Con una voz de alerta ante la realidad nacional, la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Honduras (CONFEREH), a través de la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC), expresó su inquietud por el agravamiento de las condiciones de vida de la población y alertó sobre diversos factores que amenazan la dignidad humana, la justicia social y la convivencia democrática en el país.
Desde su trabajo y acompañamiento en distintos sectores de la sociedad, especialmente entre comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, la vida religiosa aseguró que no pueden guardar silencio frente a las problemáticas que afectan a los hondureños. “El Evangelio nos llama a ser centinelas de esperanza y profetas de justicia”, expresaron.
Defensa de los territorios y exigencia de justicia
A través de un manifiesto, los consagrados expusieron su preocupación por iniciativas legislativas que, a su juicio, podrían propiciar una mayor concentración de la tierra y menoscabar los derechos históricos de las comunidades sobre sus territorios. De igual manera, abogaron por políticas públicas orientadas a preservar la biodiversidad y garantizar la soberanía alimentaria y el acceso justo a la tierra para quienes la trabajan.
En este llamado también la CONFEREH reclamó justicia por los asesinatos de defensores ambientales y líderes comunitarios. De manera particular, demandaron que el caso de los veinte campesinos asesinados en Rigores, Tocoa, Colón, no quede en la impunidad y se identifique a todos los autores materiales e intelectuales.
Asimismo, advirtieron sobre la creciente presión que enfrentan los territorios y los recursos naturales, al tiempo que insistieron en que “la defensa del agua, de los ecosistemas y de los bienes comunes no es una causa ideológica; es una exigencia ética, espiritual y humana”.
Preocupación por la violencia y los derechos humanos
En materia de seguridad y derechos humanos, la vida religiosa condenó las masacres, los asesinatos y la criminalización de líderes sociales, y advirtió sobre la creciente violencia contra las mujeres y los elevados índices de feminicidios.
Asimismo, los consagrados exhortaron a las autoridades a llevar adelante investigaciones transparentes sobre los hechos de violencia registrados en el país y recordaron que el Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad y combatir la impunidad, advirtiendo que “cuando la violencia se vuelve cotidiana, se erosiona la confianza ciudadana y se debilita la democracia”.
Asimismo, la CONFEREH también hizo un llamado al Estado hondureño para que asegure el cumplimiento de los derechos humanos, ambientales y territoriales consagrados en la Constitución y por los instrumentos internacionales suscritos por el país, especialmente en aquellas comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.
Compromiso con las comunidades más vulnerables
Como parte de sus compromisos, la CONFEREH reafirmó su decisión de mantener una presencia cercana junto a las comunidades afectadas por la violencia y las amenazas sobre sus territorios y la degradación ambiental, al tiempo que fortalecerán los espacios de formación en doctrina social, derechos humanos y cuidado de la casa común.
“La vida religiosa de Honduras quiere ser presencia que acompaña, voz que denuncia las injusticias y esperanza que fortalece a nuestro pueblo”, concluye el manifiesto, en el que los consagrados renuevan su compromiso con las víctimas y con la promoción de una cultura de diálogo y paz.
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