En Colombia, la Iglesia continúa fortaleciendo el horizonte sinodal impulsado por el Papa y la Iglesia universal, con apuestas concretas por una formación más participativa, el compromiso de los laicos y nuevas formas de relación pastoral. Así lo expresó el padre Raúl Ortiz Toro, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal, en entrevista con ADN Celam durante el Segundo Encuentro de la Región Andina que se celebra en Cochabamba, Bolivia.
El encuentro, organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), reúne representantes eclesiales de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia para fortalecer la comunión regional y la misión evangelizadora de la Iglesia en América Latina.
El padre Raúl Ortiz señaló que el episcopado colombiano ha venido desarrollando un proceso progresivo de reflexión pastoral sobre los distintos actores de la sinodalidad, centrando sus últimas asambleas en el papel de los obispos, los presbiterios y actualmente en la formación inicial sacerdotal.
Formación y conversión pastoral
El directivo señaló que uno de los grandes retos de la Iglesia hoy consiste en “regresar a Cristo siempre” y promover una renovación profunda en la manera de relacionarse dentro de la Iglesia. “La formación y la conversión de nuestros corazones a Jesucristo desemboca en la conversión pastoral”, apuntó.
Del mismo modo, recordó que en julio de 2025 la Asamblea de la Conferencia Episcopal reflexionó sobre el obispo como “profeta, testigo y servidor de la esperanza”, mientras que la realizada en febrero de 2026 profundizó en la realidad de los “presbiterios sinodales”.
“Se trata de formar sacerdotes que disciernan con el pueblo de Dios y vivan la fe de manera corresponsable”, expresó el padre Ortiz, quien insistió en que la formación debe tener “características de sinodalidad muy concretas”.
Asimismo, destacó la necesidad de revisar las dinámicas eclesiales y consolidar los espacios de participación comunitaria. “La sinodalidad” —consideró— “no puede quedarse en lo administrativo, sino convertirse en un auténtico estilo de vida eclesial”.
Seminarios con participación de mujeres y transparencia
La formación inicial al presbiterado ocupará un lugar prioritario en la próxima asamblea episcopal a celebrarse en el mes de julio. Según explicó el padre Raúl Ortiz, de este proceso depende en buena medida la renovación de la Iglesia en Colombia. Por ello, insistió en la necesidad de integrar a las mujeres en los equipos formativos, no solo en tareas de apoyo cotidiano, sino también en el acompañamiento pastoral y humano de los seminaristas.
El secretario adjunto del episcopado remarcó que la transparencia y la rendición de cuentas son herramientas esenciales para avanzar hacia una Iglesia más sinodal. A su juicio, este ejercicio contribuye a enfrentar el clericalismo y promover relaciones más corresponsables dentro de la Iglesia.
Igualmente, explicó que otro de los propósitos de la próxima asamblea será “formar formadores”, quienes —aseguró— deben contar con herramientas pastorales y una comprensión sinodal integral que puedan transmitir a las nuevas generaciones de sacerdotes.
Participación de laicos, mujeres y jóvenes
Ante las resistencias o limitaciones frente al camino sinodal, Ortiz Toro prefirió hablar de “oportunidades” que vive actualmente la Iglesia y advirtió que uno de los principales desafíos es fortalecer la formación para comprender el verdadero sentido de la sinodalidad. “La sinodalidad no es simplemente un movimiento en la Iglesia, no es un proyecto que tiene un fin cronológico, sino que es un estilo, un modo de ser”, observó.
Frente a la pregunta de cómo garantizar que laicos, mujeres y jóvenes participen realmente en las decisiones pastorales, Ortiz Toro explicó que la Iglesia colombiana viene impulsando el fortalecimiento de los consejos parroquiales de pastoral y de asuntos económicos como escenarios reales de participación y discernimiento comunitario. “Si todas las parroquias tienen estos dos consejos, ello va a permitir unas verdaderas instancias de sinodalidad”, aseguró.
Según explicó, el reto pasa por avanzar “procesualmente, gradualmente y progresivamente”, de modo que toda la comunidad eclesial pueda involucrarse activamente en el discernimiento pastoral y en la misión evangelizadora de la Iglesia.
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