En el contexto del VIII Simposio de Teología India, que se desarrolla en la ciudad de Riobamba del 20 al 25 de abril, el padre Francisco Prim compartió su experiencia pastoral con los pueblos amazónicos del Brasil y reflexionó sobre los desafíos de la inculturación, la descolonización y el camino hacia una Iglesia con rostro indígena.
Con casi 40 años de sacerdocio, el presbítero señaló que uno de los grandes pendientes en la Iglesia es la recepción del Concilio Vaticano II: “He visto en el trabajo pastoral que la recepción del Vaticano II todavía está por hacer, que hace falta conocer mejor lo que dice especialmente el documento sobre la misión”.
Desde esa perspectiva, planteó interrogantes de fondo sobre la evangelización en contextos indígenas: “¿Qué es realmente inculturarse, llevar el evangelio a los pueblos indígenas? De verdad tenemos un reto sobre la descolonización, un reto de conocer y aprender lo que es la inculturación de verdad”. Y añadió: “¿Qué es inculturarse con los pueblos indígenas? ¿Qué es conocer, vivir esta cultura y al mismo tiempo qué es vivir el evangelio dentro de esta cultura?”.
Evangelización que defiende la vida
El padre Prim subrayó que la misión no puede separarse de la defensa de los derechos humanos: “Hacer una evangelización también es luchar por los derechos humanos, por los territorios, por la vida de esta gente que se está muriendo”. En ese sentido, dijo que los pueblos indígenas continúan siendo víctimas de múltiples violencias: “Mueren, son muertos hasta hoy, viven sufriendo, son víctimas por muchas causas sociales, económicas, políticas”.
Frente a esta realidad, insistió en la necesidad de una Iglesia comprometida y cercana: “La clave que nosotros debemos hacer es leer la Biblia, leer los misterios de la Iglesia de la fe cristiana en clave indígena”. Y agregó que este camino implica también una actitud concreta: “No hace falta muchas veces decir o proponer muchas cosas, hace falta estar con ellos, luchar con ellos, estar al lado de ellos”.
Inspirado en el magisterio del Papa Francisco, recordó el llamado a una Iglesia inculturada: “Esto que pedía Francisco con el sueño de una Iglesia con rostro indígena”.
“Es sentir el rostro de Cristo en el rostro del indígena”
El sacerdote brasileño resaltó que este proceso exige una dimensión profética: “Ser una Iglesia profética, no mirar victorias muy rápidas, sino estar con ellos como una señal del evangelio presente vivo en la vida”. En esa línea, describió una Iglesia que “va contra corriente del mundo, porque el mundo es exclusivista, excluye mucho”.
Remarcó que este camino incluye el diálogo amplio: “El macroecumenismo es muy importante, no tener una propuesta hecha desde arriba, sino esperar, oír, escuchar a esta gente para desde ahí vivenciar estos misterios cristianos en medio a los indígenas”.
El horizonte, explicó, es una Iglesia que cuida integralmente la vida: “Es una Iglesia que va a contracorriente para incluir, para cuidar de la vida, para cuidar de la creación, para cuidar del planeta, para cuidar de los pueblos indígenas”, y remarcó: “Es sentir el rostro de Cristo en el rostro del indígena”.
Aprendizajes desde la Amazonía
Al referirse a su experiencia directa en la Amazonía brasileña, el padre Prim definió la misión como una vocación: “La misión con los pueblos es un llamado, la Biblia dice que no se puede morir la profecía, es un llamado profético”. Entre los aprendizajes más significativos, hizo hincapié en el despojo y la cercanía: “Es dejar una Iglesia que nos pone en un sitio que estamos bien, que tenemos todo, para casi no tener nada y tener como la gente lo tiene”. Esta vivencia, explicó, se sostiene en la espiritualidad: “Estar fortalecido con la oración, con la espiritualidad cristiana, como Cristo rezaba todos los días”.
El contacto con las comunidades indígenas le ha permitido redescubrir valores esenciales: “Vemos en la gente lo que es compartir la vida, lo que es escuchar al otro, el silencio, el contacto con la naturaleza, con los ríos, con los árboles”. Y añadió: “Esto de estar con una ligación como si fuera una cosa sola”.
A nivel personal, reconoció que esta experiencia marca su vida: “Es vivir y experimentar, estar listo cada día, me pongo en una felicidad interior, estoy en el camino correcto”. Aunque admite los límites, manifiesta su entrega: “Ya sé que no voy a cambiar casi nada, pero estoy en el camino con esta gente, con estos pueblos sufridos”.
Iglesia con rostro indígena
Sobre las expectativas del simposio, el sacerdote valoró el hecho de que la Iglesia abra espacios de reflexión: “Está bien que la Iglesia se preocupe y empiece a hablar”. Sin embargo, señaló que el desafío conceptual sigue siendo complejo: “Hablar de teología india es como que nos produce algo diferente, es difícil hablar teología india”.
Por ello, propuso una vía complementaria: “Hablar de sabiduría indígena delante de los misterios de la fe, de los sacramentos de la Iglesia, una relectura de los misterios de los dogmas con clave indigenista, esto sería un camino que se puede hacer”.
Padre Prim insistió en que más que definiciones teóricas, el camino pasa por la vivencia: “Más que una Iglesia autóctona con teología autóctona, sería una Iglesia con rostro indígena”. Y concluyó con una imagen pastoral: “Más que una Iglesia que predica los sacramentos, es una Iglesia que vivencia litúrgicamente, pastoralmente, estos sacramentos, ser pan, ser pan vivo con el pan que es Cristo, ser este pan en el día a día de la gente”.
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