Todo está listo para que el estadio azteca se convierta por tercera vez en el escenario de un mundial de fútbol. Las selecciones de México y Sudáfrica debutarán en el partido de inauguración, la Iglesia observa con atención el momento y extiende su mensaje.
"Que este acontecimiento mundial inspire en todos, actitudes de amistad, reconciliación y esperanza, y nos ayude a construir relaciones más humanas y fraternas, dentro y fuera de las canchas", afirmaron en el documento.

Una sola familia
Para los obispos mexicanos más allá de la competencia deportiva, "este encuentro internacional nos invita a reconocer que formamos una sola familia humana desde nuestra diversidad".
Sin desconocer los dolores del mundo y su realidad interna, caracterizada por las tensiones, los conflictos, las heridas de la violencia, las desapariciones, corrupción e injusticias los obispos advierten que "el deporte no debe ser un distractor de estos dolores, sino una oportunidad privilegiada para poner nuestras diferencias al servicio de la justicia, de la verdad y la paz".

Un espacio de encuentro
Si bien en México persisten las rivalidades que logran ensombrecer la convivencia pacífica en los ámbitos políticos, económicos, ideológicos, sociales e incluso en la lucha por la vida; los prelados confían desde la fe en que "estas rivalidades vacías, se conviertan en espacios de diálogo y encuentro, en lugar de odio y exclusión; en caminos de paz y no de violencia", por lo que insisten en que "esto exige abrirnos a la riqueza del hermano y tratarnos con dignidad".
Desde la óptica de los obispos, las 48 selecciones que competirán en el mundial mostrarán que "la rivalidad puede ser una oportunidad de crecimiento y la competencia, un espacio de encuentro y respeto mutuo".
En este sentido citan al Papa León XIV cuando aboga por que "el deporte sea siempre una escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía, un espacio de encuentro y no de exclusión, un camino de paz y no de violencia".
Una exhortación con la cual el Pontífice nos ayuda a poner en perspectiva el sentido de la competencia que se vivirá durante la Copa Mundial de Fútbol que se iniciará este 11 de junio.

Fiesta que conecta generaciones
México y el estadio azteca tienen una importante tradición como sede de la copa mundo. En 1970 fue el primer mundial que se transmitió a color. Brasil se coronó campeón bajo la preparación de Mario Zagalo y el liderazgo del rey Pelé.
Pasaron dieciséis años y el 29 de junio de 1986 en este mismo lugar, el triunfo fue para la selección Argentina, la albiceleste se coronó campeona al derrotar a Alemania 3 por 2, goles de José Luis Brown, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga. El recordado Diego Armando Maradona era el capitán y Carlos Bilardo, el director técnico.
La historia del Mundial de Fútbol 2026 está por escribirse y la esperanza de la Iglesia mexicana es que los 104 partidos que se disputarán a lo largo del torneo no sean un distractor, sino una oportunidad para vivir la unión, fraternidad y alegría que distinguen al deporte y la sana competencia.
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