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Mons. Heriberto Bodeant: «Somos apenas co-constructores y en permanente aprendizaje del oficio»

“Nosotros, pastores, somos apenas co-constructores y en permanente aprendizaje del oficio, desafiados por los cambios históricos y culturales”,  fue la reflexión que hizo Mons. Heriberto Bodeant secretario general de la conferencia episcopal de Uruguay, durante la ceremonia Eucarística que este 21 de marzo abrió los trabajos de la reunión de secretarios generales de los episcopados de América Latina y el Caribe reunidos del 20 al 22 de marzo en Bogotá.

Camino al jubileo

En su homilía, el obispo abogó porque «el Jubileo de 2025 nos ayude a seguir caminando, como peregrinos de esperanza hacia nuestra meta; sin desentendernos, sino haciendo nuestras, las alegrías y esperanzas, las angustias y tristezas de la humanidad de nuestros días. Esa inmensa multitud que está llamada a reconocerse y ser parte de la descendencia de Abraham».

Un anhelo que explicó trayendo a la memoria una anécdota personal en la que siendo joven, conoció en su parroquia a un sacerdote enamorado de la palabra de Dios. El consagrado les compartió una serie de charlas tituladas “el Dios de los padres”, en aquel entonces se refería al caminar en la fe, de Abraham, Isaac y Jacob. “Hablándonos sobre Abraham, nos hizo rehacer su itinerario en la tierra a la que Dios lo había conducido, esa tierra donde Abraham residía como extranjero, como aparece en la liturgia de hoy”, afirmó.

Para el prelado aquellas charlas fueron “mostrando como Abraham iba recorriendo la tierra, llegaba a un sitio, desplegaba su tienda, edificaba un altar e invocaba el nombre de Yahveh, acciones que repitió en las localidades de Siquem, Betel y Hebrón”.

Frente a lo que el obispo aseguró, «Abraham entendía que cada lugar parecía un punto de llegada, un sitio adecuado para instalarse, pero ese lugar pronto se volvía punto de partida”, circunstancia que comparó con la vida de los obispos. “He recordado aquellas charlas, cada vez que me ha tocado un cambio, porque así suele ser nuestra vida de pastores, enviados de una a otra comunidad, parroquial o diocesana”.

Si bien, monseñor Bodeant reconoce que “no siempre ha sido necesario desplegar la tienda”, como en el relato evangélico; ya sea porque generalmente están ante una casa en buenas condiciones o quizá no les ha tocado edificar un altar; no faltan otro tipo de experiencias como la que conoció de un obispo de Republica Dominicana que empezó casi de ceros, pero no en lo concerniente a la estructura de la curia, los organismos pastorales, el oficio catequístico o cosas de ese estilo; más bien se trataba de construir un “puente sobre un río, porque no había cómo cruzar para una parte de la diócesis”.

Las piedras vivas

Momentos que para el prelado uruguayo, muestran que quizá los obispos no tendrán que adelantar obras de ingeniería, pero sobre ellos pesa una tarea aún más decisiva, si hablamos de los procesos de fe en las comunidades. “Siempre nos toca participar en una construcción en marcha y nunca acabada, es la construcción del templo de las piedras vivas”, indicó. Se trata de las personas, frente a lo que es consciente de que “no son el constructor, porque la comunidad es ese edificio de Dios y su fundamento es Cristo», como lo asegura San Pablo en la carta a los Corintios. Es un camino que resulta determinante para la construcción de la Iglesia y el fortaleciminto de la fe de los creyentes.

Para monseñor Bodeant así como en el pasaje evangelico, Dios establece los términos de su alianza con Abraham que «debe caminar en la presencia de Dios y ser irreprochable. Dios lo hará padre de una multitud y le dará en posesión la tierra donde Abraham reside como extranjero», lo que igualmente es muy consencuente con el llamado a servir desde el episcopado.

Para muchos «poseer un poco de tierra es una meta que mueve a muchas personas en el mundo»,  quizá es algo muy presente en los sueños de los migrantes. «Será el terreno para una casita, será una tierra para cultivar, será un predio para montar una empresa… se conseguirá ocupando una parcela y haciendo parte de un asentamiento o se adquirirá luego de años de trabajo y ahorro sacrificado».

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Una búsqueda constante

Sin embargo, hay otro sueño que habita el corazón de hombres y mujeres y es el de hallar el lugar al que pertenecen, algo que está más allá de los territorios, por lo que se remontó a «la historia de la mujer de una novela que llevaba viviendo mucho tiempo en un cuarto de pensión y había impreso unas tarjetas de visita o tarjetas de negocios. Pero en la tarjeta no aparecía su domicilio, sino la expresión travelling: “en viaje” y cuando le preguntaron por qué no escribía su dirección, ella dijo que era porque no había encontrado el lugar al que pertenecía y que cuando lo encontrara lo escribiría».

Frente al tema el prelado agregó que en el sur del continente existe un término para definir eso, se llama «querencia» y «se refiere al lugar donde he nacido o aquel lugar donde me he establecido o donde me han enviado, pero, ante todo, no es el lugar que me pertenece sino el lugar al que pertenezco», lo que igualmente resulta coherente con el caminar de cualquier obispo. 

“Quisiera quedarme. Este lugar me gusta. Aquí desplegué mi carpa, aquí hice mi altarcito e invoqué el nombre del Señor… pero me voy, me ausento, sigo buscando, siempre movido por el ansia, por el deseo de encontrar ese lugar al que definitivamente pertenezco,» afirmó explicando que es una postura para la que es preciso comprender que «nuestra querencia, nuestro lugar de pertenencia, no es otro que la Casa del Padre. Somos peregrinos en la tierra, caminamos confiados en la promesa de Dios a Abraham, hacia la patria celestial, como aparece en la carta a los Hebreos; hacia nuestra definitiva querencia», es lo mismo que en el Evangelio leemos en el pasaje en el cual «Jesús refiere el gozo de Abraham que ve y se goza en el Día de Jesús, Hijo del Padre e hijo de Abraham, porque es camino hacia la puerta de la Casa del Padre» y es ahí a donde realmente pertenecemos.


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