En el contexto de la Primera Conferencia Internacional para la Eliminación Gradual de los Combustibles Fósiles, que se realiza del 24 al 29 de abril de 2026, la Red de Fe por la Justicia Climática de Abya Yala Latinoamérica y el Caribe, hizo pública su postura frente a los desafíos de la transición energética, proponiendo siete pasos “desde una inspiración profética y de esperanza”.
“Como Red de Fe por la Justicia Climática; Abya Yala Latinoamérica y el Caribe, nos pronunciamos frente a la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, en Santa Marta, Colombia, abril 2026, desde una inspiración profética y de esperanza, afirmando 7 pasos fundamentales para hacer posible esta Transición”, señala el documento.
Poner en el centro a las comunidades afectadas
El primer llamado remarca la necesidad de replantear los enfoques tradicionales de la transición energética, cuestionando no solo el “qué” y el “cómo”, sino también el “para y con quiénes”.
En este sentido, enfatizan que una transición justa debe incorporar activamente las voces de pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes, quienes han sido históricamente afectados por el modelo extractivista.
“Una transición justa ubica en el centro a las víctimas y sobrevivientes del sistema dominante, quienes han visto sus territorios despojados; ríos, montañas y ecosistemas robados de su vitalidad”, advierten.
Crítica a las lógicas utilitaristas y reconocimiento de saberes ancestrales
En su segundo punto, la Red cuestiona las políticas centradas exclusivamente en indicadores económicos y reducción de emisiones, así como los mercados de carbono y las llamadas transiciones “verdes” que no consideran los impactos en la salud y la biodiversidad.
“Exigimos una evaluación participativa obligatoria de la demanda energética y del impacto socio-ecológico previa a la aprobación de proyectos, y la aplicación de salvaguardas vinculantes, incluidas la suspensión de financiamiento y licencias en caso de riesgo de despojo, para garantizar la prevención de daños, la restitución y la reparación”, sostienen.
El tercer paso propone superar la hegemonía de la ciencia occidental en la toma de decisiones climáticas, reconociendo la validez de los saberes tradicionales y las cosmovisiones indígenas: “Una transición justa necesita la paridad epistemológica de los saberes tradicionales, las cosmovisiones y cosmovivencias indígenas, las espiritualidades y las culturas de cuidado, como fuentes legítimas y vinculantes para la toma de decisiones climáticas”.
Gobernanza comunitaria y transformación estructural del sistema
En el cuarto punto, se plantea la necesidad de transformar las estructuras de gobernanza actuales, que consideran limitadas y excluyentes. En su lugar, proponen una gobernanza basada en los territorios y culturas, con participación vinculante de las comunidades. Esta debe sustentarse en derechos colectivos como la autodeterminación, el consentimiento libre, previo e informado, así como en mecanismos de monitoreo participativo y sanciones ante incumplimientos.
La Red insiste en que no basta con sustituir fuentes energéticas sin modificar el modelo económico subyacente. En su quinto planteamiento, llaman a una transformación profunda del sistema socioeconómico global.
“Una transición justa requiere una transformación socio-ecológica y económica estructural del sistema mismo, que interpele críticamente un estilo de vida suntuoso y reconozca la deuda histórica y las obligaciones de reparación y restitución de los países del Norte”, señalan, cuestionando además “la insostenibilidad fundamental del sistema capitalista financiero sostenido por pequeños grupos de corporaciones, el extractivismo y el armamentismo”.
Hacia una transición integral y la eco-espiritualidad
El sexto paso amplía la mirada hacia una transición integral, centrada en prácticas como la agroecología, la soberanía alimentaria y las economías solidarias: “Proponemos una transición integral y perdurable, que tiene como centro la agroecología, la soberanía alimentaria, el manejo forestal local, la restauración comunitaria, las economías locales y solidarias y las políticas energéticas con enfoque social, donde las comunidades y el derecho de la naturaleza están por delante de los beneficios corporativos”.
El documento destaca el papel de las comunidades de fe en este proceso, comprometiéndose a renovar sus propias narrativas éticas y espirituales: “Nos comprometemos a transformar nuestras narrativas religiosas y éticas más allá de visiones antropocéntricas y posturas jerárquicas; continuaremos trabajando en la promoción de una ética de la relacionalidad y una eco-espiritualidad que celebra lo sagrado de la vida en esta Tierra”, concluyen.
Con este pronunciamiento, la Red de Fe por la Justicia Climática tiene el fin de incidir en el debate internacional, proponiendo una transición “más allá de los combustibles fósiles” que sea integral, participativa y centrada en la vida, para que “nuestros territorios y comunidades tengamos vida plena”.
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