El Ciclo Espiritualidad Sinodal cuenta con un nuevo recurso para acompañar la reflexión sobre la manera de vivir y hacer camino como Iglesia. Se trata del segundo subsidio, titulado “Espiritualidad sinodal: alma del caminar eclesial”, elaborado por el Equipo Continental de Recepción del Sínodo y publicado en agosto de 2026.
El material propone mirar la sinodalidad desde una dimensión que resulta esencial para hacerla vida: la espiritualidad. La reflexión plantea que caminar juntos no depende únicamente de métodos, procesos o estructuras, pues requiere una disposición interior capaz de abrirse a Dios, a los demás y a la misión.
La hermana Daniela Cannavina, integrante del Equipo Continental de Recepción del Sínodo, es la compiladora de los textos que conforman el subsidio y desarrolla la reflexión que articula el material. Religiosa Capuchina de Madre Rubatto, es profesora en Ciencias Religiosas, bachiller, licenciada y doctora en Teología. También forma parte del Equipo de Teólogos y Teólogas de la Confederación Latinoamericana de Religiosos.
La espiritualidad, una condición para caminar juntos
“La sinodalidad no puede comprenderse ni vivirse sin una espiritualidad que la anime y la fecunde desde dentro”, señala el subsidio. Desde esta mirada, cultivar una espiritualidad sinodal permite que el camino compartido genere vida y se exprese en relaciones reconciliadas, escucha recíproca y una misión asumida de manera comunitaria.
Esta propuesta lleva también a recuperar la dimensión comunitaria de la fe. El material cuestiona una experiencia cristiana demasiado centrada en el singular: mi fe, mi vocación, mi discernimiento, y propone redescubrir la fuerza del “nosotros” como una de las conversiones que plantea la sinodalidad.
En este sentido, seguir a Jesús nunca es presentado como un camino individual. La fe reúne, configura y envía a las personas junto con otras. De ahí que el subsidio recuerde que toda vocación es también convocación: una llamada personal que incorpora a cada creyente a un pueblo y lo invita a caminar junto a otros.
Cinco desplazamientos interiores
El subsidio presenta como aporte cinco desplazamientos interiores que pueden ayudar a comprender las transformaciones que requiere una espiritualidad sinodal. El primero propone pasar del ideal de armonía entendida como uniformidad a la capacidad de habitar el conflicto y reconocer las tensiones como espacios donde también puede actuar el Espíritu. El segundo invita a pasar de una participación formal a una implicación existencial, en la que participar significa dejarse afectar y permitir que el propio proceso transforme a quienes forman parte de él.
El tercer movimiento recupera el silencio como un espacio espiritual necesario, donde la palabra puede decantarse y abrir paso a una escucha más profunda. El cuarto plantea aprender a aceptar la ambigüedad y los procesos todavía inacabados, mientras que el quinto propone pasar de la autorreferencialidad a la interdependencia, reconociendo que la Iglesia se comprende también en diálogo con la historia, las culturas y los clamores del mundo.
Estos desplazamientos, señala el texto, solo son posibles cuando las personas aprenden a dejarse conducir por el Espíritu en medio de las fracturas sociales, culturales, religiosas y personales que atraviesan la realidad. El Espíritu no promueve relaciones basadas en la dominación o la competencia, plantea vínculos de libertad que permiten reconocer y abrazar las diferencias.
Escuchar como una forma de amar
La escucha ocupa un lugar principal en la propuesta. El subsidio plantea que, en una espiritualidad sinodal, escuchar no es simplemente una técnica ni una herramienta para facilitar procesos participativos. Se convierte en una manera de relacionarse con los demás y de acoger sus vidas.
“Escuchar ya no es solo atender lo que el otro dice, sino acoger su vida, reconocer su dignidad y abrirse a la posibilidad de que Dios se nos regale a través de su palabra”, afirma el documento. Esta actitud incluye escuchar la Palabra de Dios, pero también el clamor de la humanidad, el gemido de la creación y las voces de quienes viven en las periferias de la historia. El ejercicio de esta escucha puede transformar la manera de vivir la fe. La reflexión señala que hace crecer en humildad, paciencia, libertad y disponibilidad, al reconocer que nadie posee toda la verdad y que el Espíritu también puede manifestarse a través de la experiencia, la intuición y la palabra de otras personas.
La diversidad aparece, en este contexto, como una riqueza para la vida eclesial. Carismas, ministerios, culturas, generaciones y sensibilidades diferentes pueden dejar de percibirse como amenazas para ser reconocidos como aportes que el Espíritu entreteje para el bien común. “La comunión no nace de la uniformidad ni de pensar todos lo mismo”, sostiene el subsidio, nace de dejarse reunir por un mismo Espíritu, capaz de armonizar las diferencias sin borrar la singularidad de cada persona.
Espiritualidad que desinstala
El material también presenta la sinodalidad como un proceso que invita a revisar seguridades y formas establecidas de vivir la fe. El camino no está completamente trazado de antemano, plantea la reflexión, pues se va revelando mientras las comunidades aprenden a confiar en la acción del Espíritu.
El subsidio recupera el aporte de Rafael Luciani y Serena Noceti, quienes describen la espiritualidad sinodal como un ejercicio de “desplazamiento”: salir de los propios supuestos y hábitos para acoger la mirada del otro, abrirse a otros lugares y descubrir nuevas posibilidades.
Este desplazamiento es presentado como una verdadera conversión espiritual. No supone abandonar la propia identidad, sino permitir que el Espíritu ensanche el corazón y ayude a mirar la realidad con ojos nuevos, reconociendo que Dios también puede sorprender en experiencias y caminos que no estaban previstos. La reflexión lleva finalmente esta propuesta hasta Jesús y su manera de habitar el mundo. Desde allí, presenta la espiritualidad sinodal como una participación en el mismo Espíritu de Jesús, que cuestiona las lógicas de poder, protagonismo y dominio y conduce hacia una evangelización de servicio humilde, cercanía y entrega.
Recurso para seguir haciendo camino
El subsidio concluye presentando la espiritualidad sinodal como una “mística de la comunión”, nacida del encuentro con Jesús y alimentada por la escucha del Espíritu. Allí donde las personas se escuchan, se dejan transformar mutuamente y buscan juntas la voluntad de Dios, la Iglesia puede reconocerse como un pueblo que camina unido y enviado al mundo.
Con este segundo material, el Ciclo Espiritualidad Sinodal pone a disposición una herramienta para la reflexión personal, comunitaria y formativa. Sus páginas invitan a mirar la sinodalidad más allá de sus dimensiones organizativas y a reconocer las actitudes y conversiones interiores que permiten hacerla realidad.
“Espiritualidad sinodal: alma del caminar eclesial” ya puede descargarse y constituye una invitación a detenerse, escuchar y dejarse transformar por el Espíritu.
El segundo subsidio está disponible en el sitio del proceso sinodal del Celam
aquí: https://repositorio.celam.org/files/original/3613/Espiritualidad_Sinodal.pdf
También pueden visitar la web https://sinodo.celam.org/ donde encontrarán materiales, cursos y más información sobre el proceso sinodal en América Latina y el Caribe
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