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¿Existe la voluntad de abandonar los combustibles fósiles? Aportes de la Red de Iglesias y Minería a la Cumbre de Santa Marta

Del 24 al 29 de abril de 2026, la ciudad de Santa Marta, Colombia, se convertirá en el epicentro del debate ambiental global, porque acoge la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles.

Este evento busca establecer compromisos firmes para reducir la dependencia de fuentes energéticas contaminantes. En este escenario, la Red Iglesias y Minería ha presentado una postura crítica y propositiva frente a la crisis climática actual.

La organización llega con el respaldo de comunidades afectadas por el extractivismo en todo el sur global. Su participación busca interpelar a los gobiernos y empresarios sobre la verdadera intención detrás de sus políticas verdes.

El punto central de esta justa plantea si la transición será un cambio sistémico o solo una nueva oportunidad de negocio. Para las organizaciones de fe, la descarbonización no puede ser un proceso puramente financiero o técnico. Se requiere un enfoque de ecología integral que ponga la vida y la justicia socio-climática en el centro.

Más allá de la inversión económica

La Red advierte que centrar el debate únicamente en la inversión económica es una visión limitada del problema. No basta con movilizar el sistema financiero hacia energías solar o eólica si no cambia el consumo. El actual modelo de desarrollo exige un crecimiento infinito que es imposible en un planeta con límites físicos.

Una verdadera transición energética debe cuestionar la matriz de poder que sostiene a los grandes contaminadores del mundo, por ende, se requiere transformar no solo las fuentes de energía, sino todo el modelo productivo y social.

La Red enfatiza que la continuidad de la vida en la Tierra depende de decisiones radicales hoy. Sin embargo, estas medidas pueden convertirse en “falsas soluciones” si mantienen el despojo de las poblaciones locales.

La justicia climática exige que los beneficios de la energía lleguen primero a quienes han sido históricamente excluidos. Para las comunidades indígenas, la relación con la Madre Tierra es espiritual y no meramente una fuente de recursos.

Por ello, proponen estrategias que permitan transitar hacia nuevas formas de vida basadas en la armonía. La transición debe ser un proceso de sanación del vínculo roto entre la humanidad y la naturaleza.

Advirtieron que las renovables solo sirven para alimentar un consumo superfluo, la destrucción ambiental continuará avanzando aceleradamente. Es urgente decidir si el objetivo es salvar el clima o salvar el sistema económico actual.

Red Iglesias y Mineria fue creada en 2013 como un espacio ecuménico de colaboración entre comunidades cristianas, equipos pastorales y congregaciones religiosas

Peligro en la nueva minería verde

El debate en Santa Marta debe incluir aportes desde la ética, la espiritualidad y las reflexiones biocéntricas. La crisis es, en esencia, un problema social y humano que requiere la participación de todos.

La transición hacia una economía “verde» ha desatado una carrera desenfrenada por los llamados minerales críticos. El litio, el grafito y las tierras raras se han vuelto las nuevas joyas de la corona industrial. Esta demanda proyecta un aumento del 900% en la extracción de estos recursos para el año 2030.

Este modelo de «energía limpia» está causando una degradación ambiental sin precedentes en el Sur Global. Se están convirtiendo vastos territorios en zonas de disputa para alimentar vehículos eléctricos en el Norte Global. La Red denuncia que este proceso es una nueva forma de extractivismo neocolonial y depredador.

Las corporaciones promueven estas metas como indispensables, pero las comunidades las consideran completamente inadmisibles e insustentables. El extractivismo de minerales críticos suele ir acompañado de la flexibilización de protecciones socioambientales y legales. Esto genera un aumento de la violencia y amenazas constantes contra los defensores del territorio.

Nuevamente, los pueblos ancestrales y las comunidades campesinas son los elegidos para el sacrificio en nombre del progreso. Las mujeres y los niños en estas zonas mineras sufren las consecuencias más graves de la contaminación. No se puede hablar de sostenibilidad si el costo es la destrucción de vidas humanas y ecosistemas.

La Red señala que la actual escalada armamentista y las guerras incrementan la presión sobre estos minerales. El sistema extractivista sostiene conflictos bélicos que generan ecocidios y genocidios en diversas partes del mundo. La seguridad del Norte Global no puede construirse sobre la inseguridad de los pueblos del Sur.

Es vital identificar a los responsables de promover estas «falsas soluciones» que mercantilizan la naturaleza. Estos proyectos suelen desplazar economías agrícolas sostenibles para dar paso a la minería a gran escala. La transición digital y tecnológica actual depende de una lógica de despojo que la Red rechaza.

La propuesta de las iglesias es transitar hacia un extractivismo indispensable y sensato, no uno depredador. Esto implica potenciar alternativas que confronten la acumulación de riqueza a costa de la destrucción planetaria. Se debe buscar un equilibrio que respete los ciclos de la tierra y la dignidad humana.

Justicia climática y soberanía local

La firma e implementación del Acuerdo de Escazú (2018 ), en Colombia, se presenta como una herramienta urgente para proteger a los defensores. No es posible avanzar en la descarbonización sin el consentimiento previo, libre e informado de las comunidades. La voz de las lideresas indígenas, como Alejandra Quiguantar, es fundamental en este proceso de justicia.

Se requiere un cambio de narrativa que abandone el modelo de desarrollo impuesto por las élites. La Red propone el «Buen Vivir» como una alternativa basada en saberes ancestrales y armonía ecológica. Este enfoque valora la diversidad social y cultural por encima del crecimiento económico ilimitado.

La educación para la conversión ecológica es una de las propuestas más urgentes presentadas en la cumbre. Es necesario formar a las nuevas generaciones en el cuidado de la casa común y la economía solidaria. La espiritualidad y el arte deben ser vistos como derechos esenciales para transmitir estos saberes.

Detener la expansión de la frontera petrolera es una obligación ética que los gobiernos no pueden evadir. Cada nueva exploración de gas o carbón es una contradicción directa con los compromisos climáticos asumidos. La dependencia de los fósiles debe terminar para dar paso a energías descentralizadas y respetuosas.

Las comunidades deben fortalecer su autonomía mediante proyectos de soberanía alimentaria, energética y cultural. Los territorios libres de extractivismo deben ser defendidos como espacios sagrados para la vida de todos. No se puede permitir que biomas estratégicos como la Amazonía se conviertan en monocultivos.

El diálogo con la comunidad científica es fundamental para que las acciones se basen en evidencia real. La ciencia debe servir a las necesidades locales y no solo a los intereses de las grandes corporaciones. Esta alianza entre fe, ciencia y saberes populares es la clave para una transformación justa.

Finalmente, la Red retoma las palabras del Papa Francisco para interpelar a los poderosos del mundo, «¿Para qué sirve un poder que no es capaz de intervenir cuando es urgente y necesario?». La Cumbre de Santa Marta es el momento de mostrar la nobleza de la política y no su vergüenza.

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