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Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles llama a una transición justa y ética frente a la crisis climática en Santa Marta

En la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, se desarrolló la rueda de prensa de las Iglesias del Sur Global, un espacio en el que obispos, representantes eclesiales y actores de la sociedad civil expusieron su visión frente a la crisis climática, subrayando su dimensión ética, espiritual y social.

El encuentro llamó a avanzar hacia una transición justa, participativa y global, en la que las comunidades, especialmente las más vulnerables, sean protagonistas de los procesos de cambio.

Urgencia global con impacto local

El obispo anfitrión de la diócesis de Santa Marta, Mons. José Mario Bacci, dio la bienvenida resaltando la relevancia del momento histórico que atraviesa el mundo. “Nos encontramos, lo sabemos bien, en un momento decisivo. La sociedad necesita avanzar hacia modelos energéticos responsables y por eso esta transición hacia más allá de los combustibles fósiles es una urgencia que nos toca a todos”, dijo.

El prelado subrayó además que este desafío es moral, lo que interpela directamente a la misión de la Iglesia en medio de las comunidades: “Hay desde luego un componente moral, un llamado de fondo a la sociedad y por eso también la Iglesia Católica y otras confesiones religiosas han visto en esta convocatoria de países un llamado muy directo que nos compromete de lleno en nuestra misión”, sostuvo.

En esa línea, insistió en que este proceso debe trascender los espacios de decisión y llegar a las bases sociales. “Queremos que sea también un momento de difusión de este mensaje que alcance a muchas personas, que comience también a hacer este asunto no solamente diálogo de élites, sino compromisos de las comunidades desde la base”, enfatizó.

Acción conjunta desde la Iglesia latinoamericana

Por su parte, Mons. José Domingo Ulloa, segundo vicepresidente del Celam, hizo hincapié en la necesidad de fortalecer la cooperación internacional como base para una transición efectiva. “Somos conscientes que la transición justa no puede construirse desde la lógica de cada nación e iglesia por su cuenta. Necesitamos un multilateralismo real, cooperación y colaboración entre países dispuestos a asumir juntos las transformaciones que este momento histórico exige”, expresó.

El arzobispo remarcó el valor del trabajo conjunto entre iglesias del Sur Global, resaltando la construcción de un manifiesto común: “Lo grandioso es un documento de las iglesias del sur global, construido conjuntamente con África, Asia, tres continentes, una sola voz. Eso no había ocurrido antes con esta claridad y contundencia”.

A su vez, detalló propuestas practicas impulsadas desde este proceso, entre ellas la creación de un observatorio social y académico: “Proponemos un observatorio social y académico para una transición justa, una alianza independiente entre estados, academia, sociedad civil y sector privado que verifique los compromisos y mida los impactos reales en salud, educación y derechos laborales”.

El prelado también mencionó iniciativas como el canje de deuda por acción climática y la creación de un comité ético interreligioso, subrayando que “los pueblos no deben ser receptores pasivos, deben ser protagonistas activos”.

Las iglesias del sur global nos comprometemos a no callar, a educar a nuestras comunidades, a interpelar a nuestros gobernantes con la fuerza de la fe y la caridad de la ética”, dijo, manifestando el compromiso de las iglesias en el decenio por la justicia climática.

La Iglesia como actor social y político en la crisis climática

Mons. Juan Carlos Barreto, presidente de Cáritas Colombiana, enfatizó el papel de la Iglesia como parte activa de la sociedad civil y su responsabilidad en la incidencia pública: “La iglesia hace presencia en estos espacios primero porque es parte de la sociedad civil y segundo porque tenemos la teología de la creación que nos invita a expresar públicamente nuestras convicciones y a tomar decisiones también en la práctica”.

El obispo habló sobre la trayectoria de participación de la Iglesia en espacios internacionales como las COP y otros foros globales, y subrayó el fundamento teológico de su acción. “Somos una institución de 2000 años que dice la crisis climática es una crisis moral y espiritual y las crisis exigen conversión, no es solo un tema de tecnología”, expresó.

Asimismo, resaltó la importancia de la escucha como base de la acción eclesial: “Hemos escuchado a los científicos, a los jóvenes, a los movimientos sociales y a las comunidades que viven en carne propia lo que estos documentos expresan. Una iglesia que escucha, es una iglesia que aprende y una iglesia que aprende es una iglesia que puede hablar con autoridad”.

Transición energética justa, gradual y equitativa

En cuanto a la transición energética, insistió en que debe ser justa, gradual y equitativa: “No podemos tomar decisiones inmediatas y sin planificación. Debe ser una transición que respete los derechos de los trabajadores, de las regiones, de los países y de los pobres”.

También advirtió que el mundo enfrenta una situación límite que exige decisiones urgentes: “Si no queremos ir hacia la autodestrucción, hay que tomar decisiones. Es como una casa después de un terremoto: hay que intervenirla, aunque implique sacrificios”.

La voz de los territorios y la defensa de la vida

Desde la Red Eclesial Panamazónica (Repam), Clara Ximena Lombana llevó la voz de los territorios, destacando la necesidad de una transición integral: “No podemos hablar de territorios libres de combustibles fósiles si en los territorios no hay soberanía alimentaria, hídrica, energética y económica”.

También alertó sobre la relación entre conflicto armado y extractivismo: “No puede haber transición ni territorios libres si no hablamos de paz justa. Quienes despojan la tierra invierten esas ganancias en armas y en ciclos de desestabilización y muerte”.

Esta transición no puede implicar pasar de combustibles fósiles a la transición minera, porque estamos viendo un auge desenfrenado de proyectos mineros con iguales o peores efectos”, dijo, advirtiendo sobre los riesgos de sustituir un modelo extractivo por otro.

Lombana hizo un llamado a fortalecer mecanismos de protección de derechos y participación: “No queremos más impunidad, no queremos más mártires, sino a la gente viva y actuando en territorio”, expresó, en referencia a la situación de líderes ambientales.

Espiritualidad, justicia social y transformación cultural

Por su parte, Isabel Peralta, representante de la Red de Fe por la Justicia Climática de Abya Yala, remarcó la dimensión espiritual de la crisis climática: “La crisis climática que enfrenta el planeta no es solo un problema ambiental, sino también una profunda crisis espiritual, ética y de sentido, que demanda una transformación cultural”.

Destacó la conformación de una coalición interreligiosa del Sur Global que impulsa un tratado de no proliferación de combustibles fósiles: “Esta coalición ha firmado un llamado para aprobar el manifiesto del tratado de no proliferación de los combustibles fósiles, con la participación de 19 grandes redes y organizaciones de fe”.

Una transición justa ubica en el centro a las víctimas y sobrevivientes del sistema dominante. No hay justicia climática sin justicia social”, dijo, asegurando que la transición debe centrarse en las comunidades afectadas. Al mismo tiempo, insistió en “la promoción y mantención de la paz es innegociable y urgente, y está profundamente conectada con la transición más allá de los combustibles fósiles”.

Participación, articulación y compromiso desde las bases

Durante el espacio de preguntas, los ponentes manifestaron la necesidad de fortalecer la participación comunitaria, la articulación entre actores y la incidencia desde lo local. Ximena Lombana señaló que “si este tratado no tiene conexión a tierra, no es alimentado desde la libre determinación y la consulta de los pueblos, no tendría sentido”.

Por su parte, Mons. Barreto dijo que la Iglesia actúa en todos los niveles: local, nacional e internacional, articulándose con sociedad civil, academia y otros actores, “desde un componente ético que nos une a todos”. En tanto, Mons. Bacci insistió en la necesidad de una mayor conciencia local: “El tema ambiental no es aún central ni en el ambiente eclesial ni en las decisiones políticas locales. Es un llamado a la conversión también para la Iglesia”.

Por su parte, Isabel Peralta resaltó el papel de las mujeres en este proceso: “Son las más afectadas por la crisis climática, pero también son parte fundamental de las soluciones y del cuidado de la vida”.

La rueda de prensa concluyó señalando el compromiso de las Iglesias del Sur Global de continuar impulsando una transición justa, con incidencia política, participación comunitaria y una ética centrada en el cuidado de la casa común.

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