Las Obras Misionales Pontificias (OMP) de América realizaron un nuevo encuentro virtual del proyecto de visibilización de la misión ad gentes, una iniciativa nacida del discernimiento realizado durante el VI Congreso Americano Misionero (CAM6), celebrado en Puerto Rico en 2024, y que tiene el propósito de fortalecer el espíritu misionero del continente de cara al CAM7, previsto para realizarse en Brasil.
El proyecto responde al deseo expresado durante el congreso de hacer visibles los numerosos testimonios de hombres y mujeres que anuncian el Evangelio en distintos rincones del mundo y que, pese a la riqueza de su servicio, muchas veces permanecen desconocidos.
“Como fruto del Sexto Congreso Americano Misionero se habló sobre la importancia de visibilizar tantos y tantos testimonios que están aconteciendo, llenos de vida, llenos de alegría, el mismo Evangelio y que muchas veces desconocemos”, recordó Ángel Reyes, integrante de las OMP de Puerto Rico.
Misionera boliviana en tierras africanas
La tercera edición de este itinerario testimonial estuvo a cargo de OMP Bolivia, que presentó la experiencia de la hermana Teodora, miembro de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, congregación fundada por Santa Nazaria Ignacia y nacida en suelo boliviano.
Desde el inicio de su intervención, la religiosa agradeció la oportunidad de compartir una experiencia que considera expresión viva de la Iglesia misionera: “Agradezco a las Obras Misionales Pontificias de América por esta iniciativa de visibilizar la misión ad gentes con testimonios vivos de la Iglesia misionera a través de sus misioneros en el mundo”.
La hermana señaló que espacios como este permiten que las comunidades cristianas conozcan la realidad de la misión más allá de sus fronteras y descubran cómo el Evangelio sigue dando frutos en distintas culturas y lenguas. “Doy gracias al Señor porque de esta manera se va conociendo el Evangelio en todo el mundo y en todos los idiomas. Desde cada rincón de los países el Señor sigue presente en su pueblo”. Sus palabras reflejaron la convicción que ha sostenido su servicio misionero en Camerún, país de África Central donde compartió la vida cotidiana de comunidades marcadas por una gran diversidad cultural, lingüística y religiosa.
Misión entregada a los más vulnerables
Durante su testimonio, la hermana Teodora compartió el camino que la condujo desde Bolivia hasta Camerún. Recordó que en 1995 respondió al llamado de su congregación para la misión en África y, tras un proceso de discernimiento de nueve meses, fue enviada a prepararse en España y Francia antes de llegar a territorio camerunés en 1997. “Estaba llena de ilusión por descubrir otro mundo, era como volver a nacer”, recordó al evocar sus primeros pasos en una realidad cultural completamente distinta.
La religiosa describió Camerún como un país de enorme riqueza cultural y humana, conocido como “África en miniatura” por la diversidad de sus paisajes y pueblos, pero también marcado por profundas dificultades sociales. Entre ellas mencionó la pobreza, la corrupción, los conflictos armados en regiones anglófonas y la presencia de grupos extremistas que afectan la vida de numerosas comunidades.
“La Iglesia de Camerún, aunque vibrante y con abundantes vocaciones, enfrenta desafíos críticos como el sincretismo religioso, la violencia extremista y el conflicto separatista”, explicó.
Primeros pasos de la misión en Camerún
A lo largo de 27 años de misión, la hermana desempeñó diversas responsabilidades en el ámbito de la salud, la educación y la pastoral. En un primer momento fue enviada a una pequeña localidad para administrar un centro de salud, acompañar la pastoral juvenil y colaborar en la catequesis parroquial.
Posteriormente, en la ciudad de Duala, asumió la apertura de una casa de acogida para adolescentes y jóvenes que no habían podido acceder a la escuela o carecían de oportunidades laborales. Allí conoció de cerca historias marcadas por la violencia, la exclusión y la pobreza. “Las chiquillas que venían con historias muy marcadas por la violencia a todos los niveles eran demasiado dolorosas. Solo dos actitudes necesitábamos para acompañar a estas chicas: ofrecerles mucho cariño, mucho amor y mucha paciencia”, relató.
La religiosa explicó que el objetivo de esta obra era brindar herramientas para que las jóvenes pudieran construir un futuro diferente mediante la formación en costura, peluquería, cocina, informática e idiomas. Además de este servicio, dirigió un centro de salud que llegó a atender más de cincuenta pacientes diarios y colaboró en la formación de religiosas, seminaristas y grupos laicales, una experiencia que calificó como “una fuerte y gratificante experiencia de inculturación”.
Los desafíos de evangelizar en otra cultura
La hermana Teodora también habló de las dificultades que encontró durante su misión. Una de ellas fue la barrera lingüística en un país donde conviven más de 200 grupos étnicos y numerosas lenguas locales. “A mí me surgieron otros desafíos que se viven al día a día. Uno que para mí personalmente fue no poder hablar las lenguas porque hay muchísimas, sobre todo para las personas mayores”, comentó. Sin embargo, aseguró que la cercanía y la presencia cotidiana se convirtieron en un lenguaje capaz de transmitir el Evangelio.
Otro desafío importante fue la situación de la mujer en la sociedad camerunesa. La religiosa observó que muchas mujeres sostienen la vida familiar y económica de sus hogares, aunque con frecuencia sin reconocimiento social: “La mujer es el mayor sostén, es el pilar de la familia. Es ella quien saca adelante a sus hijos, quien trabaja el campo, es la que da vida a todo, pero no se la reconoce por todos estos esfuerzos”.
Reconoció que el machismo representó una de las experiencias más difíciles de afrontar. “Lo más difícil era el machismo. Tanto en la Iglesia como en el barrio. Era minimizar a la mujer y no valorarla”, señaló.
“He recibido más de lo que he dado”
Al hacer balance de sus años en Camerún, la hermana Teodora aseguró que la misión transformó su vida y fortaleció su confianza en Dios: “El fruto más grande que coseché en la misión fue la confianza en el Señor sembrada diariamente en la oración personal y comunitaria”.
También señaló que la experiencia misionera le enseñó a vivir con sencillez: “He aprendido a respetar al otro diferente a mí, descubriendo que Dios es el mismo en todas partes y que las exigencias del Evangelio son las mismas para todos”.
Al concluir su intervención, resumió en una frase el legado que le dejaron casi tres décadas en tierras africanas: “La misión me ha formado a todos los niveles. He recibido más de lo que he dado”. Incluso después de asumir nuevas responsabilidades en el gobierno general de su congregación, aseguró que lleva consigo los rostros y experiencias vividas en Camerún. “Puedo decir con alegría que el mundo es mi casa y la humanidad es mi familia”.
Congregación nacida en Bolivia y presente en el mundo
La religiosa aprovechó la ocasión para compartir también parte de la historia de su familia religiosa. Recordó que en 2025 las Misioneras Cruzadas de la Iglesia celebraron el centenario de su fundación, una obra impulsada por Santa Nazaria Ignacia que nació en Bolivia y que hoy extiende su presencia a diversos países.
De esta manera, la hermana Teodora vinculó su experiencia personal en Camerún con una historia misionera más amplia, llena del deseo de anunciar el Reino de Dios allí donde la Iglesia es llamada a servir.
La hermana Cintia Jimena Vázquez, de la Dirección Nacional de OMP Bolivia, explicó que el objetivo de estos encuentros es acercar a los fieles a la realidad de los misioneros dispersos por el mundo y fortalecer el compromiso evangelizador de los bautizados. “Nuestros misioneros están repartidos por todo el mundo, pero queremos conocer, queremos saber de ellos para que nuestro espíritu misionero, nuestras ganas de vivir y nuestro compromiso de bautizados se inspire más y se anime más”.
Nuevo impulso misionero
Por su parte, el director nacional de OMP Bolivia, Mons. Adolfo Bittschi, invitó a pedir una nueva efusión del Espíritu Santo para la misión y exhortó a la Iglesia a seguir promoviendo vocaciones misioneras.
El prelado pidió “un nuevo impulso a la misión, un nuevo Pentecostés” que toque especialmente el corazón de niños, adolescentes y jóvenes para responder al llamado del Señor.
Así, el testimonio de la hermana Teodora se convirtió no solo en una ventana hacia la realidad de Camerún, sino también en una invitación a reconocer que la misión continúa viva y que, como ella misma afirmó, “desde cada rincón de los países el Señor sigue presente en su pueblo”.
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