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Encuentro Regional del Caribe: monseñor Gordon llama a transformar la sociedad desde el kerigma

10 de junio de 2026 por
Encuentro Regional del Caribe: monseñor Gordon llama a transformar la sociedad desde el kerigma
Luz Marina Medina Garavito
Del 8 al 11 de junio, Trinidad y Tobago acoge el Encuentro Regional del Caribe convocado por el Celam, espacio en el que monseñor Charles Jason Gordon, arzobispo de Puerto España y presidente de la Conferencia Episcopal de las Antillas, presentó una reflexión teológico-pastoral en perspectiva de sinodalidad.

Al evocar el itinerario vivido por los obispos de las Antillas, monseñor Gordon señaló que los encuentros mensuales realizados de manera virtual han representado “una verdadera gracia”. Afirmó que esta práctica ha contribuido a fortalecer “la calidad del diálogo, la honestidad, las relaciones y los lazos” entre los pastores, favoreciendo un discernimiento compartido sobre la realidad caribeña y sobre “qué podemos hacer nosotros como Iglesia para realmente abordar lo que está ocurriendo”.

En su exposición, el prelado mencionó que el itinerario de escucha y discernimiento vivido por los obispos los condujo nuevamente a la propuesta de Aparecida y al horizonte de los discípulos misioneros. Asimismo, rememoró una conversación sostenida en Roma con el cardenal Víctor Manuel Fernández, cuya pregunta sobre el kerigma abrió una reflexión más profunda sobre la esencia del anuncio cristiano.

El kerigma como fuente de transformación

Fruto del discernimiento realizado, los pastores de las Antillas llegaron a una convicción que monseñor Gordon consideró “muy hermosa y sorprendente”: “Proclamado y vivido en su sencillez, claridad y poder, el kerigma forma discípulos que construyen relaciones sanas y transforman la sociedad humana”.

Monseñor Gordon agregó que esta convicción busca responder a una pregunta de fondo sobre la misión de la Iglesia en el mundo actual: “¿Cuál es el papel de la Iglesia en estas sociedades en las que vivimos y cómo aporta algo distinto que genere transformación?”.

El prelado, dejó notar que el kerigma no es solo una gracia recibida al inicio de la vida cristiana, sino una realidad que se profundiza con el tiempo. “Es una gracia que aumenta y aumenta a medida que seguimos con esa transición”, precisó. De igual modo, destacó que el anuncio del Evangelio tiene la capacidad de “transformar nuestra manera de vivir”, incluso en medio de las heridas y desigualdades que atraviesan las sociedades del Caribe.

“La sinodalidad es la forma comunitaria del kerigma”

Al profundizar en la dimensión sinodal de la Iglesia, monseñor Gordon sostuvo que el kerigma y la sinodalidad no pueden entenderse por separado. “La sinodalidad y el kerigma son una misma dinámica; no son dos cosas separadas, sino un único movimiento desde los inicios de la Iglesia”, apuntó.

En esa misma línea, subrayó que “el kerigma nunca se recibe en solitario”, ya que está llamado a dar frutos de comunión. De  ahí que afirmara que “la sinodalidad es la forma comunitaria del kerigma”, una dinámica que permite custodiar la sencillez, la claridad y la fuerza transformadora del anuncio cristiano.

Al recordar el Concilio de Jerusalén relatado en los Hechos de los Apóstoles, el líder religioso remarcó que desde los orígenes de la Iglesia el discernimiento comunitario ha estado al servicio del anuncio del Evangelio. “La misión no se decide desde arriba y se anuncia hacia abajo, sino que surge de la comunidad reunida en oración”, aseveró.

Cinco años de escucha y una misión para el Caribe

Al hacer balance del itinerario sinodal vivido durante los últimos cinco años en la región, monseñor Gordon admitió que no siempre fue un camino fácil. “Hemos escuchado lo que no queríamos escuchar”, reconoció. Sin embargo, destacó que esa experiencia les permitió comprender que “el pueblo del Señor ama a su Iglesia”.

De igual modo, mencionó que los discípulos misioneros están llamados a forjar “relaciones sanas” y a formar “comunidades de verdad”, desde las cuales sea posible responder a desafíos como la pobreza y acompañar a las nuevas generaciones en un ambiente eclesial más saludable.

A modo de conclusión, el arzobispo de Puerto España dijo que las heridas que afectan a las sociedades caribeñas demandan algo más que respuestas estructurales. “La herida es muy profunda. Requiere la conversión de corazones”, señaló. De ahí que animara a permitir que el kerigma “descienda cada vez de forma más profunda al corazón de los individuos, de las comunidades y de la Iglesia”, convencido de que la transformación social pasa, en primer lugar, por una renovación interior.


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