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Sermón de las ‘Siete Palabras’ de los Obispos colombianos para este Viernes Santo

Fotos: Obispos de Colombia

Como es tradición en la Iglesia católica, cada Viernes Santo, se conmemora la Pasión y la Muerte de Cristo, que representa aquellos sufrimientos que soportó Jesús de camino a la cruz en el Monte Calvario. Una tradición inspirada en las últimas siete frases que pronunció Cristo en la cruz y que están escritas en el Nuevo Testamento.

En este contexto, la Conferencia Episcopal de Colombia ha preparado un material de reflexión, que siete señores arzobispos hacen a propósito de dichas palabras y que están asociadas a los grandes desafíos de la realidad nacional de este país.

 

PRIMERA PALABRA: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” a cargo del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.

¡Arriesguémonos a perdonar!

Esta primera palabra se refiere al perdón. El cardenal plantea la pregunta ¿Tenemos la capacidad de orar por quienes nos hacen el mal, por quienes nos persiguen o nos calumnian?, a partir de ahí dice que, el perdón de Jesús desde la cruz no es una estrategia contra la violencia, tampoco es una negociación, «el perdón de Jesús es un poderoso acto divino de liberación por amor».

Señala que perdonar “no es de ingenuos, ni de débiles, perdonar es de sabios con la sabiduría de la Cruz y de los fuertes, con la fortaleza de Jesús crucificado» y agrega, «Solo la cultura del perdón logra romper en Colombia con los eslabones de la violencia y de la guerra».

Observa que la verdadera paz y reconciliación de Colombia, se fundamentan en la conciencia de hombres y mujeres que están “libres de la reacción tóxica del rencor y de la venganza, que migran de la lógica del desquite y se dejan conducir por el Espíritu Santo”.

 

SEGUNDA PALABRA: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” a cargo de monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín.

El verdadero paraíso es Dios

Esta segunda palabra hace referencia a Jesús en la cruz entre dos malhechores, se burlan de él los soldados, lo han abandonado los discípulos. Sin embargo, uno de los dos malhechores, que vive el mismo sufrimiento atroz y que necesita ayuda se confía en él. Le nace la fe y reconoce en Jesús el Mesías esperado.

Esta fe lleva a quien llamamos el “buen ladrón” a descubrir en Jesús un verdadero rey, un rey paciente que sufre injustamente el abandono y la ingratitud de aquellos que él no se avergüenza de llamar hermanos. Por esta fe, tuvo el coraje, en medio de las blasfemias y las burlas, de llamarlo por su nombre, de reconocerlo como su salvador y de dirigirle una humilde súplica: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. Así, obtuvo la gracia de escuchar estas palabras: “Hoy estará conmigo en el paraíso”.

El arzobispo de Medellín, contextualizándolo esta reflexión bíblica a la realidad del país, observó que, amplios sectores de la sociedad no tienen esa fe y esa esperanza o mejor parece no interesarles, solo viven pensando en construir «su propio paraíso en la tierra», en la acumulación de capital, la competitividad, el confort y la banalidad. Todos estos proyectos -explica- contaminan la vida de la sociedad, generan desigualdad y reducen a la pobreza a muchas personas. «El consumismo nos ha manejado a todos y todos hemos colaborado. Se ha puesto el énfasis en lo económico y no en lo social. Esto va propiciando que crezca en amplios sectores un gran malestar (…) Este sistema nos está asfixiando, nos entretiene con espectáculos, nos atrofia la inteligencia y la afectividad, no nos da tiempo para ser humanos».

Advierte que, si bien esta crisis es peligrosa, también es una oportunidad para realizar algo nuevo y mejor. “Se debe volver a lo esencia de la vida, generar amor en las personas que nos rodean y vivir una verdadera vida espiritual”. Dice además que «encontrar la vida verdadera en Cristo debe llevarnos, en primer lugar, a un compromiso serio por construir una tierra nueva donde habite la justicia, donde haya oportunidades de salud, de educación, de empleo, de convivencia en la libertad y de vida con dignidad para todos».

 

TERCERA PALABRA: “He aquí a tu hijo, he aquí a tu madre” a cargo de monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, arzobispo de Popayán y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia

María es maestra de esperanza

En este marco de crueldad con su hijo bueno nace quizá una misión que no es fácil de comprender. Aquí está muriendo el hijo, pero también está naciendo algo nuevo que supera toda expectativa. “Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo, ahí tienes a tu madre”. Es la agotada palabra de Jesús para su madre. Esta palabra no parece ser solo la expresión caritativa de un hijo frente a una madre que lo pierde todo.

María es enviada como testigo y víctima, de modo que este dolor tenga utilidad salvífica. En el marco de la voluntad de Dios, Dios mismo llama a María a una misión desde el dolor, para que en ella ninguna víctima injusta quede condenada a una básica resignación. El Señor no solo nos entrega a una madre, a cada discípulo del camino, sino que le entrega una madre al dolor injusto, una madre para afrontar con sentido el sufrimiento a partir de Dios mismo.

“En esta tercera palabra tenemos la oportunidad de entender que desde el dolor se puede asumir una misión que afronte y enfrente al dolor mismo. Las víctimas están invitadas a partir de María, a asumir una misión para el mundo. Desde la maternidad de María es posible afrontar y transformar el dolor sin destruirse y denunciarlo para contenerlo”, señala monseñor.

Siguiendo esta reflexión bíblica, monseñor Omar Sánchez señala que toda víctima está en el corazón de Jesús y María. Observa que Colombia lleva un acumulado de sufrimiento por años y se siente sumido en el dolor humano. «Víctimas y victimarios estamos atrapados en un pasado y en un presente de inhumanos hechos».

A este panorama de dolor e injusticia, dice, se debe enfrentar «esa verdad, asumir esa realidad y escandalizarnos por nuestra capacidad de mal». Advierte que el camino nunca será «normalizar el horror, maquillar lo impresentable, ignorar toda forma de sufrimiento y dolor y borrar sin vergüenza este drama» todo esto advierte tienen un lugar en el corazón de Dios y de María

 

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CUARTA PALABRA: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” a cargo de monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja

Solidaridad de Jesús con el que sufre

Mediante esta palabra Jesús expresa el dolor inmenso en la cruz, sin fuerzas, abandonado de todos. Es el momento en el que Dios Padre nos presenta a Jesús, hecho hombre, condenado a muerte como un malhechor, que carga con el peso de nuestros pecados.

En esta cuarta palabra señala el arzobispo, se hace manifiesta la solidaridad de Jesús con todas aquellas personas que hoy viven grandes sufrimientos, pruebas y angustias. En los momentos de lágrimas y dolor, el ser humano puede sentir que Dios está lejos, que se ha ido, que Dios no puede, que castiga, que no se preocupa de los problemas y sufrimientos de sus hijos.

“Ante los problemas que sufrimos en Colombia, ante las situaciones de nuestras ciudades, ante los casos de inseguridad, de los atentados, ante la zozobra que viven los habitantes de varias regiones del país, algunos parecen decir, Dios nos ha abandonado (…) Sería mejor admitir que somos nosotros los que en muchas oportunidades nos hemos olvidado de Dios, los que nos hemos alejado de su amor.

Monseñor Villa Vahos, afirma que la paz en Colombia no será posible si los valores por el respeto a la persona humana, el significado y valor de la vida, del trabajo honrado y la verdad, no son una prioridad. «Mientras primen los intereses particulares que conducen a la corrupción, mientras persistan los egoísmos y campeen el desprecio por el valor de la persona, no se podrá forjar una sociedad justa y pacífica”. Para ello ha dicho «Necesitamos la luz superior, el temor de Dios para poder retomar el rumbo».

 

QUINTA PALABRA: “Tengo sed”, a cargo de monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali.

La sed de felicidad se quiere

En la reflexión de esta palabra «Tengo sed», el arzobispo Cali expone las consecuencias que en Colombia y en el mundo entero se viven por cuenta del fenómeno del niño. Comunidades sin agua, acueductos secos, represas disminuyendo sus niveles, todo esto por la falta de agua. «La misma naturaleza ha sufrido la consecuencia del calentamiento global y de las altas temperaturas con las quemas forestales y la disminución de los pastos para el ganado y la agricultura».

Todo esto ha dicho el prelado ha llevado a que haya una «sed física» en buena parte del país, pero también hay hambre. «Como bien lo sabemos, crece el número de personas que no pueden tener las comidas en el día».

Frente a este panorama el prelado se pregunta ¿Si parto de esta realidad humana que hemos vivido dura e inclemente, ¿Cómo no imaginar la sed que sentía el crucificado que, por la pérdida de sangre, la sed se agudizaba? Dice que esa exclamación de Jesús ¡Tengo sed! es porque debió sentir angustia y su cuerpo no le respondía. «Pero su grito fue también un grito de auxilio en favor nuestro, parecido al: “Padre Perdónalos…”

El arzobispo menciona aspectos como la violencia, la pérdida de valores, la falta de respeto del otro y de la diferencia, el no cuidar la vida en todas las etapas de su desarrollo, los estados de ánimo depresivos, la destrucción de la casa común, entre otros aspectos que dice no están funcionando y es aquí advierte “que la sed de felicidad se quiere”.

 

SEXTA PALABRA: “Todo está consumado”, a cargo monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla

Demos el primer paso, no nos cansemos de hacer el bien

Jesús puede decir en la Cruz, “todo está consumado”. No queda más por hacer. Todo cuanto era necesario, se ha hecho. Sí. Todo está consumado para bien, porque lo que se ha hecho, se ha hecho con amor hasta el extremo. En Cristo, nada está consumado para el mal. Es ahora, entonces, con su muerte, donde se hace fecunda, la vida y la salvación para todos los hombres.

«La figura de Cristo, contemplada desde el “amor hasta el extremo”, interpela hoy la superficialidad con la que muchos asumimos nuestra vida y nuestras responsabilidades», ha dicho el arzobispo de Barranquilla. Expuso, además, como en los ámbitos social y eclesial se ve la falta de compromiso y seriedad con la que tantas personas enfrentan hoy la vida y sus concretas responsabilidades, esto ha dicho las personas están apegadas a la superficialidad y al facilismo.

Agrega que, todos los colombianos quisiéramos una vida mejor, relaciones fraternas y respetuosas, pero nadie se quiere comprometer, ni aportar para hacer el bien y mucho menos dar el primer paso para que todo esto cambie. «Somos expertos en la crítica mal sana, los comentarios indebidos, los juicios temerarios y de una intolerancia que no admite la diferencia» y todo esto ha dicho ha invadido todos los ámbitos de la vida familiar, personal y social.

Frente a este panorama, el prelado invitó a los colombianos a poner su mirada en Jesús, «en él, recobremos las fuerzas para seguir, para caminar, para dar el primer paso, no nos cansemos de hacer el bien (…) No nos pongamos en la fila de los que hacen el mal».

Finalmente, recordó la responsabilidad que tenemos con los jóvenes «como seguir ignorándolos, envenenándolos con propuestas indecentes y vicios cada vez más al alcance de sus manos», y agregó «ellos están llenos de sueños y esperanza y son el activo más importante de este país y de la Iglesia».

A los jóvenes los animó a cuidarse, a valorar sus vidas y a hacer realidad sus sueños y esperanzas. «Jesús los enamore con su Gracia y con su ejemplo de vida hasta el extremo. Ustedes están en el corazón del Papa Francisco, en el corazón de la Iglesia, en el corazón de los colombianos de bien».

 

SÉPTIMA PALABRA: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, a cargo de monseñor José Miguel Gómez Rodríguez, arzobispo de Manizales

Volver a Dios, volver a escuchar su Palabra

Se quiere decir con esta expresión: “Me pongo en tus manos, me pongo totalmente en tus manos”. Volviendo la mirada sobre el salmo 31, salta a la vista que esta es la oración de una persona que siente que cree en Dios, que trata de hacer las cosas bien y que, sin embargo, está perseguido y lastimado por todos lados. Hay muchas cosas que no entiende y, sobre todo, muchas injusticias que se cometen contra él.

Por supuesto que, como cualquier ser humano que se siente tentado, podría rebelarse y decir: “Por mis propios medios me busco yo la justicia”, pero no lo hace. Él reflexiona, recapacita y se da cuenta de que no es con sus propias manos como va a resolver las cosas.

«Vivimos, en efecto, en tiempos en que es fácil sentir la crisis, la crisis que nos golpea por todos lados. Vivimos tiempos muy difíciles en los que la experiencia de la mayoría de la gente es que todo está más caro y todo está más inseguro. Vivimos tiempos en los que la situación hace que muchas personas piensen, incluso en ya no luchar más”, señala el arzobispo.

Aseguró que, precisamente en esta súplica de Jesús “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, está la respuesta a tantas situaciones y problemáticas sociales que vive hoy la sociedad, donde se ha perdido el respeto a la vida, respeto por las autoridades y las instituciones, y algunos quieren sembrar anarquía, que convienen solo a un proyecto político, todos estos males, agregó, «deben ser una oración constante que se haga a Dios para pedir por la conversión.

Concluyó señalando que, si bien las soluciones no están al alcance de nuestras manos, «porque tienen que ver con la libertad humana torcida por el pecado», si podremos encontrar una salida, volviendo la mirada a Dios. «Por eso, digámosle con Cristo: “Padre, en tus manos ponemos nuestro país, nos ponemos nosotros mismos y ponemos todo aquello que nos preocupa””.

 

 

 

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