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Monseñor Walmor: la eliminación de Brasil en la Copa deja lecciones sobre ciudadanía, liderazgo y responsabilidad social

El arzobispo de Belo Horizonte reflexiona sobre las “luces y sombras” del Mundial de fútbol y advierte sobre el impacto del dinero, las apuestas, la falta de liderazgo y la pérdida del sentido de pertenencia nacional.
11 de julio de 2026 por
Monseñor Walmor: la eliminación de Brasil en la Copa deja lecciones sobre ciudadanía, liderazgo y responsabilidad social
Micaela Alejandra Díaz Miranda
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La reciente eliminación de la selección brasileña de la Copa Mundial de Fútbol ha motivado una reflexión del arzobispo de Belo Horizonte, Walmor Oliveira de Azevedo, quien en su artículo titulado “Luces y sombras de la Copa” analiza el fenómeno deportivo más allá de los resultados en la cancha y lo vincula con desafíos sociales, políticos y culturales que enfrenta Brasil.

Para el prelado, el deporte posee una capacidad única para movilizar sentimientos y despertar pasiones en las personas. “El mundo de los deportes moviliza, de modo impresionante y singular, mentes y corazones, con una pasión que toca lo más profundo del alma”, señala al inicio de su reflexión.

Según explica, la Copa del Mundo trasciende los límites de los estadios y los terrenos de juego, convirtiéndose en un escenario que permite observar comportamientos, valores, fortalezas y debilidades de una sociedad. En ese sentido, considera que las diversas interpretaciones surgidas tras la eliminación de Brasil pueden transformarse en aprendizajes valiosos para fortalecer la ciudadanía y contribuir al crecimiento de la nación.

Recuperar el sentido de pertenencia

Uno de los aspectos que resalta Mons. Walmor es que el torneo logró reavivar, a través de los colores verde y amarillo, el sentimiento de pertenencia a una nación. “La competición deportiva rescató, por medio de los colores verde y amarillo, el sentido de pertenencia a una nación, patria amada e idolatrada, más allá de apropiaciones partidistas y excluyentes”, expresa.

Advierte que este sentimiento debe ser fortalecido de manera permanente frente a intereses particulares que dañan el bien común. En su análisis, identifica el poder del dinero como una de las amenazas más serias para la cohesión social: “Hay urgencia en invertir cada vez más en la consolidación de este sentido de pertenencia, venciendo intereses mezquinos dictados por la fuerza diabólica del dinero”.

El arzobispo denuncia que la concentración de riqueza y las desigualdades sociales reflejan una lógica económica que perjudica a millones de personas. A su juicio, esa misma lógica ha penetrado también en el ámbito deportivo.

El dinero y las apuestas como amenazas

Mons. Walmor advierte que la excesiva influencia del dinero ha contribuido a deformar el verdadero sentido de la competencia deportiva: “El dominio del dinero contamina incluso el ámbito deportivo, alimentando un imaginario y narrativas que restringen la competición en el campo a la lógica del enriquecimiento”.

Según el prelado, cuando el afán económico ocupa el centro de la actividad deportiva, se debilitan valores como el amor a la patria, el compromiso colectivo y la entrega necesaria para alcanzar la victoria. “Se sortea el amor a la patria, con reflejos percibidos en apatías dentro del campo”, advierte.

Alerta sobre el crecimiento de los sistemas de apuestas deportivas, a los que describe como una influencia peligrosa para la construcción de una sociedad más justa y solidaria. “La dominación patológica y seductora de los esquemas de apuestas es una amenaza para la construcción de una sociedad solidaria e igualitaria”, subraya.

El ejemplo de quienes compiten por respeto a su nación

Frente a estas sombras, el arzobispo también identifica aspectos luminosos en la competición. Resalta especialmente el desempeño de equipos y deportistas que, sin grandes recursos económicos ni fama internacional, lograron sobresalir gracias a su compromiso y sentido de pertenencia. “Brillaron fuertemente aquellos que establecieron un contrapunto y lucharon con valentía, sin fama, sin sumas multimillonarias, pero impulsados por un sentido de respeto a su nación”, escribe.

Para Mons. Walmor, estas experiencias demuestran que incluso los países más pequeños pueden alcanzar grandes resultados cuando cultivan valores auténticos y ponen el bien común por encima de los intereses individuales.

Al mismo tiempo, considera que estas actuaciones deberían provocar una reflexión en Brasil, país que posee enormes riquezas y potencialidades, pero que necesita fortalecer una política guiada por la autoridad moral y la justicia.

La crisis de liderazgo

El artículo también aborda la falta de liderazgos capaces de inspirar transformaciones positivas tanto en el deporte como en otros ámbitos de la vida social. “Los fracasos deportivos remiten también a la escasez de líderes”, asegura.

Según el arzobispo, muchas instituciones sufren la presencia de figuras que se limitan a discursos vacíos y prácticas populistas, sin capacidad real para promover valores nobles ni motivar a las personas a desarrollar disciplina, competencia y espíritu de superación. “El deporte y otros campos de la vida sufren con aquellos que se dedican a discursos y populismos”, sostiene.

Para revertir esta situación, considera indispensable recuperar el sentido de responsabilidad social y fomentar una ciudadanía comprometida con el desarrollo integral de la sociedad.

“Renacer de las cenizas”

A pesar de la frustración causada por la eliminación mundialista, Mons. Walmor invita a interpretar este momento como una oportunidad para revisar errores y emprender cambios profundos. “En este momento frustrante de la eliminación de la selección brasileña de fútbol, debe vislumbrarse una oportunidad de cambios”, señala.

El prelado insiste en la necesidad de escuchar opiniones diversas, incluso aquellas más críticas y dolorosas, para evitar nuevos fracasos tanto en el deporte como en la vida pública. Asimismo, llama a combatir la improvisación y la falta de preparación que, según indica, generan desperdicio de recursos y desaprovechan talentos capaces de ofrecer respuestas a los desafíos contemporáneos.

El arzobispo propone que la derrota deportiva sirva como punto de partida para una renovación más amplia de la sociedad brasileña. “Este momento pide un ‘renacer de las cenizas’”, dice. Ese proceso, explica, debería incluir la construcción de un Estado más eficiente, una representación política con autoridad moral y una renovada colaboración entre instituciones educativas, culturales y sociales para fortalecer los valores históricos, culturales, morales y religiosos del país.

Mons. Walmor concluye que las derrotas pueden convertirse en una fuente de aprendizaje si son asumidas con seriedad y espíritu de autocrítica: “Las lecciones de la derrota, si son aprendidas, pueden inspirar seriedad y cualificación, colocando a Brasil en el camino de nuevas conquistas, con un nuevo rostro que refleje el desarrollo integral y la fraternidad solidaria”.

De esta manera, el arzobispo propone mirar más allá del resultado deportivo y convertir las “luces y sombras” de la Copa en una oportunidad para fortalecer la ciudadanía, la justicia social y el compromiso con el bien común.

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