“Inteligencia Artificial y desarrollo humano integral” es el nombre del nuevo estudio que el Grupo de trabajo de Frontera tecnológica del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) ha publicado para “escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio”.
Aquí la cuestión radica en determinar cómo la IA puede contribuir (o estancar) un verdadero desarrollo humano integral y solidario.
En este sentido, conscientes de que la IA “no es tema cerrado”, este grupo transdisciplinario, adscrito a universidades de la región, quiere dar continuidad a los resultados del primer estudio, presentado en 2025, titulado Inteligencia Artificial: Una mirada pastoral desde América Latina y el Caribe.
Guillermo Sandoval, director del Centro de Gestión del Conocimiento, explicó que esta investigación es “fruto de trabajo de meses en los que llevamos compartiendo, dialogando y aprendiendo juntos sobre un tema que nos interpela como Iglesia y como humanidad”.
Una tarea cocreadora
El laico chileno aseguró que el avance científico y tecnológico es parte de “la tarea cocreadora encargada por Dios al ser humano ya en el Génesis”, por ende, será clave hacer el discernimiento adecuado para que “estos avances se usen para el bien común y el progreso de la humanidad”.
Sobre todo prevenir que la tecnología ahonde la brecha entre ricos y pobres en un continente signado por las desigualdades estructurales anacrónicas para lo cual el ser humano debe estar preparado para enfrentarlas “sin temor y sin ingenuidad”.
“La IA tiene un potencial enorme para construir la justicia y la paz. Nuestra tarea es trabajar para que ello ocurra”, sostuvo.
Justo este nuevo documento del Celam es presentado días previos a la nueva encíclica Magnifica Humanitas, por eso “estamos muy contentos y expectantes”, dijo Sandoval.
Por ahora, el Grupo de Trabajo seguirá trabajando con la nueva encíclica como referencia, en especial, sobre aquellos aspectos que afectan el desarrollo humano integral y a los más pobres.
Esperanza y reflexión
Este estudio no es un punto de llegada, sino una invitación a seguir pensando en los desafíos que supondrá la IA en el desarrollo humano integral, por lo que “lo ofrecemos con la esperanza de que sea útil para la reflexión personal, comunitaria, eclesial y social”, explicó Sandoval.
Consta de cinco capítulos. El primero aborda la antropología y sociedad, donde se habla del “paradigma tecnocrático”, es decir, aquel que parece esperarlo todo de la tecnología.
El segundo hace una mirada ética, bioética y social, para recoger aportes de la ética, la bioética, la Doctrina Social de la Iglesia y el enfoque de capacidades. Aquí se ofrecen criterios prácticos que ayuden a orientar la IA al servicio de las personas, evitando miradas reduccionistas que agraven las crisis actuales.
En el capítulo 3, se habla de las prácticas concretas, porque la IA no es solo virtual, tiene una base material que consume recursos naturales, transforma territorios y depende del trabajo de muchas personas que suelen quedar invisibles.
La cuarta parte versa sobre la misión pastoral en América Latina y el Caribe, donde “abordamos la IA como un signo de los tiempos. Proponemos pistas para la formación y compartimos experiencias eclesiales que apuestan por lo que llamamos a la sinodalidad digital”.
El último capítulo, bajo el título Discípulos misioneros llamados a la acción pastoral en tiempos de IA, invita a toda la Iglesia en América Latina y el Caribe a pasar del temor a la acción.
“Convocamos a todos los cristianos a ser protagonistas en la configuración ética de la IA. Caminamos en territorio nuevo, confiados en la Providencia y animados por el Espíritu, para llevar el Evangelio también en la era digital”, añadió.
Testimoniar la dignidad humana
Lizardo Estrada, secretario general del Celam, ha celebrada esta nueva iniciativa. Recordó que la Iglesia propone y defiende el desarrollo humano integral, que alcanza tanto a hombres como a mujeres sin distinción alguna como enseñaba san Paulo VI en Populorum progressio.
Este concepto se amplía y actualiza con el magisterio pontificio de los papas Francisco y León XIV, hasta escuchar junto al grito de los pobres, el grito de la tierra.
Por ello, la tarea de la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe “es ser osados y creativos en la evangelización de este nuevo areópago digital”. Ello demanda que todo el Pueblo de Dios —laicos y laicas, consagrados y consagradas, sacerdotes y obispos— “pasemos a la acción”.
Todos – prosigue monseñor Estrada – como discípulos misioneros, debemos hacer valer nuestra voz, promoviendo el diálogo y la escucha con las personas más sencillas, para avanzar en la configuración ética de la inteligencia artificial.
“Y que su regulación sea en términos de respeto a la dignidad de las personas y evitar que sea instrumento de nuevas exclusiones o que aumente las brechas digitales”, acotó.
Desde el Celam dejan por sentado que la inteligencia artificial puede y debe ser un instrumento para el desarrollo y para el bien. Debe servir también para potenciar la vida digna a partir del mayor testimonio de la humanidad: “el Evangelio de Jesús”.
Para descargar el documento utilice el siguiente enlace: https://bit.ly/49wgTfx
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