La unidad cristiana constituyó el pilar del Encuentro Nacional de Delegados de Ecumenismo, que se desarrolló del 8 al 11 de septiembre en Cochabamba, Bolivia, con la participación de representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. El espacio combinó formación, oración, intercambio de experiencias y revisión de la tarea ecuménica en las comunidades.
El encuentro fue inaugurado con una Eucaristía presidida por monseñor Luis Durán, obispo auxiliar de La Paz y responsable de la Sección de Ecumenismo del Área de Evangelización de la Conferencia Episcopal Boliviana. Durante la celebración, el prelado habló sobre el valor del diálogo fraterno y de la unidad de los creyentes como punto de partida para el trabajo pastoral.
La jornada reunió a delegados de jurisdicciones como La Paz, Potosí, Santa Cruz, Cochabamba, el Obispado Castrense, los vicariatos apostólicos de Camiri y Ñuflo de Chávez, la Prelatura de Aiquile y la Diócesis de Oruro. El programa tuvo como propósito articular las experiencias locales con las orientaciones de la Iglesia universal y de organismos ecuménicos.
Formación para el diálogo
Uno de los primeros temas abordados fue el papel del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la aplicación del Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo. El padre Manuel Hurtado, presidente de la Facultad de Teología San Pablo de la Universidad Católica Boliviana, presentó la naturaleza y trayectoria del organismo de la Santa Sede y explicó algunos criterios del Directorio Ecuménico de 1993.
Entre los aspectos abordados estuvieron las orientaciones para la admisión de bautizados, los matrimonios mixtos y las celebraciones de oración ecuménica. El sacerdote también invitó a los delegados a revisar la situación de sus propias comisiones, fortalecer sus equipos y contar con el acompañamiento de sus obispos.
La formación incluyó también un acercamiento al Consejo Mundial de Iglesias y al Consejo Latinoamericano de Iglesias, presentado por la religiosa Eileen Briedge FitzGerald, de la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. La expositora explicó la historia, estructura y relevancia de ambas instancias para el movimiento ecuménico. Recordó que la Iglesia Católica no forma parte como miembro oficial del Consejo Mundial de Iglesias ni del Consejo Latinoamericano de Iglesias, aunque mantiene espacios de colaboración y participación, especialmente en comisiones teológicas y como observadora en asambleas.
Unidad en la diversidad
Uno de los planteamientos que atravesó las jornadas fue comprender la unidad cristiana como comunión en la diversidad, y no como uniformidad. En este sentido, los participantes reflexionaron sobre la necesidad de superar barreras históricas entre las distintas confesiones cristianas y construir espacios de cooperación, oración y diálogo.
Los informes presentados por las delegaciones permitieron compartir experiencias desarrolladas durante la gestión 2025-2026. Entre ellas se mencionaron la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los círculos de oración mensuales y diversas iniciativas culturales y pastorales orientadas a promover la paz y la fraternidad.
También se resaltó el trabajo de sensibilización y formación dirigido a catequistas y agentes pastorales, así como la elaboración y distribución de materiales litúrgicos relacionados con la unidad. Los delegados identificaron, al mismo tiempo, la falta de conocimiento sobre el ecumenismo en algunos espacios parroquiales como uno de los desafíos que todavía deben afrontar.
Las delegaciones compartieron experiencias de acercamiento a comunidades bahá’ís, budistas, musulmanas, sij y otras expresiones espirituales, a partir de valores compartidos como la paz, la justicia y la misericordia. También se señalaron iniciativas desarrolladas junto con instituciones académicas y organismos internacionales en ámbitos sociales y comunitarios.
Los jóvenes, protagonistas de la unidad
La participación de las nuevas generaciones ocupó un lugar especial en el encuentro. El padre Juan Ciro Villafuerte, párroco de Nuestra Señora de La Paz en Tiquipaya, sostuvo que el ecumenismo requiere pasar de la reflexión teórica a experiencias concretas en las comunidades: “El trabajo ecuménico tiene que realizarse y ponerse en práctica, pero para esto se requiere todavía mucha formación y preparación”.
El sacerdote identificó cuatro aspectos necesarios para avanzar en esta tarea: madurez eclesial y sacerdotal, formación y capacitación, testimonio de la verdad en la caridad y una pedagogía adecuada para comunicar el valor de la unidad a las nuevas generaciones.
Pidió reconocer a los jóvenes como constructores de unidad y puentes en la sociedad, ofreciéndoles espacios reales de participación y liderazgo. La propuesta estuvo vinculada con la oración de Jesús recogida en el Evangelio de Juan: “Que todos sean uno” (Jn 17,21).
Identidad que se abre al encuentro
Durante la segunda jornada, monseñor Luis Durán también invitó a los delegados a partir de una identidad católica clara antes de emprender el diálogo con otras comunidades cristianas. “Es importante estar bien seguros; primero convencerse de uno mismo y decir: ‘Yo soy cristiano católico, estoy bautizado’”, señaló durante la homilía.
El obispo relacionó esta identidad con una vivencia cotidiana del Evangelio y con el mandato cristiano de amar incluso a los enemigos y hacer el bien sin esperar recompensa. En esa línea, recordó que las obras de misericordia deben realizarse desde el amor y no desde la búsqueda de beneficios.
Para Mons. Durán, el camino ecuménico requiere también conocer y seguir las orientaciones de la Iglesia y trabajar de manera coordinada en favor de las personas más necesitadas, haciendo del diálogo y la fraternidad una expresión concreta de la fe.
Fraternidad Cristiana
Al concluir las jornadas, los delegados evaluaron el trabajo realizado y señalaron algunos desafíos para los próximos años. Entre ellos se encuentran ampliar la formación ecuménica desde los espacios escolares y parroquiales, fortalecer las redes juveniles y aprovechar mejor los medios de comunicación para difundir una cultura de unidad y paz.
También reconocieron dificultades relacionadas con la falta de apertura en algunos sectores y con las particularidades de contextos rurales y mineros. Frente a ello, propusieron mantener abiertos los espacios de diálogo y cooperación.
El encuentro concluyó con la formulación de compromisos por jurisdicción, una evaluación general y la planificación del próximo encuentro nacional, previsto para 2027. La experiencia dejó como horizonte una tarea que, para los participantes, no se limita a actividades puntuales, y busquen formar comunidades capaces de vivir la fraternidad cristiana en medio de la diversidad.
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