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Padre José Luis Quijano invita a los catequistas a renovar su vocación desde el acompañamiento y el encuentro con Jesús

En el Día del Catequista, el integrante del Laboratorio Latinoamericano de Catequesis llama a superar una catequesis centrada únicamente en contenidos y propone acompañar los caminos personales de quienes buscan encontrarse con Dios.
21 de agosto de 2026 por
Padre José Luis Quijano invita a los catequistas a renovar su vocación desde el acompañamiento y el encuentro con Jesús
Micaela Alejandra Díaz Miranda
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Con motivo del Día del Catequista, que se celebra este 21 de agosto, el padre José Luis "Cote" Quijano, integrante del Laboratorio Latinoamericano de Catequesis, compartió una reflexión dirigida a quienes ejercen este ministerio en las comunidades eclesiales. Su mensaje pone el acento en la identidad y vocación del catequista, pero también en la necesidad de renovar las formas de acompañar a quienes se acercan a la fe.

En su reflexión, el padre Quijano plantea que celebrar a los catequistas es, ante todo, una oportunidad para agradecer su vocación y la entrega silenciosa con la que contribuyen a la construcción del Reino de Dios. “En el día del catequista demos gracias por ellos, por su identidad, por su vocación y su entrega silenciosa que construye el Reino de Jesús”, señala.

Para el sacerdote, el catequista está llamado a ser auténticamente él mismo, reconociendo que su identidad se encuentra en la llamada de Dios a convertirse en “eco de Cristo”, de modo que otras personas puedan encontrarse con Él.

Vocación que necesita formación permanente

El padre Quijano advierte que esta vocación no puede entenderse al margen de la fragilidad humana. El catequista es, a la vez, una persona “caída y redimida”, “débil y fuerte”, “imperfecta y llamada a la plenitud”. Por ello, considera inseparables la gracia de Dios y los procesos de formación.

En este camino, la catequesis tiene una responsabilidad específica: la educación de la fe. Pero esta tarea no está dirigida únicamente a quienes reciben catequesis. También los propios catequistas necesitan permanecer abiertos a procesos de formación y maduración en la fe. “Para ser entrañablemente nosotros mismos, necesitamos hacernos destinatarios de la catequesis”, sostiene el sacerdote. Esto implica participar en itinerarios formativos pensados específicamente para los catequistas y sostener durante toda la vida el crecimiento de la fe.

El proceso formativo, añade, también ocurre en el encuentro cotidiano con quienes participan de la catequesis. Los catequistas pueden convertirse en destinatarios de aquello que expresan los catequizandos y catecúmenos, porque en esa dinámica de encuentro Dios puede actuar de maneras inesperadas.

Mirada creyente sobre la realidad

En una segunda reflexión, titulada “Catequistas, hagamos todo lo que Jesús nos diga”, el padre Quijano recuerda que el ministerio catequístico está vinculado con la comunicación de la Palabra.

La Palabra, señala, está contenida en la Revelación, es anunciada por la Iglesia, celebrada en la liturgia y encarnada especialmente en la vida de los santos. Abrirse a ella significa también abrirse a Dios, a la Iglesia y al mundo. Desde esta perspectiva, el catequista está llamado a mirar la realidad con una perspectiva creyente. El padre Quijano utiliza como referencia el Magníficat, entendido como una mirada capaz de reconocer signos de esperanza incluso allí donde todavía no son evidentes.

Mirar la realidad con los ojos de María significa ver el bien también ahí donde todavía no germinó”. Esta mirada, sostiene, permite reconocer que el mundo es amado y sostenido por Dios. Aunque muchas veces los catequistas cuenten con pocos recursos, su presencia puede convertirse en una fuerza de transformación cuando está arraigada en el encuentro con Jesús. “Donde está Jesús, ahí está su Reino, allí madura la esperanza, allí es posible tomar el amor que da vida”, expresa.

Acompañar procesos

Uno de los principales cuestionamientos del padre Quijano se dirige a una catequesis que puede quedar reducida a la transmisión de contenidos. Los catequizandos y catecúmenos llegan a las comunidades con historias personales, experiencias y caminos de fe diferentes. Por ello, considera necesario mirar esas trayectorias antes de comenzar un nuevo proceso.

El sacerdote advierte que el concepto de “itinerario” puede reducirse en ocasiones a un programa o a una lista de contenidos previamente establecidos, dejando de lado la historia concreta de las personas. Para explicar esta realidad, recurre a un antiguo relato de tradición oral sobre un explorador que recorre la selva amazónica y, al regresar, entrega a su pueblo un mapa con todos los detalles del territorio. Quienes reciben el mapa creen conocer el lugar, pero nunca han experimentado personalmente sus caminos, sus riesgos, sus paisajes y sus sonidos.

La historia sirve al padre Quijano para plantear una pregunta sobre la catequesis: ¿es suficiente transmitir mapas sobre la fe o es necesario ayudar a cada persona a realizar su propia experiencia de encuentro con Dios? “No se trata de ayudar a los catequizandos a explorar la selva, introduciéndolos en los vericuetos o en los preciosismos de una detallada información doctrinal, sino de ayudarlos, fundamentalmente, a encontrar al Dios de Jesucristo”, sostiene.

Catequesis que acompañe la búsqueda

Para el padre Quijano, la catequesis incluye instrucción, iniciación y educación, pero es, sobre todo, un ministerio al servicio de la fe. Su finalidad es favorecer que cada persona pueda vivir una experiencia de fe propia, personal y única. Esto requiere superar modelos que entregan respuestas prefabricadas o reproducen caminos que funcionaron para otros, pero que no necesariamente responden a las búsquedas de las nuevas generaciones.

El padre Quijano no propone abandonar la orientación ni dejar solos a quienes se acercan a la fe. Su propuesta es recuperar una pedagogía que considera central en la acción de Jesús: el acompañamiento. “Ese caminar junto al que busca, permitiéndole que siga buscando”, explica, es un proceso que respeta los tiempos y posibilidades de cada persona. Se trata de caminar con el otro sin violentar sus procesos, sin apresurarlos y sin abandonar el camino.

Desde esta perspectiva, la pedagogía del acompañamiento consiste en recorrer junto a cada persona y cada comunidad sus propios caminos de búsqueda.

Aprender a mirar la vida con ojos de creyentes

La reflexión del padre José Luis Quijano concluye con una invitación a los catequistas a revisar sus propias prácticas y preguntarse cómo pueden ayudar a quienes acompañan a descubrir una experiencia viva de fe.

“Quizás así sea posible iniciarse o retornar a la fe, desechando antiguos mapas y aprendiendo a mirar la vida con ojos de creyentes”, propone.

En el Día del Catequista, su mensaje recupera una dimensión esencial del ministerio: antes que transmitir conocimientos, el catequista está llamado a acompañar personas, reconocer sus historias y ayudarles a descubrir, en medio de sus propios caminos, la presencia de Dios.

“¡Feliz día del catequista!”, concluye el padre José Luis Quijano.

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