Con celebraciones multitudinarias, procesiones y llamados a la conversión, la Iglesia en Chile dio inicio a la Semana Santa 2026 en las diócesis del país, marcando un tiempo litúrgico para la vida de fe. Desde Villarrica hasta Calama, los obispos pusieron énfasis en la paz, la esperanza y la coherencia cristiana en medio de las realidades actuales.
Villarrica: Iglesia que camina unida
Bajo un cielo despejado, la Diócesis de Villarrica inauguró la Semana Santa este domingo 29 de marzo con una masiva participación de fieles. La jornada comenzó en el frontis del Obispado, donde el obispo Mons. Francisco Javier Stegmeier bendijo los ramos de olivo y palmas, dando paso a una procesión por el centro de la ciudad hasta la Catedral.
Durante la Eucaristía, el obispo invitó a vivir este tiempo con profundidad espiritual, recordando que es necesario “acompañar a Cristo no solo en los momentos de triunfo, sino especialmente en el camino de la Cruz”, animando a las familias a un camino de conversión y cercanía con los demás.
La celebración se replicó en las 31 parroquias de la diócesis, dando inicio a un itinerario que continuará con la Misa Crismal el miércoles 1 de abril.
Chillán: llamados a ser constructores de la paz
En la Catedral de Chillán, el obispo Andrés Ferrada Moreira centró su mensaje en la urgencia de la paz en el contexto actual. Al inicio de su homilía recordó que “la Iglesia es casa”, acogiendo a todos con amor.
En su homilía ahondó en el sentido de la Pasión, dijo: “Jesús muere para manifestarnos el amor de Dios”, invitando a los fieles a redescubrir su identidad como hijos de Dios.
En una reflexión conectada con la vida cotidiana, planteó una pregunta provocadora: “¿qué ‘combustible’ tenemos para la vida eterna?”, en medio de preocupaciones sociales. Hizo un llamado a que “renovemos nuestro bautismo para ser constructores de la paz”.
Puerto Montt: la esperanza que nace de la cruz
En el sur del país, la Catedral de Puerto Montt reunió a numerosas familias para iniciar la Semana Santa. El arzobispo Fernando Ramos Pérez resaltó el amor de Cristo manifestado en su entrega, haciendo hincapié en el misterio pascual.
En su homilía expresó: “Cristo ha querido hacerse uno de nosotros… y así como Él ha resucitado, también nosotros estamos llamados a la esperanza de la vida nueva”, invitando a vivir estos días con recogimiento y confianza.
Los Ángeles: fidelidad y esperanza en medio de la prueba
La Diócesis Santa María de Los Ángeles vivió la jornada con gran participación en sus 25 parroquias. En la Catedral, el obispo Cristián Castro ofreció claves para este tiempo: humildad, fidelidad y sentido redentor del sufrimiento.
Recordando el camino pascual, dijo: “No hay Domingo de Resurrección sin Viernes Santo”, invitando a los fieles a mantenerse firmes incluso en medio de la adversidad.
Copiapó: la victoria de Cristo sobre el mal
En el norte, la diócesis de Copiapó también congregó a cientos de fieles. El obispo Ricardo Morales llamó a vivir con humildad y esperanza, poniendo en manos de Dios las situaciones de dolor del mundo.
En su mensaje resaltó: “La roca que cierra el sepulcro nunca es tan pesada”, recordando que Cristo vence toda forma de mal. Asimismo, subrayó que “no hay mal que Él no pueda vencer”, reforzando el sentido de esperanza propio de la Pascua.
Concepción: fe coherente y comprometida
En el centro del país, el arzobispo de Concepción, Sergio Pérez de Arce, vinculó la Pasión de Cristo con las realidades sociales actuales, señalando que la violencia interpela a la convivencia.
En esa línea, recordó que “Jesús es rey… y nos muestra el camino del amor”, e insistió en que la fe debe traducirse en vida: “Vale la pena vivir como Él vivió”.
Asimismo, advirtió que los signos externos no son suficientes: “De poco serviría venir con nuestros ramos si no renovamos nuestra fe”.
Calama: dolor y esperanza en medio de la crisis
En la diócesis de Calama, la celebración estuvo marcada por el dolor que atraviesa la comunidad. El obispo Tomás Carrasco reconoció que “estamos comenzando esta Semana Santa con un tremendo dolor”, en referencia a recientes acontecimientos.
Sin embargo, abrió una perspectiva de esperanza al asegurar que este sufrimiento “puede dar brotes de vida nueva en Cristo Jesús”, invitando a transformar el dolor en un camino de fe.
También llamó a vivir la Semana Santa en lo cotidiano, haciendo de los hogares una “Jerusalén” donde Cristo habite.
Camino pascual
A lo largo del país, las celebraciones del Domingo de Ramos reflejaron una Iglesia viva, que camina unida en la diversidad de sus territorios. Desde contextos de alegría hasta situaciones de dolor, los pastores coincidieron en un mensaje común: vivir este tiempo con profundidad, compromiso y esperanza.
Con procesiones, bendición de ramos y eucaristías, la Iglesia en Chile se dispone así a recorrer el camino de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, renovando la fe y el llamado a ser testigos del amor en medio del mundo.
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