ADN Celam

En Bautismo del Señor, Iglesia es llamada a comprometerse con la justicia, fraternidad y dignidad

A propósito de la Fiesta del Bautismo del Señor, que la Iglesia católica conmemora el 11 de enero, la hermana Rosmery Castañeda, religiosa de las Hermanas de la Caridad Dominica de la Presentación y madre sinodal, puso en el marco de la reflexión el sentido social y eclesial de este acontecimiento para América Latina y el Caribe.

Al conversar con ADN Celam, la hermana Rosmery se refirió a los escenarios de pobreza extrema, violencia y exclusión que atraviesan millones de familias en la región. Guiada por el marco celebrativo, aseguró que el Bautismo de Jesús es ya un «signo profético» que impulsa a comprometerse con el «Plan Salvífico del Padre Dios».

La religiosa destacó que el Bautismo señala el nacimiento de una nueva sociedad fraterna, donde los marginados de la sociedad sean los privilegiados del Reino de Dios. «Con su Bautismo Jesús va a marcar la nueva sociedad de los hijos de Dios: Ser hermanos, que todos gocen de ser hijos de un mismo Padre, dónde los últimos sean los primeros».

El Bautismo como misión y envío de la Iglesia

Al referirse al compromiso pastoral que brota del Bautismo, la religiosa subrayó que este sacramento constituye el fundamento de la Iglesia y configura su identidad más profunda. Recordó que, bajo la acción del Espíritu Santo, la Iglesia está llamada a anunciar la Buena Nueva y reflejarla desde la opción por los pequeños, los pobres y los excluidos, reconocidos como auténticos sujetos del Evangelio.

Con esta mirada, insistió en que la fidelidad al Bautismo conduce a una Iglesia en salida, presente en las calles y en las fronteras donde están quienes han sido marginados por una economía que descarta. «Hoy la Iglesia vive su Bautismo desde y con los pobres expresando su profecía con el pueblo de Dios sufriente», apuntó

Conversión bautismal y camino sinodal

Al hablar de la conversión que Dios pide hoy a la Iglesia, la hermana Rosmery recordó las palabras del papa Francisco al inicio del Camino Sinodal 2021-2024, cuando definió el Bautismo como el único punto de partida de la vida cristiana, manantial de una dignidad común y verdadero “carnet de identidad” de los creyentes.

Desde esta clave, destacó que el Bautismo exige una participación real de todo el pueblo de Dios en la vida eclesial, y una responsabilidad concreta de quienes ejercen ministerios para facilitar esa participación sin exclusiones. Vivir el Bautismo, concluyó, implica asumir el estilo de Jesús, optar por los empobrecidos y trabajar por una Iglesia donde todos y todas tengan lugar, porque la Iglesia es, verdaderamente, para todos.

 

 

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