Durante el VIII Simposio de Teología India, que se desarrolla en Riobamba del 20 al 25 de abril, fue presentada la ponencia “Reandando el camino de la Teología India”, a cargo de Luz María Romero, un recorrido histórico-teológico que recoge 29 años de reflexión eclesial desde el primer simposio convocado en 1997.
La exposición sitúa el origen de este proceso en el impulso del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, a través del Secretariado de Pastoral Indígena, en un contexto marcado por la renovación del Concilio Vaticano II y las conferencias episcopales latinoamericanas. Desde entonces, se ha configurado un camino sostenido por múltiples actores eclesiales: “desde la vida, el esfuerzo, la fortaleza y la reflexión teológica de quienes han aportado con su granito de arena, e incluso desde la resistencia de otros”.
El proceso, señaló la ponente, ha buscado “proseguir el camino de profundización de los contenidos doctrinales de la Teología India, para avanzar en su clarificación a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia”, en una dinámica que reconoce tanto a quienes han contribuido históricamente como a quienes hoy sostienen esta reflexión en las Iglesias locales.
Protagonismo indígena
La memoria presentada recorre los siete simposios realizados entre 1997 y 2022, resaltando como eje fundante la inculturación del Evangelio. El primer simposio, celebrado en Bogotá, definió que “la teología es la reflexión sistemática de una fe ya vivida e inculturada”, reconociendo que “la fe se funda y expresa a través de la misma cultura”.
En ese contexto, se afirmó la presencia de las “semillas del Verbo” en las culturas indígenas antes del anuncio explícito del Evangelio, entendidas como “presencia salvífica de Dios”. A su vez, se estableció que la “doble fidelidad a la tradición apostólica y a la comunión eclesial universal, no destruye la vitalidad cultural de ningún pueblo, sino más bien la activa”.
Desde sus inicios, este camino ha impulsado el reconocimiento de los pueblos originarios como sujetos activos de la fe: “pasan de ser meros receptores a ser protagonistas que expresan la catolicidad del Pueblo de Dios desde su sabiduría ancestral”.
El encuentro preparatorio de Oaxaca en 2002 profundizó esta perspectiva al afirmar que la Teología India “no es algo nuevo, ésta ha sobrevivido a los embates de la historia y es el modo como los pueblos originarios explican los misterios antiguos y nuevos de la vida”. Allí también se visibilizó con fuerza la realidad de exclusión: los pueblos indígenas son “los más pobres entre los pobres”, afectados por despojo territorial, migración, explotación y pérdida de identidad.
Clarificación teológica y nuevos desarrollos
El segundo simposio, realizado en Riobamba en 2002, avanzó en la definición de la Teología India cristiana como “un modo de hacer teología”, resaltando que su sujeto es “la comunidad evangelizada que aporta su riqueza original a la vitalidad de la Iglesia universal”. En este espacio se retomó la definición del padre Eleazar López Hernández, quien la describe como “el conjunto de experiencias y conocimientos religiosos mediante los cuales los pueblos indígenas explican, desde hace milenios, su vivencia de fe y los misterios de la vida”.
Entre los aportes metodológicos, se subrayó que esta teología “nace de la fe vivida y celebrada en la comunidad” y se expresa en clave “narrativa y simbólica”, integrando cultura, Biblia y comunión eclesial.
El tercer simposio, en Guatemala en 2006, centró su reflexión en la figura de Cristo, haciendo hincapié en que los pueblos originarios lo reconocen como “la plenitud de las semillas del Verbo” y lo asumen desde su propia cultura como “cercano, solidario, liberador y Buena Noticia para todos”. En este contexto, “Cristo no es una doctrina abstracta, es una experiencia vivida comunitariamente en la liturgia, el arte y en la vida cotidiana”.
Creación, revelación y diálogo intercultural
El cuarto simposio, celebrado en Lima en 2011, ahondó en la teología de la creación, reconociendo la sabiduría ancestral como “un camino legítimo de encuentro con el Dios de la Vida” y proponiendo una metodología basada en la escucha, la reflexión bíblica y el discernimiento pastoral.
Por su parte, el quinto simposio en San Cristóbal de las Casas en 2014 abordó la revelación de Dios, señalando que “la fe no tiene un único modo cultural” y que “ninguna cultura agota el misterio de Cristo”.
En este proceso, la Iglesia reconoce que debe pasar “de actitudes de prohibición o tolerancia hacia una valoración más plena de sus culturas y espiritualidades”.
Trinidad, Espíritu y desafíos contemporáneos
El sexto simposio, en Asunción en 2017, propuso una comprensión de la Trinidad como “comunión viva de amor”, en sintonía con la vida comunitaria de los pueblos originarios. Allí se advirtió que fenómenos como la migración, la globalización y el individualismo amenazan los valores comunitarios.
El séptimo simposio, realizado en Panamá en 2022, destacó la acción del Espíritu Santo como “Dador de Vida”, presente en la historia, la comunidad y la creación, e impulsor de una Iglesia sinodal que “camina junto a los pueblos originarios”.
En este contexto, se remarcó la necesidad de “descolonizar las mentalidades y estructuras” eclesiales.
Ejes de un camino en construcción
A modo de síntesis, la ponencia identifica seis ejes transversales que configuran la Teología India como un proceso vivo. En primer lugar, el diálogo entendido como “una conversión eclesial” que implica “una Iglesia que escucha, desaprende, aprende y reaprende”.
En segundo lugar, la dimensión comunitaria de la teología: “La TI no se construye a solas, es un ejercicio de la comunidad”, donde el Espíritu Santo actúa como principio de vida. Un tercer eje es el compromiso con la creación, que impulsa una “ecología integral que articula territorio, cultura, espiritualidad y justicia”. Asimismo, se resalta la pluriculturalidad como riqueza y desafío, que exige “descolonizar las mentes y estructuras eclesiales” y reconocer los saberes indígenas como fuentes legítimas de reflexión teológica.
Otro elemento es la memoria del martirio, entendida como “una fuente teológica viva que testimonia la presencia de Cristo en las comunidades indígenas”, donde “la sangre derramada se reconoce como semilla de vida, resistencia y resurrección”. También, se subraya el papel de la mujer indígena, cuyo protagonismo aún requiere mayor reconocimiento: “ella es guardiana de la vida, transmisora de la fe y del espíritu, sostén de la cultura y la memoria ancestral”.
Iglesia con rostro y corazón indígena
La reflexión concluye señalando que la Teología India es “una reflexión de, desde y con los pueblos indígenas”, que interpela a toda la Iglesia a una conversión: “siendo más sinodal, encarnada, plural, más comprometida con la vida y más abierta a la acción del Espíritu en la historia”.
En palabras finales, Luz María Romero expresó el deseo de que este simposio contribuya a seguir avanzando en este proceso: “Que estos días sean para nosotros un espacio para escucharle”, en referencia a Dios que “muchas veces y de muchas maneras habló en el pasado… y en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo”.
La ponencia evocó también la herencia pastoral de Leonidas Proaño, como inspiración para continuar este camino eclesial junto a los pueblos originarios, en búsqueda de una Iglesia con “rostro y corazón indígena”.
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