La ciudad de La Paz celebró este 16 de julio la solemnidad de la Virgen del Carmen, patrona de Bolivia y generala de las Fuerzas Armadas, con una multitudinaria Eucaristía presidida por Mons. Percy Galván, arzobispo de La Paz, quien dirigió un llamado a la unidad, la reconciliación y el amor entre los bolivianos en un contexto marcado por tensiones sociales y desafíos para el país.
Durante la homilía, el prelado recordó que la vida humana no puede reducirse únicamente a las actividades cotidianas, y más bien está llamada a trascender hacia los valores que provienen de Dios: “La vida no es solamente comer, tomar y bailar. La vida es mucho más que eso, es trascender a adquirir los valores que nos trae Dios de la verdad, de la fraternidad, de la reconciliación y del amor”.
La celebración reunió a autoridades civiles y militares, fieles y devotos de la Virgen del Carmen, en una jornada que forma parte de las festividades paceñas del 16 de julio, fecha en la que también se recuerda la gesta libertaria de 1809.
María, signo de presencia para Bolivia
Tomando como referencia la figura materna de María, Mons. Galván resaltó el valor de la presencia como una de las características más importantes de una madre. “La casa más humilde con la presencia de la madre se hace la más hermosa del mundo”, expresó, recordando también su propia experiencia tras la muerte de su madre.
A partir de esa reflexión, invitó a los bolivianos a preguntarse cuál es su aporte al país. “¿Cuál es nuestra presencia para ponerle el hombro a La Paz y a Bolivia?”, cuestionó.
El Arzobispo exhortó a no permanecer indiferentes ante las necesidades de la sociedad y a asumir responsabilidades desde cada ámbito de la vida pública y privada: “Hagamos presencia, que se note que somos excelentes militares, excelentes políticos, excelentes curas, excelentes obreros, técnicos; que se note, queridos hermanos, que somos hombres y mujeres de profunda fe”.
Detener las confrontaciones
El obispo también planteó la necesidad de fortalecer la unidad nacional. Inspirándose nuevamente en la figura de la madre, que reúne a sus hijos, el pastor paceño pidió dejar atrás las divisiones que afectan al país: “Hermanos paceños, hermanos bolivianos, basta ya de confrontarnos. Parémosla de una vez por todas”.
Invitó a construir puentes entre las distintas regiones y culturas del país: “Abracémonos entre collas y cambas, entre quechuas y aymaras, entre citadinos y campesinos; así abrazados caminemos como buenos bolivianos”.
Para Mons. Galván, las diferencias ideológicas, políticas o regionales no pueden estar por encima de la fraternidad: “Que las opciones ideológicas, políticas, partidarias, regionales, etcétera, no venzan a la unidad y a la fraternidad boliviana”.
Pasar del afecto al amor cristiano
El Arzobispo también invitó a los fieles a profundizar en el amor que nace del Evangelio y que se traduce en respeto, comprensión y servicio a los demás: “Pasemos de un simple afecto, de un simple respeto, pasemos al amor de Cristo”. En ese sentido, cuestionó las actitudes de enfrentamiento y resentimiento que muchas veces deterioran las relaciones humanas. “En vez de perder su tiempo en odiarse, ¿por qué no lo aprovechan amándose?”, preguntó al referirse a los conflictos que observa frecuentemente en las familias y matrimonios.
Del mismo modo, pidió a los bolivianos dejar de lado las confrontaciones para construir una convivencia basada en el amor cristiano: “En vez de estarnos peleando, haciéndonos daño, amémonos. Espiritualmente podemos amarnos”.
Durante la celebración, Mons. Galván pidió orar especialmente por la ciudad de La Paz y por el país, reconociendo las dificultades que atraviesan. “Esta ciudad sede del gobierno, esta ciudad pionera de Bolivia está atravesando situaciones muy difíciles. La última crisis ha sido realmente un golpe fatal para nuestra ciudad”, expresó. Y alentó a la población a no perder la esperanza y a confiar en Dios para salir adelante: “Como buenos paceños, con esa fuerza, con ese carácter de este hombre y de esta mujer de esta bella tierra, nuevamente salgamos adelante”.
Imitar a María
El Arzobispo resumió el mensaje de la festividad en tres grandes desafíos inspirados por la Virgen del Carmen: la presencia comprometida, la unidad y el amor.
“Si realmente le rendimos este culto a nuestra Madre, hagamos presencia, no seamos indiferentes ante nuestra ciudad y ante nuestro país”, señaló. Y añadió: “Trabajemos por la unidad, reconciliémonos y perdonémonos en nombre de Dios y lleguemos a ese clímax del amor verdadero donde el respeto, la admiración, la consideración, la paciencia y la comprensión se hacen presentes por el amor cristiano”.
La celebración concluyó con una oración por Bolivia, las autoridades nacionales, departamentales y municipales, así como por la paz social y el bienestar del pueblo boliviano, poniendo todas las intenciones bajo la protección de la Virgen del Carmen.
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