Con la celebración de la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, presidida por el Papa León XIV, ha concluido este domingo 26 de octubre el Jubileo de los Equipos sinodales y los organismos de participación, que durante los últimos tres días congregó, en Roma, a decenas de grupos que coordinan y lideran procesos sinodales en parroquias, diócesis, conferencias episcopales, congregaciones religiosas, grupos laicales y a nivel continental.
Más allá de las jerarquías y las estructuras
“Al celebrar el Jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación, se nos invita a contemplar y a redescubrir el misterio de la Iglesia, que no es una simple institución religiosa ni se identifica con las jerarquías o con sus estructuras”, comenzó diciendo el pontífice, durante su homilía.
En efecto, el Concilio Vaticano II subrayó el imperativo “de reunirnos a todos en una única familia de hermanos y hermanas y de hacer de nosotros su pueblo, un pueblo de hijos amados, todos unidos en el único abrazo de su amor”.
De este modo, al referirse a los equipos sinodales y a los órganos de participación, ha destacado que “estas estructuras expresan lo que ocurre en la Iglesia, donde las relaciones no responden a las lógicas del poder sino a las del amor”.
Llamados a servir
“La regla suprema en la Iglesia es el amor”, continuó el Papa. “Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos”.
El llamado a la comunión en la Iglesia se expresa en la palabra “juntos”, afirmó el obispo de Roma, evocando las palabras del Papa Francisco en su último Mensaje para la Cuaresma: “La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales (…). Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios”.
Al referirse al texto del Evangelio de este domingo, sobre la parábola del fariseo y el publicano, ha destacado que aunque aparentemente suben juntos al templo a orar, “sin embargo, entre ellos no hay ninguna comunicación. Ambos recorren el mismo camino, pero su caminar no es un caminar juntos”. “Esto depende sobre todo de la actitud del fariseo”, detalló el Papa: “su oración, aparentemente dirigida a Dios, es solamente un espejo en el que él se mira, se justifica y se elogia a sí mismo (…). Está obsesionado con su ego y, de ese modo, termina por girar en torno a sí mismo sin tener una relación ni con Dios con los demás”.
“Esto puede suceder también en la comunidad cristiana”, advirtió enseguida, sugiriendo algunas enseñanzas de cara al caminar sinodal de la Iglesia: “sucede cuando el yo prevalece sobre el nosotros, generando personalismos que impiden relaciones auténticas y fraternas; cuando la pretensión de ser mejor que los demás, como hace el fariseo con el publicano, crea división y transforma la comunidad en un lugar crítico y excluyente; cuando se aprovecha del propio cargo para ejercitar el poder y ocupar espacios”.
Por otra parte, para la Iglesia sinodal, el ejemplo del publicano es muy sugerente. “Es al publicano al que debemos mirar”, dijo el Papa. “Con su misma humildad, también en la Iglesia nos debemos reconocer todos necesitados de Dios y necesitados los unos de los otros, ejercitándonos en el amor mutuo, en la escucha recíproca, en la alegría de caminar juntos”.
Construir una Iglesia humilde
“Queridos hermanos y hermanas, debemos soñar y construir una Iglesia humilde”, exhortó el Papa. “Un Iglesia que no se mantiene erguida como el fariseo, triunfante y llena de sí misma, sino que se abaja para lavar los pies de la humanidad; una Iglesia que no juzga como hace el fariseo con el publicano, sino que se convierte en un lugar acogedor para todos y para cada uno; una Iglesia que no se cierra en sí misma, sino que permanece a la escucha de Dios para poder, al mismo tiempo, escuchar a todos”.
“Comprometámonos a construir una Iglesia totalmente sinodal, totalmente ministerial, totalmente atraída por Cristo y por lo tanto dedicada al servicio del mundo”, animó el Papa a los equipos sinodales y organismos de participación, a quienes reconoció como “imagen de esa Iglesia que vive en la comunión”.
“Hoy quisiera invitarlos a que, en la escucha del Espíritu, en el diálogo, en la fraternidad y en la parresia, nos ayuden a comprender que, en la Iglesia, antes de cualquier diferencia de sexos o de roles, estamos llamados a caminar juntos en busca de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo”, concluyó el obispo de Roma, con un llamado especial: “ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que este sea colegial y acogedor”.
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