En el Simposio de Teología India, la lideresa indígena brasileña Hozana Castro de Oliveira Montanhas, cacica del pueblo Puruborá, compartió su testimonio, reflexiones y desafíos desde la vida de su comunidad y su experiencia de fe.
Iglesia que aún tiene desafíos con los pueblos indígenas
El Simposio de Teología India se presenta como un espacio de escucha, diálogo e inculturación, donde los pueblos originarios aportan su sabiduría espiritual y su cosmovisión a la Iglesia. En este contexto, Hozana habló sobre la importancia de estos encuentros como oportunidades de aprendizaje y de fortalecimiento comunitario: “Es muy importante… cuando venimos a este espacio, aprendemos muchas cosas y las llevamos a nuestras comunidades”.
Desde su experiencia como mujer indígena y agente pastoral, Hozana expresó una mirada crítica hacia la relación de la Iglesia con los pueblos originarios, señalando que aún hay mucho por avanzar en inclusión y reconocimiento. Inspirada en el mensaje del Papa Francisco, dijo: “Me gustaría que todas las iglesias miraran como el Papa Francisco decía: ‘nadie suelta la mano de nadie’. Pero eso no ocurre”.
En ese sentido, insistió en la necesidad de una mayor cercanía eclesial: “Me gustaría mucho que eso un día ocurriera, que la Iglesia mire más a los pueblos indígenas”.
La fe radica en el corazón
Como parte de su testimonio, Hozana compartió su lucha en la defensa del territorio y la espiritualidad indígena frente a las dinámicas extractivas. Desde la aldea Aperoi, en el estado de Rondônia, Hozana explicó que la lucha de su pueblo pasa por la demarcación de sus tierras y la preservación de su cultura.
“Queremos que todas las tierras sean demarcadas para que la gente pueda vivir su cultura realmente como pueblo indígena”, señaló. Al mismo tiempo, contrastó la vivencia espiritual de su pueblo con ciertas prácticas externas: “Nosotros tenemos nuestro Dios, tenemos nuestra fe, y no es como en la Iglesia, donde hay que estar bien vestido, bien calzado, siempre bonito por fuera y con el corazón sucio”.
Desde su cosmovisión, la autenticidad de la fe radica en el corazón: “Me gustaría que fuera como nosotros vivimos en la selva y creemos que existe un Padre poderoso, no por su vestimenta, sino por su corazón, que esté abierto para Dios”.
Cuidado de la casa común: un aporte desde los pueblos originarios
Hozana también subrayó el papel fundamental de los pueblos indígenas en el cuidado de la creación, en sintonía con el llamado de la Iglesia a proteger la casa común. “Creo que no existe otra persona que sepa cuidar la Madre Tierra como los pueblos indígenas”, sostuvo.
Explicó que su modo de vida se basa en el respeto y la armonía con la naturaleza: “Vivimos de pequeñas chacras, pero no agredimos a la Madre Tierra, siempre la respetamos, plantamos en el tiempo correcto y cosechamos”.
Lamentó las condiciones actuales de muchas comunidades indígenas desplazadas hacia las ciudades: “Hoy vivimos en las periferias, pasando hambre y necesidad. Si la Madre Tierra hiciera un solo campo para nosotros, con certeza no habría eso”.
El papel de las mujeres en la Iglesia y la teología
La lideresa indígena reflexionó sobre la participación de las mujeres en la Iglesia y en la construcción teológica, resaltando avances, pero también la necesidad de mayor reconocimiento: “Creo que es importante porque ya he visto a varias hermanas indígenas participando en la Iglesia, en la comunidad, con cargos importantes”. Reivindicó la igualdad de capacidades entre hombres y mujeres: “Vivimos de igual a igual con los hombres, no nos quedamos atrás porque somos capaces de hacer también las cosas”. “Las mujeres sabemos cuidar de la casa, cuidar de los hijos, ¿por qué no saber cuidar también de la Iglesia?”, manifestó.
Hozana Castro de Oliveira Montanhas, de 64 años, es cacica de la aldea Aperoi, presidenta de la Asociación Maxajâ y miembro del Consejo de la OPIROMA. Ha participado en diversos espacios eclesiales internacionales, incluido el Sínodo para la Amazonía en 2019, así como encuentros del Celam y procesos de articulación regional.
Su voz, arraigada en la defensa del territorio, la espiritualidad indígena y el protagonismo de las mujeres, se suma al llamado de una Iglesia más inculturada, sinodal y comprometida con la dignidad de los pueblos originarios.
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