Este 26 de abril de 2026, la diócesis de Quibdó, al occidente de Colombia, presidida por monseñor Wiston Mosquera Moreno, expresó su solidaridad con las víctimas de los atentados terroristas perpetrados en Cauca y Valle del Cauca. El texto condena con firmeza la violencia que deja muertos y heridos graves, y reitera el rechazo de la Iglesia a estos hechos que “enlutan al país”.
En este sentido, el prelado afirma que como Iglesia y como ciudadanos “nos duele y golpea profundamente esta situación de violencia”. A la vez, señala que los hechos de los atentados fueron perpetrados por “grupos al margen de la ley”.
Mosque Moreno recalca que la vida es sagrada e indisponible, y rechaza cualquier forma de control sobre ella: “Nadie debe autodenominarse dueño de la vida de las personas”, señala. Asimismo, advierte que la sangre derramada “clama al cielo para que se haga justicia” y exige que los culpables sean procesados con el peso de la ley.
Solidaridad con las regiones afectadas
En el pronunciamiento se expresa solidaridad con las familias afectadas, resaltando que varias de las víctimas eran ajenas al conflicto. “Nos unimos al dolor de patria”, afirma el obispo, quien además alerta sobre las consecuencias de un odio que “quiere ver solo muerte y destrucción en esta nación”.
La diócesis amplía su solidaridad al Valle del Cauca, al Cauca y al Pacífico colombiano, territorios que —según el comunicado— continúan golpeados por una violencia persistente que vulnera los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Se señala que este escenario impide a las comunidades reconstruirse y avanzar hacia una vida digna.
En este contexto, el obispo exhorta a los grupos armados a poner fin a la violencia: “Invitamos a los violentos a detener estas matanzas de colombianos en nuestras comunidades”. También insiste en la necesidad de respetar la vida y la paz en los territorios.
Llamado a la paz y a la reconciliación
La Iglesia en el pacífico, advierte que Colombia ha llegado a un límite frente a la violencia. “Colombia ya no aguanta más”, expresa, e insta a rechazar estos actos “sin ambigüedades” y recalca que lo que está en riesgo es la vida de toda la población.
El texto recuerda etapas anteriores dominadas por el miedo y la violencia generalizada, subrayando que el presente configura un retroceso significativo y doloroso. Ante ello, convoca a trabajar por una paz “estable, duradera y audaz” que permita dejar atrás esta situación.
En el cierre del mensaje, el obispo invita a fortalecer la oración y a promover una conversión personal y colectiva, destacando la necesidad de retomar valores esenciales. “Hagamos todos que la paz sea la consigna, jamás la guerra”, señala, reiterando su llamado a decir sí a la vida y no a la violencia.
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