En un nuevo espacio de reflexión impulsado por la Red Latinoamericana y Caribeña para la Cultura del Cuidado del Celam, especialistas y agentes pastorales abordaron la importancia de la transparencia y la rendición de cuentas en la prevención de abusos dentro de la Iglesia, resaltando que se trata de un proceso de conversión y no solo de cumplimiento normativo.
El conversatorio virtual, parte del ciclo “Aportes sinodales para una cultura del cuidado”, fue moderado por Raquel Barreto Castro y reunió a referentes como el padre Pedro Brassesco y la abogada Ana Mercedes Arias Pimentel, quienes ofrecieron una reflexión integral sobre este desafío eclesial.
Cambio cultural en la Iglesia
Desde el inicio, se planteó que la transparencia y la rendición de cuentas no pueden reducirse a procedimientos administrativos. El padre Pedro Brassesco explicó que estos procesos están enraizados en el Evangelio y en la tradición de la Iglesia: “Se trata de procesos que deben ir de la mano con el discernimiento en la toma de decisiones y la evaluación de las prácticas”.
A su vez, señaló que implican “una confianza recíproca” entre las autoridades y el pueblo de Dios, especialmente en un contexto donde “la confianza se ha resquebrajado notoriamente” a causa de los abusos.
El sacerdote también recordó que estas prácticas tienen fundamento bíblico, evocando el momento en que el apóstol Pedro “tuvo que dar cuentas a la comunidad” por sus decisiones, evidenciando que la rendición de cuentas no es ajena a la vida cristiana.
Transparencia como actitud evangélica
Por su parte, Ana Mercedes Arias hizo hincapié en que la transparencia es, ante todo, “una actitud de verdad y de apertura”, que se traduce en prácticas como el acceso a información clara, la comunicación oportuna y la participación real de las comunidades.
Explicó que este ejercicio implica tres dimensiones: “informar con claridad, justificar las decisiones y asumir las consecuencias cuando corresponde”, poniendo siempre en el centro a las personas, especialmente a quienes han sido afectadas.
También aclaró que la confidencialidad no se opone a la transparencia, sino que la complementa: “No es decir todo a todos, es saber comunicar lo adecuado a las personas adecuadas en el momento adecuado”.
Romper el silencio para sanar
Ambos ponentes coincidieron en que uno de los mayores desafíos es superar la cultura del secretismo. El padre Brassesco compartió el testimonio de una víctima cuya familia sufrió no solo por el abuso, sino por el encubrimiento: “El dolor… era que sentía que la Iglesia le había ocultado todo esto”.
En ese sentido, advirtió que el secretismo “fomenta el clericalismo” y debilita la confianza, mientras que la transparencia permite reconstruirla.
Arias, por su parte, señaló que “la ausencia de transparencia no solo genera incertidumbre, sino que debilita la confianza y puede profundizar la sensación de desprotección”, recordando que muchas veces el mayor dolor no es el hecho en sí, sino la falta de respuesta institucional.
Mujeres, comunidades y corresponsabilidad
El conversatorio también planteó que la construcción de una cultura del cuidado es tarea de toda la Iglesia. En clave sinodal, se insistió en la corresponsabilidad entre laicos, religiosos y autoridades.
Ante la pregunta sobre el rol de los laicos, el padre Brassesco expresó que deben ejercer su derecho a participar y exigir transparencia: “No tenemos que tener miedo de hablar… de poder expresar lo que sentimos que el Espíritu Santo nos va impulsando”.
Por su parte, Arias señaló la necesidad de construir comunidades donde “no se normalice el silencio” y donde el cuidado sea una responsabilidad compartida.
Más allá de los protocolos
Uno de los puntos más reiterados fue que los protocolos, aunque necesarios, no son suficientes. “No basta con acoger, es necesario actuar, informar y sostener los procesos con claridad”, dijo Arias.
En la misma línea, el padre Brassesco advirtió: “No alcanza con los protocolos… tiene que haber ese proceso de conversión en la búsqueda de la verdad y el respeto a la dignidad de toda persona”.
Ambos manifestaron que la transparencia y la rendición de cuentas son “expresiones concretas de una ética del cuidado” y que solo así se puede construir una Iglesia creíble y segura.
Iniciativas y desafíos en marcha
Durante el encuentro, se compartieron avances de la red impulsada por el Celam, que articula comisiones episcopales, congregaciones religiosas y organismos como Cáritas en la región.
Entre las iniciativas resaltan procesos de formación, elaboración de materiales, acompañamiento a comisiones locales y una campaña continental titulada “El cuidado nos une, cuidar es responsabilidad de todos”, orientada a promover una cultura preventiva.
Asimismo, se anunció la continuidad de estos espacios de reflexión, con un próximo encuentro programado para el 27 de mayo, centrado en la escucha como elemento clave del cuidado.
Caminos necesarios para sanar y restaurar
El conversatorio concluyó con una invitación a seguir reflexionando estos temas en las comunidades locales. “La cultura del cuidado no se construye en lo abstracto, se construye en decisiones concretas”, se aclaró.
Al finalizar, los participantes reiteraron que la transparencia y la rendición de cuentas no son solo exigencias institucionales, sino caminos necesarios para sanar heridas, restaurar la confianza y vivir con coherencia el Evangelio.
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