El arzobispo metropolitano de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo, agradeció a la Iglesia de Costa Rica su solidaridad con las comunidades afectadas por los terremotos del 24 de junio en Venezuela.
Biord agradeció a la Conferencia Episcopal de Costa Rica el aporte de 302.702,63 dólares destinado a la atención de los damnificados por los terremotos en Caracas y La Guaira. Frente a la magnitud de la emergencia, la Iglesia ha combinado la atención a las necesidades materiales con el acompañamiento espiritual de las familias afectadas.
Una Iglesia acompañando en medio de la tragedia
El arzobispo calificó de “muy fuertes” los terremotos del 24 de junio y destacó la rápida respuesta de la Iglesia, que comenzó desde el primer día a recoger y distribuir alimentos, medicinas y artículos de higiene.
El terremoto no dejó al margen a quienes estaban al frente de la atención pastoral. Varios sacerdotes y diáconos perdieron sus casas y algunos familiares, mientras continuaban acompañando a socorristas y familias y asistiendo a numerosos funerales. Frente a esta situación, la Iglesia creó espacios de apoyo espiritual y psicológico como parte de su programa “cuidado de los cuidadores”.
Los daños alcanzaron también a los templos parroquiales. Cuarenta permanecen cerrados por afectaciones estructurales y 26 de ellos forman parte del patrimonio cultural. Mientras se avanza en la recuperación, las comunidades celebran en calles, patios y canchas deportivas. “Hay que reconstruir vidas antes que edificios”, apuntó Biord.


Solidaridad que se convierte en ayuda concreta
El líder religioso puso de relieve una de las respuestas más significativas surgidas tras la tragedia: la ayuda entre las propias víctimas. “Hemos presenciado grandes testimonios de personas que han perdido hijos, padres, amigos, y desde el primer momento están ayudando a otras personas”, afirmó.
La tragedia no solo se mide en viviendas destruidas. Muchas personas conservaron sus casas, pero perdieron sus empleos debido a la afectación del puerto, el aeropuerto y el turismo en La Guaira. Biord advirtió que esta situación está generando hambre y requiere nuevas iniciativas de emprendimiento y fuentes de trabajo.
La carta también destaca a la religiosa costarricense Isabel Brenes, de las Oblatas, misionera en Venezuela y responsable de la parroquia Santa Rita de Casia. Allí, una comunidad de hermanas sostiene la animación pastoral ante la ausencia de sacerdote. “Los edificios están heridos, pero la misión continúa […]”, escribió Biord.
Finalmente, agradeció la solidaridad recibida y destacó que la Iglesia costarricense se hizo presente como “buenos samaritanos” para acompañar a quienes más lo necesitan. Pese a la emergencia, reafirmó el compromiso de continuar anunciando el Evangelio como “buena noticia de resurrección”.
2026-08-21 Carta a la Conferencia Episcopal de Costa Rica.pdf
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