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Colombia: La esperanza se abre paso entre los escombros de Pereira

Monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez invita a toda Colombia a participar este domingo 16 de agosto en una Jornada de Oración por las víctimas del terremoto y por las comunidades afectadas. Mientras continúan las labores de rescate, la Iglesia de Pereira acompaña a las familias, organiza ayuda humanitaria y comienza a pensar en la reconstrucción.
13 de agosto de 2026 por
Colombia: La esperanza se abre paso entre los escombros de Pereira
Micaela Alejandra Díaz Miranda
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Pereira, una de las ciudades más afectadas por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia el pasado 10 de agosto, enfrenta ahora una doble tarea: atender la emergencia y comenzar a reconstruir una ciudad golpeada. En medio de este escenario, la Iglesia local busca permanecer junto a quienes han perdido sus viviendas, familiares y espacios comunitarios.

En una entrevista concedida a Vatican News, monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, describió la magnitud de los daños en la diócesis y llamó a no perder la esperanza: “La naturaleza ha mostrado todo su poder, pero bueno, el Señor ha sido grande con nosotros y aquí estamos acompañando a la comunidad y también preparándonos para la reconstrucción de todo esto”.

Iglesia también golpeada

La diócesis de Pereira ha sufrido importantes daños en sus estructuras. Según explicó el obispo, 12 parroquias presentan afectaciones muy graves, algunas de ellas con la posibilidad de tener que ser demolidas. También resultaron seriamente afectados la Curia diocesana, que actualmente presenta riesgo de colapso, el Seminario Mayor y el Banco de Alimentos. A estas estructuras se suman alrededor de 60 parroquias con averías graves, una situación que compromete buena parte de la infraestructura eclesial de la diócesis.

La destrucción también alcanza distintos sectores de la ciudad. Cardona Ramírez mencionó particularmente el centro de Pereira, el sector del parque de la iglesia de La Valvanera y La Lorena, donde se produjeron colapsos de edificios.

“Empieza el proceso de todo aquello que será demolido, que aunque permaneció en pie no puede ser habitable”, explicó. Para el obispo, este será uno de los grandes desafíos una vez concluya la primera etapa de emergencia y rescate.

“No nos vamos a ir”: una Iglesia presente en las calles

Ante el riesgo de utilizar los templos afectados, los sacerdotes han trasladado su presencia pastoral a otros espacios. Se han celebrado momentos de oración y celebraciones en parques y lugares donde permanecen concentradas las personas, además de acompañar a quienes fueron trasladados a clínicas improvisadas en coliseos y centros deportivos.

Los sacerdotes han estado celebrando en los parques, o han ido a los lugares también donde hay personas concentradas”, relató el obispo. La presencia pastoral, sin embargo, se desarrolla con prudencia, evitando aglomeraciones que puedan poner en riesgo a la población mientras continúan las labores de rescate.

También la Pastoral Social ha debido reorganizar su respuesta. El Banco de Alimentos de la diócesis quedó destruido tras el colapso de su sede, ubicada en la parroquia San Marcos, en la ciudad vecina de Dosquebradas. Ante esta situación, la Iglesia comenzó a movilizar donaciones para responder al desabastecimiento que empieza a presentarse en algunos sectores. La ayuda se articula además con Cáritas y con la respuesta gubernamental, que ya comenzó a recibir apoyo internacional.

Agua, alimentos y un lugar para pasar la noche

En esta primera etapa de la emergencia, las necesidades más urgentes son elementos básicos para quienes no pueden regresar a sus viviendas: colchones, frazadas, tiendas de campaña, agua y alimentos no perecederos.

Muchos no podrán entrar a sus casas”, explicó monseñor Cardona. Algunas personas incluso han asumido riesgos para recuperar pertenencias de sus apartamentos, aunque las estructuras continúan representando un peligro.

La segunda etapa será mucho más compleja: la reconstrucción de viviendas, espacios comunitarios y también de las estructuras de la Iglesia. “Dios proveerá para esta segunda fase de reconstruir la ciudad y con ella reconstruir también nuestras iglesias”, señaló.

El obispo también perdió su vivienda

La cercanía del obispo con las víctimas no es solamente pastoral. Monseñor Cardona Ramírez contó que, al igual que muchos habitantes de Pereira, tuvo que abandonar el lugar donde vivía porque también resultó completamente averiado.

Durante la primera mañana después del terremoto permaneció junto a sacerdotes y habitantes en el parque Bolívar, convertido temporalmente en un lugar seguro. Allí acompañaron a personas enfermas y ayudaron a tranquilizar a quienes se encontraban atemorizados. “Estuvimos con ellos también consolando, tranquilizando, serenando a muchas personas”, compartió.

Durante los días posteriores recorrió las calles de Pereira, visitó a las comunidades y acompañó a sacerdotes cuyas parroquias también resultaron destruidas. “Que estamos allí, que no nos vamos a ir, que estamos con ellos, que nos quedamos con ellos, que somos parte de ellos”, expresó al describir el mensaje que la Iglesia quiere transmitir a las comunidades afectadas.

La resiliencia como fuerza para levantarse

En medio de la destrucción, el obispo puso el acento en una característica que, a su juicio, distingue a la población de esta región: su resiliencia y su capacidad de mantener la esperanza aun en medio del dolor.

Esta es una tierra de personas muy resilientes, de personas muy llenas de esperanza cristiana y por eso creemos que saldremos adelante con la ayuda de Dios y con la pujanza de esta gente de Risaralda”, dijo.

Para Mons. Cardona Ramírez, esa fortaleza será fundamental no solamente para levantar nuevamente las estructuras físicas, sino también para afrontar las heridas que deja una tragedia de estas dimensiones.

Jornada de oración por Colombia

En este contexto, el obispo invitó a participar el domingo 16 de agosto en una Jornada de Oración por Colombia y por las víctimas del terremoto, promovida por la Conferencia
Episcopal de Colombia.

La convocatoria tiene el objetivo de unir a las comunidades católicas de todo el país en oración por quienes sufren las consecuencias del desastre, no solamente en el Eje Cafetero, sino también en regiones como el Valle del Cauca y Chocó.

Se ha invitado para que todos nos hagamos primero conscientes de la necesidad de tantos hermanos”, explicó. La jornada pretende recordar que la emergencia no se limita a una sola ciudad: “En todos los rincones de Colombia en este momento puede haber una persona sufriendo y por ellos y con ellos nos unimos para que nadie se sienta solo”.

La Conferencia Episcopal también coordina la respuesta solidaria a través de Cáritas Nacional, articulando una primera etapa centrada en la oración y posteriormente las ayudas materiales necesarias para la recuperación.

“Mantener la fe y la esperanza”

Al finalizar la entrevista, monseñor Cardona Ramírez dirigió un mensaje a su diócesis y a todos los colombianos afectados por el terremoto. Recordó que Pereira ya ha enfrentado otros momentos difíciles provocados por fenómenos sísmicos y que la experiencia de esas tragedias también ha dejado una certeza: la comunidad puede levantarse cuando permanece unida.

“La gente sabe que Dios no nos deja solos y que la solidaridad de Colombia y del mundo tampoco nos deja solos”, sostuvo.

Invitó a no ceder ante la desesperanza: “Los invito a mantener la fe y la esperanza. Eso es lo que ha hecho grande a este pueblo, a esta Iglesia de Pereira y seguirá siendo nuestra característica principal”.

Y concluyó con una invitación que resume el desafío de los próximos días: “No nos desesperamos, estamos llenos de fuerza, de fortaleza del Señor”, porque esa fortaleza, dijo, será “definitiva para la reconstrucción de nuestro pueblo y para sanar las heridas espirituales, psíquicas que todo esto puede ir dejando”.

Foto de portada: El Observador

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