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Brumadinho: Cuatro años de delito continuado

Las palabras escritas en la camiseta de un familiar de una víctima: «No fue un accidente, fue un crimen. Vale lo sabía«, son el punto de partida de la reflexión de Mons. Vicente de Paula Ferreira, Obispo auxiliar de Belo Horizonte (Brasil) al cumplirse cuatro años de un crimen que dejó 272 muertos y la cuenca del río Paraopeba destruida.

 

Daños irreparables a las comunidades

El lodo tóxico afectó a 18 municipios y 944 mil personas, “daños irreparables a las comunidades ribereñas, indígenas, campesinos y quilombolas. Destrucción de parte de la vegetación autóctona de la Mata Atlántica y de las zonas de preservación. Un trauma socioambiental inconmensurable”, resalta el obispo. En sus palabras recuerda que desde el primer momento gritaron que ¡fue un crimen!, como demostró la Comisión de investigación de la Asamblea Legislativa de Minas Gerais, que señaló como culpables a las empresas mineras Vale y Tüv Süd. A pesar de todo, “después de cuatro años, nadie ha sido detenido, ni siquiera juzgado. Es un delito continuado”, denuncia Mons. Vicente Ferreira.

El prelado reconoce que “la lucha es difícil. No fue un episodio aislado, fácil de dejar atrás. Fue la consecuencia de un modelo extractivista depredador, que insiste en operar de la misma manera. Los procesos de reparación no tienen como objetivo el bien de las comunidades afectadas, ni la protección del medio ambiente. Vale está comprando nuestros territorios, secando nuestros manantiales, matando a nuestros animales. Y, arrogantemente, quiere dominar la narrativa del crimen, en el continuo acto de silenciar la voz de la resistencia. O de mostrar, en los grandes medios de comunicación, sus obras como la solución absoluta a los problemas. Cualquier manifestación en memoria, por la justicia y la reparación, se encarga, con sus agentes, de combatirla. La forma más desleal es dividir nuestros liderazgos. Incitar al conflicto. Causar confusión y culpar a los defensores de los derechos humanos y de la tierra”.

 

Aumentan la depresión y el suicidio

Una impunidad que hace que las empresas mineras ganen fuerza, afirma Mons. Vicente. Actualmente se vive una situación judicial que perjudica la vida de las personas afectadas, hasta el punto de que “además de la falta de castigo, especialmente en los últimos cuatro años, las licencias mineras han aumentado, de forma aterradora”. Junto con eso, como ha denunciado el propio obispo, existe “el sufrimiento psicológico en las tragedias socioambientales. Aumentan la depresión y el suicidio”. A eso se une la inseguridad en cuanto a la calidad del agua, con la llegada de de muchos trabajadores al territorio, la desarmonía social y ecológica se ha acelerado.

Esto forja, según el obispo “un contexto favorable para el crecimiento de la violencia contra las mujeres, los abusos sexuales, los conflictos entre grupos y familias. Un auténtico colapso en varias dimensiones. Todo liderazgo contrario al sistema de minidependencia sufre algún tipo de amenaza. Son injurias, calumnias o difamaciones. Algunos ya participan en programas de protección de defensores de los derechos humanos”.

 

Necesidad de un cambio de política hacia las transnacionales

Inundaciones que perjudican gravemente a las comunidades, polvo agresivo en época de sequía, incendios, son situaciones que afectan a una población que solo ve “el aumento del número de camiones cargados de mineral”, denuncia Mons. Vicente. Son las acciones de un imperio minero, al que denuncia, pues le considera “ingeniería terrorista”. Por ello reclama un cambio en “la política hacia estas organizaciones transnacionales que operan en la explotación de nuestro suelo brasileño. El extractivismo, la minería y el agronegocio deben ser afrontados con responsabilidad, priorizando la soberanía popular y la sostenibilidad de la biodiversidad”.

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Pero también elogia las redes de resistencia de las comunidades frente a tantos ataques. “Son colectivos de afectados, asociaciones familiares, proyectos de agroecología, luchas de movimientos sociales, etc.”. Algo que se hará presente en la IV Peregrinación por la Ecología Integral a Brumadinho, que se celebra el 25 de enero de cada año, lo que refuerza la unión de la mayoría de estas fuerzas. “Es la peregrinación de quienes creen en las profecías de otro mundo posible, sin esta trágica minería. Bajo nuestra tierra hay un bien mucho más preciado. El agua que sacia la sed y sustenta la vida en el planeta. Por eso, nuestra misión es cuidar este jardín que Dios nos ha dado. Y acelerar los procesos de reconversión ecológica. En la certeza de que todos somos hermanos y hermanas, habitantes de una casa común”, concluye el obispo.

 

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