ADN Celam

Decálogo de las Iglesias del sur global ante la Conferencia Internacional de Santa Marta por una transición energética

En Santa Marta, Colombia, inició este 24 de abril de 2026 la primera Conferencia Internacional para la eliminación de combustibles fósiles. Este evento reúne a líderes globales de naciones en vías de desarrollo para buscar soluciones legales y socioeconómicas al colapso ambiental.

En este escenario estratégico, convocado por los gobiernos de Colombia y los Países Bajos, los obispos de América Latina, África y Asia presentaron un manifiesto conjunto, que cuenta con el respaldo de los episcopados de Europa y Oceanía en un bloque eclesial unido.

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) y el Movimiento Laudato si’ editaron este documento. El texto se basa en el magisterio del Papa Francisco y en recientes mensajes del Papa León XIV sobre la paz.

ADN Celam presenta los puntos fundamentales de este llamamiento urgente. El manifiesto exige una transición energética justa que proteja la casa común y la dignidad de los pueblos más empobrecidos.

1) Urgencia ante el colapso del sistema climático

Los obispos advierten que el mundo se acerca a un punto de ruptura irreversible. Los datos científicos confirman que el calentamiento global actual no tiene precedentes históricos. Esto compromete la estabilidad de los ecosistemas mundiales.

El manifiesto sostiene que la crisis ambiental es consecuencia directa de patrones de consumo insostenibles. Esta dinámica económica amenaza la paz y la dignidad humana en todo el planeta. Las Iglesias exigen acciones basadas en la responsabilidad.

Las instituciones eclesiales refuerzan que los signos de los tiempos son innegables y trágicos. El sistema terrestre enfrenta desequilibrios energéticos que provocan fenómenos climáticos extremos. La vulnerabilidad social aumenta incluso en los países del Norte Global.

Sobre esta situación, el documento cita textualmente: “Reconocemos, con tristeza y urgencia, que el mundo que nos acoge se está desmoronando y tal vez se acerque a un punto de ruptura”.

2) Identificación de la causa raíz de la crisis

La Iglesia afirma que la quema de carbón, petróleo y gas es el origen del colapso. Estos combustibles representan el 86% de las emisiones de dióxido de carbono. Los obispos señalan que el modelo energético actual es letal.

El texto argumenta que la ciencia es clara sobre la responsabilidad de los hidrocarburos. No se trata solo de un problema técnico, sino de una crisis espiritual. El sistema actual ignora los límites de la naturaleza.

Los prelados subrayaron que el planeta se acerca a umbrales críticos de estabilidad. La dependencia de los fósiles impide una verdadera conversión ecológica. Por ello, consideran necesario señalar directamente a los responsables de las emisiones.

El manifiesto resalta: “La causa principal de este colapso inminente es la quema a gran escala y continua de carbón, petróleo y gas, que representan el 86% de las emisiones”.

3) Necesidad de un Tratado de Combustibles Fósiles

El documento propone un Tratado de Combustibles Fósiles como complemento al Acuerdo de París. Aunque el acuerdo de 2015 es esencial, tiene limitaciones estructurales. No menciona explícitamente la eliminación de la producción de hidrocarburos.

Los obispos indicaron que se requiere una herramienta específica y vinculante. El tratado debe abordar la raíz del problema mediante la no proliferación. Actualmente, los planes gubernamentales prevén duplicar la producción para 2030.

La Santa Sede y los episcopados defienden este marco legal internacional. Consideran que las medidas actuales en materia de emisiones resultan inadecuadas. El tratado proporcionaría el plan claro que la humanidad necesita.

Según el texto: “Consideramos que el Tratado de Combustibles Fósiles (TCF) puede ser la herramienta específica que complemente el Acuerdo de París, abordando la raíz del problema”.

4) Fin de la proliferación y nuevas infraestructuras

Las Iglesias exigen cesar inmediatamente toda nueva exploración de carbón y petróleo. Autorizar infraestructuras adicionales es calificado como una acción poco ética. Esto condena a las sociedades a depender de prácticas energéticas obsoletas.

El manifiesto sostiene que el desarrollo de nuevos proyectos fósiles es inviable. Se requiere gestionar el declive de la producción existente de forma ordenada. Los obispos instan a los gobiernos a detener estas inversiones.

Los líderes eclesiales reforzaron que esta medida es un imperativo moral y político. No se puede proteger la casa común mientras se expande la frontera extractiva. El compromiso forjado en la COP30 exige coherencia.

El manifiesto sentencia: “Autorizar nuevas infraestructuras de combustibles fósiles es poco ético y nos ata a prácticas obsoletas. Se necesita un marco global vinculante para detener los nuevos proyectos”.

5) Equidad en la eliminación gradual de la producción

La eliminación de los hidrocarburos debe ser equitativa y diferenciada. Las naciones deben actuar según su responsabilidad histórica en el calentamiento global. La capacidad económica de cada país debe determinar los plazos.

Los obispos explicaron que este proceso debe priorizar el bien común. El objetivo es proteger los medios de vida de las poblaciones vulnerables. No se puede exigir lo mismo a regiones empobrecidas.

El documento sostiene que los países ricos deben liderar el abandono de fósiles. Su riqueza se construyó sobre la explotación histórica de estos recursos. La justicia climática exige reconocer esta deuda ecológica acumulada.

El manifiesto sostiene: “Eliminar gradualmente y de manera equitativa la producción actual en función de la responsabilidad histórica y de la capacidad de cada nación. Esto debe priorizar el bien común”.

6) Garantía de una transición justa e inclusiva

La transición hacia energías renovables no debe dejar a nadie atrás. Esto incluye la protección de trabajadores de la industria energética actual. El despliegue de tecnologías limpias debe realizarse a gran escala.

Los pastores destacaron la importancia de la protección social para las mujeres. Se requieren oportunidades de reciclaje profesional y empleo en la nueva economía. La planificación debe incluir activamente a las comunidades afectadas.

El texto refuerza que la transición debe ser democrática y participativa. La justicia no se limita a sustituir la matriz energética técnica. Se busca un desarrollo humano integral y equilibrado.

Los obispos afirmaron: “Garantizar una transición justa e inclusiva hacia las energías renovables, sin dejar atrás a ningún trabajador, comunidad ni país. Para ello, es necesario apoyar la diversificación económica”.

7) Rechazo al neoextractivismo y soluciones falsas

Las Iglesias se oponen al llamado capitalismo verde y soluciones engañosas. Denuncian que el marketing verde a menudo perpetúa la explotación humana. La naturaleza no puede ser reducida a un activo financiero.

Los firmantes sostuvieron que no deben crearse nuevas zonas de sacrificio. La extracción de minerales críticos no puede dañar al Sur Global. Los mercados de carbono son cuestionados por no reducir emisiones reales.

El manifiesto defiende la sobriedad feliz frente al paradigma tecnocrático actual. El lucro no puede estar por encima de la dignidad humana. Se requiere un cambio cultural profundo en el consumo.

El texto precisa: “Nos oponemos al ‘capitalismo verde’ y al ‘marketing verde’ que perpetúan la explotación. La transición no puede basarse en la creación de nuevas zonas de sacrificio”.

8) Justicia financiera y condonación de la deuda

El sistema financiero actual es calificado como inmoral por los obispos. Las naciones del Sur pagan más en deuda que en financiamiento climático. Se exige transformar los intereses en inversión para la transición.

Los prelados indicaron que el servicio de la deuda es éticamente insostenible. Los pagos no pueden comprometer los derechos fundamentales de la población. La corresponsabilidad global exige mecanismos de acceso directo al financiamiento.

El documento propone procedimientos simplificados para fondos destinados a la resiliencia. Los recursos deben priorizar a jóvenes, mujeres y pueblos indígenas. La justicia financiera es una urgencia de corresponsabilidad mundial.

Sobre este punto, sostuvieron: “Denunciamos el sistema financiero inmoral que obliga a las naciones del Sur a pagar más en concepto de servicio de la deuda de lo que reciben en financiación climática”.

9) Protección a los defensores de la Tierra

El manifiesto insta a garantizar la seguridad de los líderes locales. Los hombres y mujeres que defienden sus territorios sufren persecución. Su participación en decisiones climáticas debe ser vinculante y real.

Las Iglesias reconocen la soberanía de los pueblos sobre territorios ancestrales. La criminalización de la defensa ambiental debilita la democracia regional. Sin instituciones transparentes no hay justicia climática posible.

Los obispos reforzaron que se debe escuchar a las comunidades afro y tradicionales. El respeto a los derechos humanos es base para cualquier cambio. El lucro no justifica la violencia contra los protectores naturales.

El texto exhorta a los líderes: “Garantizar la seguridad y la participación vinculante de los hombres y mujeres de las comunidades indígenas y locales en la toma de decisiones relacionadas con el clima”.

10) Llamamiento a los gobiernos y líderes mundiales

Los obispos piden a los líderes unirse al Tratado de Combustibles Fósiles. Citan como ejemplos positivos los pasos dados por Vanuatu y Colombia. La cooperación internacional es el único camino hacia una transición ordenada.

El manifiesto indica que el fin de los fósiles debe estar en las metas nacionales. Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) requieren objetivos explícitos. La ciencia y la equidad deben guiar estos compromisos.

La Iglesia se compromete a revisar sus propias prácticas institucionales internas. Esto incluye la desinversión en empresas de combustibles fósiles. Por tanto, los obispos invitan a una coalición histórica entre el Norte y Sur.
El manifiesto concluye: “Instamos a los líderes mundiales a unirse al bloque de naciones que impulsan el Tratado de Combustibles Fósiles. El tiempo apremia, pero la esperanza nos moviliza”.


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