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Misa Crismal del Ordinariato Castrense en Bolivia resalta la misión sacerdotal en contextos de servicio

Como parte de las celebraciones de Semana Santa, la Iglesia en Bolivia vivió un momento valioso con la Misa Crismal del Ordinariato Castrense, que reunió a autoridades eclesiales, militares y policiales en un signo de comunión y servicio al país.

La eucaristía se celebró en la Catedral Nuestra Señora de Luján, en la ciudad de La Paz, y fue presidida por monseñor Pedro Fuentes, obispo auxiliar de La Paz y administrador apostólico del Ordinariato Castrense. Concelebraron el nuncio apostólico en Bolivia, monseñor Fermín Sosa Rodríguez, junto a obispos de la metrópoli paceña, en presencia de fieles que colmaron el templo. También participaron el Alto Mando Militar y el Alto Mando Policial, acompañados por las asociaciones de esposas de los uniformados.

Durante la celebración, los presbíteros castrenses renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando su entrega al servicio pastoral, especialmente en los contextos propios de las Fuerzas Armadas y la Policía.

Hermano sacerdote, gracias por su testimonio”

En su homilía, monseñor Pedro Fuentes puso en el centro la acción del Espíritu Santo como fuente de vida y misión en la Iglesia: “Queridos hermanos, hermanas en Cristo, al principio está el Espíritu del Señor”, recordó además que “la Santa Madre Iglesia nos enseña a profesar que el Espíritu Santo es dador de vida”.

El prelado habló sobre la identidad sacerdotal desde la unción recibida: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Cada uno de nosotros puede decir esto, porque el Señor me ha elegido, me ha ungido”. En ese contexto, expresó palabras de cercanía y reconocimiento a los sacerdotes: “Hermano sacerdote, gracias por su testimonio, gracias por su servicio, gracias por el perdón y el consuelo que dan en nombre de Dios”.

A su vez, alentó a los presbíteros a mantenerse firmes en su vocación, incluso en medio de las dificultades: “No te des por vencido. Reza mirando al crucificado”. Reconoció también las exigencias del ministerio castrense, que “a menudo se realiza en medio de mucho esfuerzo, dificultades, limitaciones, incomprensiones y muy poco reconocimiento”.

La autoridad eclesial elevó una oración por los sacerdotes, confiando su misión al Espíritu de Dios: “Hermanos, que el Espíritu de Dios que no defrauda les llene de paz y lleve a término lo que ha comenzado en ustedes, para que sean profetas de su unción y apóstoles de armonía”.

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