En distintas diócesis del país, la Iglesia chilena conmemoró el Día Internacional del Trabajador con celebraciones eucarísticas, mensajes pastorales y signos que resaltaron el valor del trabajo humano, su dignidad y los desafíos que enfrentan hoy miles de trabajadores.
Oración por la dignidad laboral y llamado al diálogo
En la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Penco, en la Concepción, la comunidad se reunió para celebrar la Eucaristía en honor a San José Obrero. La misa fue presidida por el arzobispo Sergio Pérez de Arce, junto al obispo auxiliar Óscar García y otros ministros.
Durante la celebración, el arzobispo invitó a orar “por todos las trabajadoras y trabajadores… pidiendo que sean siempre respetados en su dignidad, puedan tener condiciones justas para laborar y puedan desarrollarse como personas”. También tuvo palabras para quienes sufrieron los incendios del verano, recordando que la comunidad ora por ellos “en este tiempo en que se están levantando”.
En su homilía, hizo hincapié en que el trabajo es parte esencial de la vida humana, recordando que Jesús mismo lo vivió, e insistió en que “vivimos tiempos convulsionados… ojalá la preocupación por el trabajo y la dignidad del trabajador siempre esté presente”. Asimismo, calificó el desempleo como una “tragedia” y llamó a enfrentar los desafíos sociales mediante el diálogo: “no hay mejor manera de buscar lo que Chile necesita sino a través del diálogo y el acuerdo”.
También abordó la realidad migratoria, recordando que los migrantes “son personas que también necesitan un trabajo digno, protegido”. La celebración incluyó signos de esperanza como el encendido de velas y la bendición de las manos de los trabajadores.
El trabajo como vocación y participación en la creación
En la Diócesis de Chillán, la Eucaristía fue presidida por el obispo Andrés Ferrada, quien reflexionó sobre el Evangelio del día resaltando que Jesús compartió la vida del trabajador: “¿No es este el hijo del carpintero?”.
El obispo explicó que el trabajo tiene su raíz en la creación y que hombres y mujeres están llamados a ser “co-creadores”, contribuyendo no solo al sustento diario, sino también a la construcción de la familia y la sociedad. Además, recordó que esta vocación fue redimida por Cristo. Dirigiéndose a quienes enfrentan dificultades, expresó cercanía con los desempleados, invitando a orar por oportunidades laborales dignas, y también por quienes no pueden trabajar por enfermedad o edad.
Uno de los momentos más importantes fue la bendición de herramientas de trabajo llevadas por los fieles al altar, como signo de entrega de la vida cotidiana.
El trabajo no puede reducirse a criterios económicos
En la Diócesis de Copiapó, la Eucaristía se celebró en la parroquia San Francisco, presidida por el obispo Ricardo Morales Galindo, con la participación de autoridades y representantes del mundo laboral.
En su homilía, el obispo remarcó que el trabajo “posee una dignidad que no puede ser rebajada ni tratada solo desde criterios económicos”, subrayando que cada trabajador tiene “rostro, historia, familia, cansancios y esperanzas”.
A su vez, llamó a comprometerse con quienes viven situaciones de precariedad, cesantía o discriminación, incluyendo migrantes y personas mayores. La celebración incorporó símbolos propios de la realidad local, como minerales, uvas y pan, representando el esfuerzo de distintos sectores laborales.
El trabajo como camino de amor y dignidad
En su mensaje por esta fecha, Mons. Ignacio Ducasse Medina, arzobispo de Antofagasta, recordó que el trabajo “no es sólo una forma de ganarse la vida, sino también un camino para servir y sostener a la familia”.
Inspirado en San José Obrero, dijo que trabajar también es amar, citando que es “la expresión diaria de amor en la vida de la Familia de Nazaret”, según la exhortación Redemptoris Custos.
El arzobispo advirtió que, aunque existen avances en derechos laborales, aún persisten desafíos como la precariedad, la informalidad y los bajos ingresos. Recordó que “el obrero merece su salario” y subrayó que no todo trabajo dignifica si implica explotación o vulneración de derechos. En esa línea, aseguró que “un empleo que explota, humilla o no permite vivir con tranquilidad no dignifica plenamente”, insistiendo en que el trabajo debe garantizar remuneración justa, descanso y vida familiar.
Hizo un llamado a valorar el trabajo y a comprometerse con mejores condiciones laborales: “el trabajo dignifica cuando permite vivir con esperanza, sostener la familia y participar en el bien común”.
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