ADN Celam

En medio de la incertidumbre, Fe y Alegría abraza en Panamá a migrantes deportados con dignidad y esperanza

Fotos: Centro Fe y Alegría

Panamá sigue siendo el espacio de acogida para cientos de migrantes que, tras ser deportados desde Estados Unidos, permanecen en el país sin dirección definida. En este contexto, el Centro Fe y Alegría se ha convertido en refugio pastoral y humanitario que presta acompañamiento y una oportunidad de recomenzar.

Durante una entrevista concedida a ADN Celam, el padre Marco Tulio Gómez, sacerdote jesuita y director general de Fe y Alegría en Panamá, definió esta situación de los migrantes deportados con la palabra “incertidumbre”. Aunque se han logrado avances en lo pastoral —ganándose su confianza y haciéndoles sentir el rostro cercano de Dios a través de la acción cercana de la Iglesia—, el sacerdote asegura que en lo legal estas personas siguen siendo invisibilizadas. “Nadie quiere asumir la responsabilidad por ellos”, afirma el sacerdote con preocupación.

Con su experiencia en este campo, el padre Gómez ha sido testigo de las dolorosas heridas con las que estas personas llegan a Panamá, muchas de ellas desarraigadas, desorientadas, con historias de expulsión forzada y miedo. A pesar de que las condiciones para recibirlos eran limitadas, no se dudó en acogerlos. “Nos acercamos a ellos, y ellos también nos acogieron”, aseguró fue un encuentro transformador que dio paso a la solidaridad. “En ese abrazo mutuo sentimos la ternura de un Dios bueno”.

Acompañar, integrar, escuchar: la apuesta de Fe y Alegría

Fe y Alegría, organización que trabaja desde hace décadas en la educación y promoción social de los más vulnerables, no ha escatimado esfuerzos para desplegar redes de solidaridad que han respondido a las múltiples carencias: desde alimentos y colchones hasta atención espiritual. En medio de las barreras lingüísticas —pues muchos de los migrantes no hablan español—, el lenguaje del amor abrió caminos. “Lo más difícil no fue lo logístico, sino vencer el miedo y el recelo. Y, con la gracia de Dios, lo estamos haciendo”, asegura el sacerdote.

Asumiendo el legado del Papa Francisco, Fe y Alegría ha puesto en práctica los cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes. Su experiencia con el acompañamiento a los migrantes ha fortalecido la visión de que cada persona, independientemente de su estatus, merece ser mirada como sujeto de dignidad.

Frente al reciente aviso del gobierno panameño de extender los permisos de residencia temporal humanitaria por seis meses, muestra un alivio, pero no es la solución. En palabras del sacerdote, esto fue “un gesto de humanidad”, aunque lejano porque se requiere es una solución estructural. Observa que, la regularización enfrenta el obstáculo de los vacíos legales derivados de una deportación forzosa y sin registros migratorios válidos. Aun así, insiste: “Desprotegidas no están, y no lo estarán. Aquí estamos nosotros… y está Dios, nuestro Goel, nuestro defensor”.

Un llamado a la corresponsabilidad global

Finalmente, el sacerdote hace un llamado reiterativo a gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil: “No le fallemos a estas personas en limbo legal, ni a los migrantes ni a los refugiados. Venzamos el miedo con amor”.

Retoma las palabras del Papa Francisco, quien insistía en no descartar a nadie, y del actual pontífice, el Papa León XIV, quien aboga por una paz sostenida en la justicia. Desde esa misión cristiana, Marco Tulio invita a construir redes que no solo socorran, sino que transformen: “Sigamos organizando la esperanza”.

 

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