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Encuentro Región Andina: Secretario General del Episcopado venezolano exhorta a servir con amor, gratitud y humildad

En el segundo día del Encuentro Regional de la Zona Andina realizado durante esta semana en Cochabamba (Bolivia), la jornada comenzó marcada por la Eucaristía presidida por Monseñor José Antonio Da Conceição Ferreira, obispo de la Diócesis de Puerto Cabello (Venezuela) y secretario general del Episcopado venezolano, quien invitó a los participantes a volver a lo esencial del anuncio cristiano y a revisar, a la luz del Evangelio, la manera de ejercer el servicio y la responsabilidad en la Iglesia.

Volver al kerigma

Partiendo de las lecturas del día, el obispo recordó el corazón del kerigma: “¿Qué ha hecho Jesús por nosotros? Salvarnos, rescatarnos”. Explicó que, así como en tiempos de Jesús un esclavo no podía rescatarse a sí mismo, hoy también solo Cristo puede liberarnos del pecado y de todo aquello que nos separa de Dios. En ese contexto, subrayó que la misión de la Iglesia es continuar la obra de la salvación como instrumentos del Señor, y no como protagonistas de un proyecto propio.

Sin embargo, advirtió que no siempre los discípulos comprenden el modo de actuar de Jesús. Comentando el Evangelio de Marcos, donde los discípulos caminan con el Maestro mientras él les anuncia su pasión, muerte y resurrección, Monseñor José Antonio señaló que, a pesar de haber convivido con Él, escuchar su palabra y ver sus milagros, “su cabeza estaba todavía pensando en lo que ellos querían”.

Igual que Santiago y Juan, que pedían sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús, el obispo ilustró cómo también hoy se buscan los primeros puestos, el poder y el control, incluso en la vida eclesial.

El prelado subrayó la gran lección de Jesús: “Los poderosos de este mundo los oprimen… ustedes no sean así”. Insistió en la necesidad de una verdadera metanoia, una conversión profunda de la mente y del corazón, que lleve a pasar de la lógica del poder a la lógica del servicio.

“Ustedes sean servidores, sírvanse humildemente los unos a los otros”, enfatizó, subrayando la llamada a una entrega total, hasta el punto de no pertenecerse a sí mismos, sino vivir como “esclavos” en el sentido evangélico de una donación radical.

Testigos antes que simples predicadores

De un modo cercano y testimonial, Monseñor José Antonio confesó que la Palabra le recordaba, en primer lugar, a qué está llamado él mismo y cómo debe vivirlo: no solo a anunciar la salvación, sino a experimentarla cada día.

“Lo que más necesitamos son testigos, hombres y mujeres que en primera línea experimenten el amor y la misericordia de Dios”, afirmó, invitando a los presentes a dejarse amar, perdonar y conducir por el Señor.

El obispo subrayó que esta experiencia de misericordia se traduce en una actitud de humildad: reconocer que la vocación es puro don y no mérito propio. “¿Quién soy yo para merecer que Dios me ha llamado? No tengo méritos”, dijo, invitando a responder con gratitud en el servicio.

Servir con amor, con gratitud y con humildad, añadió, implica no usar los encargos o responsabilidades para “acumular puntos” o escalar posiciones, sino hacerlo “simplemente por el Señor”, a ejemplo de Jesús que vino “a servir y no a ser servido”.

Un instrumento en manos de Dios

Profundizando en esta espiritualidad del servicio, Monseñor José Antonio insistió en la importancia de una vida espiritual sólida para mantenerse en esta actitud: estar “muy en contacto, muy conectados con el Señor” para recordar que “lo que soy y lo que hago se lo debo totalmente a Él”.

En este sentido, se definió a sí mismo como un instrumento en manos de Dios: “Al menos yo siempre me veo como un cincel… prefiero ser un cincel que a veces toca golpear y golpear, llevar sufrimiento y dificultades, pero también alegrías y esperanza”, expresó.

Finalmente, el obispo vinculó esta llamada al servicio humilde con la experiencia común del Encuentro Regional de la Zona Andina. Señaló que el camino de la misión se recorre mejor juntos, aunque a veces eso suponga ir más despacio: “Hacerlo juntos, que juntos, aunque tardemos un poco más, llegaremos más lejos”.

Pidió a Jesús que enseñe a todos a “servir y no ser servidos”, sin miedo a donar la vida en plenitud, convencidos de que “el premio lo vale”. La celebración concluyó así poniendo en el centro la conciencia de ser instrumentos, llamados a vivir una Iglesia que camina unida, en humildad y servicio.

 

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