezar como señal de respeto”. A su juicio, este gesto se sitúa en la lógica interreligiosa, reconociendo “el sentido de trascendencia de todos sin pretender igualar todas las religiones”.

El experto también recuerda la realidad de una Iglesia pequeña y resistente en Turquía: “Solo el 2% de la población es cristiana. Eso también es un desafío”. Y subraya el impacto emocional del encuentro del Papa con los fieles locales: “El Papa tuvo un encuentro muy alegre… se vio muy emocionado y conmovido en la Catedral del Espíritu Santo”, lugar donde tradicionalmente el pontífice se reúne con el pequeño resto católico del país.

La visita tiene además un valor de “regreso a las fuentes”: “Allí está el lugar donde se cree que San Pablo escribió la carta a los Corintios… es como volver a los orígenes”, señala Portillo. La permanencia de cristianos en estas tierras es, para él, “una promesa de permanencia de la fe en el núcleo de esos pueblos históricamente originarios”.

Líbano, frontera herida y punto de encuentro

Al abordar la convivencia religiosa en Oriente Medio, Portillo diferencia ambos escenarios. “En Turquía el 2% es cristiano; en Líbano sí hay aproximadamente un 35%”, explica. El Líbano, además, es un territorio marcado por la inestabilidad regional: “Es un territorio clave porque es la parte fronteriza donde muchos grupos irregulares de Palestina se trasladan… hay cierta confusión entre a quién está recibiendo el Líbano”.

El país arrastra sus propias heridas, desde la explosión en un puerto en 2020 hasta tensiones internas. En ese contexto, la visita del Papa tiene un fuerte significado: “El Papa va como peregrino de paz, como un hombre de diálogo, de encuentro… buscando que las partes puedan encontrarse y encontrar soluciones pacíficas”.

Portillo reafirma el rol histórico de la diplomacia vaticana: “El único argumento que tiene frente al concierto de naciones es la construcción de la paz a través del ejercicio de la razón”, siempre en oposición a la violencia que multiplica víctimas. Por eso, considera significativo que el pontífice no vaya “al epicentro”, sino desde la periferia: “Va a donde están parte de las víctimas; es una manera de acercarse colateralmente a un escenario siempre difícil como es el Medio Oriente”.

Pascua, creación y misión de paz

Consultado sobre los posibles frutos ecuménicos del viaje, Portillo señala: “Las conversaciones siempre se mantienen”. Entre los temas más relevantes menciona la unificación de la fecha de Pascua, un viejo anhelo compartido: “Papa Francisco tenía mucha intención de querer hacerlo; no sabemos todavía las intenciones del Papa León XIV”.

Otro logro concreto es la Jornada Mundial de la Creación, iniciativa conjunta entre Bartolomé I y el Papa Francisco: “Eso es un logro importante de ambos”, afirma.

En materia de paz, recuerda que, aunque la Iglesia católica es minoritaria en varios países, “los cristianos ortodoxos sí tienen incidencia política en algunas situaciones, y acercarse a ellos permite fortalecer un mensaje conjunto de paz”.

El diálogo como herencia viva del Vaticano II

Portillo remarca que el diálogo ecuménico, interreligioso y cultural, no es un añadido, sino un pilar del Magisterio contemporáneo: “El diálogo es una herencia del Vaticano II y de la gran lección de Pablo VI”, manifiesta. Y repasa cómo cada papa ha aportado su propio matiz: Juan Pablo II con el diálogo interreligioso, Benedicto XVI con la relación entre fe y razón, y Francisco como “maestro del diálogo… discípulo y acompañante de muchos escenarios”.

Sobre Francisco, recuerda especialmente su insistencia en los “gestos dialógicos”: “Creía en el diálogo de las palabras, de la mente, del corazón y de las manos”. Y subraya una enseñanza del pontífice argentino: el diálogo debe ser también “aguas abajo”, es decir, en la convivencia cotidiana entre los pueblos: “Ponía ejemplos sencillos: la recepción de perseguidos, de migrantes… son gestos de acogida y solidaridad”.

Portillo resalta que este espíritu sigue presente en el nuevo pontificado, especialmente en el viaje a Turquía y Líbano: “Es el primer viaje del Papa León XIV, el único del Jubileo… una huella ecuménica, de la periferia, de resolución de conflictos. Un viaje que busca la paz a través del encuentro”.

Rixio Portillo

El diálogo está presente

Hacia el cierre de la conversación, sintetiza lo que, a su juicio, define este viaje papal: “El diálogo sigue siendo el hilo conductor de este tipo de viajes”.

Concluye que, en un contexto marcado por tensiones globales, la presencia del Papa en Turquía y Líbano es “un recordatorio de que el camino cristiano hacia la unidad y la paz se sigue tejiendo a través del encuentro, la escucha y la gestualidad que construye fraternidad”.

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