En un llamado a “caminar juntos” como esencia de la vida eclesial, Mons. Aurelio Pesoa Ribera OFM, obispos del Vicariato Apostólico del Beni y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, presidió la misa inaugural del Encuentro Regional de países Andinos del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), que se desarrolla del 25 al 28 de mayo en la Casa de Retiros Cardenal Clemente Maurer.
Desde el inicio de su homilía, el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana compartió el sentido espiritual del encuentro: “Nos reunimos bajo el soplo del Espíritu Santo con el corazón encendido por el caminar juntos. No estamos aquí para cumplir una agenda burocrática, sino para inaugurar un tiempo de gracia”.
“Caminar juntos no es una moda, sino la esencia misma de nuestra fe”
En su reflexión, Mons. Pesoa contempló la realidad social y política que atraviesan las naciones de la región andina, señalando que los pueblos cargan “profundas heridas sociales, políticas” y diversos sufrimientos que permanecen en el corazón de las comunidades. Sin embargo, resaltó también “la reserva espiritual de nuestros pueblos”, capaz de sostener la esperanza y la fraternidad.
A la luz de la Palabra de Dios, señaló que la sinodalidad ha sido el gran tema de reflexión en las Iglesias locales durante el último año y recordó que “caminar juntos no es una moda, sino la esencia misma de nuestra fe”.
En ese sentido, evocó las enseñanzas del Papa Francisco, quien definió la sinodalidad como “comunión, participación y misión”. Según explicó, ese camino encuentra su fundamento en la Escritura y en la acción del Espíritu Santo.
“Nos santificamos caminando juntos”
Comentando la primera carta de San Pedro, remarcó el llamado universal a la santidad: “Serán santos porque yo soy santo”. Desde ahí, sostuvo que “la comunión es el antídoto contra la fragmentación, contra toda polarización y el dolor fruto de los conflictos que sufren nuestros pueblos”.
Mons. Pesoa insistió en que la experiencia cristiana no puede vivirse de manera individualista. “La santidad cristiana es esencialmente comunitaria”, dijo, recordando incluso una expresión conocida en los cursillos de cristiandad: “Nos salvamos y nos santificamos caminando juntos, pero en gracia”.
Para la región andina, explicó, el llamado a la comunión no puede quedarse en “un ideal abstracto”, sino que debe traducirse en acciones de solidaridad eclesial: “La comunión nos urge a ejercer redes pastorales solidarias, donde el dolor de una nación sea el dolor de las otras también”. A su vez, resaltó que “la riqueza teológica y cultural de cada país enriquece todo este cuerpo que es nuestra Iglesia latinoamericana”. El obispo recordó además que “no podemos caminar con Cristo si caminamos separados de nuestros hermanos” y aseguró que “la comunión es la base que sostiene todo el edificio de la Iglesia”.
Iglesia que escucha y da protagonismo a todos
Refiriéndose al Evangelio proclamado, Mons. Pesoa señaló que Jesús promete “cien veces más” a quienes dejan todo por seguirlo. Esa promesa, dijo, se hace visible en una Iglesia entendida como “casa y escuela de participación”.
Por ello, exhortó a los participantes del encuentro a dejar de lado todo aquello que se opone a la comunión y a renovar el compromiso de caminar juntos: “La sinodalidad exige una participación activa y real de todos los bautizados”.
Explicó que participar significa “poner nuestros carismas al servicio de los demás” y que la Iglesia sinodal debe caracterizarse por “la escucha mutua y el servicio que transforma nuestras relaciones”.
“No hay vida sinodal sin un impulso misionero”
El obispo insistió en que una Iglesia sinodal en la región debe abrir espacios reales para todos los sectores del Pueblo de Dios: “Una Iglesia sinodal en la región bolivariana debe dar protagonismo a los laicos, a las mujeres, a las comunidades indígenas, a los afrodescendientes y a los jóvenes”. También aclaró que participar “no es meramente asistir”, sino asumir responsabilidades “en las decisiones y en la vida espiritual”.
El presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana recordó que la sinodalidad no puede reducirse a un ejercicio interno o autorreferencial: “La sinodalidad no es un ejercicio para mirarnos a nosotros mismos o encerrarnos en los templos”. Indicó que la comunión y la participación tienen “un norte claro”, que es la misión evangelizadora. Citando nuevamente el Evangelio, recordó las palabras de Jesús dirigidas a quienes “lo dejaron todo por mí y por el Evangelio”.
En esa línea, resaltó que el Espíritu Santo “nos da la suficiente energía para anunciar la buena nueva de Jesucristo” y aseguró que “no hay vida sinodal sin un impulso misionero que nos desacomode”.
“No podemos responder a los desafíos de hoy con los métodos del ayer”
Retomando una de las expresiones más reiteradas del magisterio reciente, sostuvo: “Una Iglesia sinodal es una Iglesia en salida”, llamada a llevar “el consuelo, la justicia y la misericordia de Dios” a un mundo marcado por múltiples sufrimientos. Mons. Pesoa hizo referencia también a los dramas que golpean a los pueblos de la región, especialmente la migración forzada y las diversas crisis sociales que afectan la vida de las personas y cuestionan la conciencia de las comunidades cristianas.
El obispo exhortó a vivir una auténtica conversión pastoral y espiritual. Citando a San Pedro, recordó: “No se amolden a las aspiraciones que tenían antes”. “El camino sinodal nos exige una conversión de mente y corazón”, expresó, insistiendo en que los desafíos actuales requieren nuevas respuestas y nuevas formas de presencia eclesial. “Este encuentro es una invitación a la conversión pastoral”, subrayó. Y agregó: “No podemos responder a los desafíos de hoy con los métodos del ayer”.
La autoridad eclesial deseó que el Encuentro Regional de países Andinos sea “un verdadero cenáculo” donde las Iglesias puedan renovar la comunión, dinamizar la participación de todo el Pueblo de Dios y salir “con audacia y valentía hacia la misión”.
Mons. Aurelio Pesoa concluyó su homilía poniendo el camino regional bajo la protección de la Virgen María: “Que María, Madre de la Iglesia, guíe los pasos de cada uno de nosotros y también los pasos de nuestra Iglesia bolivariana. Dios nos bendiga y Dios siempre nos acompañe. Así sea”.
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