Niños, niñas y adolescentes migrantes estuvieron en el centro del llamado de la Iglesia durante el Encuentro Binacional de Pastoral de Movilidad Humana, celebrado este 17 de septiembre en la frontera entre Costa Rica y Panamá, en el marco de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2026.
Personas migrantes, organizaciones que acompañan sus procesos y representantes de la pastoral de movilidad humana de Costa Rica y Panamá participaron en el encuentro. La jornada contó además con la presencia de monseñor Juan Miguel Castro, obispo de San Isidro; monseñor Daniel Francisco Blanco Méndez, obispo Auxiliar de San José y presidente de la Comisión Nacional de Movilidad Humana; y monseñor Luis Enrique Saldaña, obispo de David, Panamá.
Con el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, propuesto por el Papa León XIV, la jornada unió oración, un gesto simbólico en la frontera y la celebración de la Eucaristía en territorio panameño.


Una frontera que no debe dividir la fraternidad
En su mensaje, monseñor Juan Miguel Castro subrayó que las fronteras nacionales no pueden limitar la fraternidad ni el reconocimiento de la dignidad de las personas migrantes. “En una frontera, donde los Estados establecen sus límites, los cristianos estamos llamados a recordar que la fraternidad no tiene fronteras”, afirmó.
El obispo de San Isidro invitó a mirar a las personas migrantes desde su dignidad y no desde su condición migratoria. “Antes que extranjero, migrante o refugiado, quien llega hasta nosotros es una persona, un hermano, una hermana, un hijo o una hija de Dios”, dijo.
El prelado pidió que la hospitalidad no se quede en palabras, sino que se traduzca en gestos concretos de acogida y acompañamiento. “La hospitalidad comienza con gestos sencillos: mirar sin prejuicios, escuchar con respeto, ofrecer orientación, compartir el alimento, proteger a quien está en peligro y acompañar a quien se encuentra solo”.
“La hospitalidad también exige rechazar la xenofobia, la indiferencia y toda forma de explotación. No basta con sentir compasión; como el buen samaritano, estamos llamados a ver, acercarnos y cuidar”, puntualizó.


Los menores, prioridad de la acción pastoral
Por otra parte, en su intervención monseñor Daniel Francisco Blanco Méndez situó la acogida en el centro de la respuesta cristiana ante la migración, a partir del lema del encuentro: “El que acoge a uno de estos, conmigo lo hace”.
Frente a una realidad que suele expresarse en cifras, monseñor Blanco Méndez llamó a no perder de vista los rostros y las historias de los menores migrantes. “Cada uno tiene un rostro, una historia, una familia, temores y esperanzas”, aseveró.
“Recibir a una persona migrante, proteger a un niño, reunir a una familia o acompañar a quien ha quedado solo no constituye únicamente una obra humanitaria: es un acto de fe y un encuentro con el mismo Cristo”, sostuvo.
Blanco Méndez llamó a convertir la hospitalidad en una práctica permanente de las comunidades cristianas, más allá de iniciativas de grupos o instituciones especializadas. “El Santo Padre nos pide transformar la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante”, afirmó.


Protección, familia y dignidad en el camino migratorio
Ante los riesgos que enfrentan los menores migrantes, el obispo llamó a garantizar condiciones que protejan su vida, sus derechos y sus vínculos familiares. “Debemos evitar que sean separados de sus familias; garantizarles protección, educación y oportunidades; y prevenir toda forma de violencia, trata, explotación, discriminación y rechazo”, expresó.
El líder religioso advirtió que ningún mecanismo de control fronterizo puede anteponerse a la dignidad humana. “La gestión de las fronteras nunca puede estar por encima del valor sagrado de la persona humana”, aseguró.
El encuentro de las imágenes de la Virgen de los Ángeles y Santa María la Antigua, patronas de Costa Rica y Panamá, respectivamente, se convirtió en un signo de fraternidad entre ambos pueblos. Para Blanco Méndez, “las fronteras pueden señalar los límites entre las naciones, pero nunca deben convertirse en límites para la fraternidad, la compasión y la dignidad humana”.
El obispo de San Isidro llamó a no subestimar el valor de las acciones cotidianas de acogida y acompañamiento. “Cada gesto de acogida, aunque parezca pequeño, puede devolver la esperanza y salvar una vida”, afirmó.
El encuentro congregó a sacerdotes diocesanos y religiosos Scalabrinianos, Vicentinos, Claretianos, Franciscanos y Agustinos, junto con personas migrantes y organizaciones de acompañamiento en ambos lados de la frontera.
Encuentro Binacional-Mons-Daniel-Costa-Rica.pdf
Mensaje de Mons. Juan Miguel Castro.pdf
Encuentro Binacional-Mons-Daniel-Costa-Rica.pdf
Mensaje de Mons. Juan Miguel Castro.pdf
Fotos: padre Eric Fernández
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