A propósito del Día Latinoamericano de la lucha de las personas en situación de calle, que se conmemora este 19 de agosto, el padre Carlos “Charly” Olivero, impulsor de esta pastoral en América Latina, llama a la Iglesia y a la sociedad a fortalecer los vínculos, reconocer la dignidad y promover el protagonismo de quienes viven en calle.
En entrevista concedida a ADN Celam, el padre Charly Olivero invita a mirar la situación de calle desde las historias de rupturas, heridas y soledad que atraviesan a quienes la viven. Frente a esta realidad, plantea que la respuesta de la Iglesia debe superar la asistencia y comenzar por el encuentro y la construcción de vínculos.
“Una persona que terminó en situación de calle es una persona que fue cortando todos sus vínculos”, explica. Para el sacerdote, esa profunda orfandad puede estar relacionada con problemas de salud mental, dificultades económicas y rupturas familiares, heridas que, a su vez, pueden deteriorar aún más la vida y la salud mental de la persona.
“Una persona que terminó en situación de calle es una persona que fue cortando todos sus vínculos”, explica. Para el sacerdote, esa profunda orfandad puede estar relacionada con problemas de salud mental, dificultades económicas y rupturas familiares, heridas que, a su vez, pueden deteriorar aún más la vida y la salud mental de la persona.


Hacer familia y reconstruir vínculos
Frente a esta realidad, el sacerdote considera que la Iglesia está llamada, ante todo, a “hacer familia”, reconociendo en quien vive en la calle a un hermano. “Nosotros tenemos que abrazarlo y tenemos que recibirlo y tenemos que establecer un vínculo”, apunta, al señalar que este es uno de los principales desafíos pastorales.
El sacerdote argentino considera que el encuentro es el primer paso para cambiar la mirada y reconocer el protagonismo de quienes viven en calle y la persona deja de ser vista como alguien que simplemente “está ahí tirado”. Al acercarse, escuchar y establecer vínculos, se descubre a una persona con historia, sentimientos, capacidades y posibilidades para construir su propio camino.
Este cambio de mirada permite reconocer también las capacidades y potencialidades de cada persona. Para Olivero, la ayuda ofrecida desde una posición de privilegio puede atender una necesidad urgente, pero no siempre contribuye a que la persona avance hacia una mayor autonomía. “Las personas que están en calle también son los artífices de su propio camino”, sostiene.


Una realidad que exige trabajo en red
Según el sacerdote, el crecimiento de las situaciones de calle refleja una problemática habitacional que atraviesa a las ciudades de América Latina y el Caribe. La dificultad para alquilar, la precariedad de los ingresos y la falta de acceso a una vivienda digna han ampliado una realidad que hoy afecta a más personas que hace dos décadas.
Olivero considera que nadie debería enfrentar esta realidad de manera aislada. Por eso, destaca el valor de unir a las comunidades y pastorales que trabajan con personas en situación de calle. “Trabajar en red nos permite construir sentidos, interpretar juntos la realidad, discernir juntos y buscar los mejores caminos”, explica, convencido de que compartir experiencias ayuda a comprender mejor una problemática presente en toda la región.
El directivo destaca como referencia el trabajo de la Pastoral do Povo da Rua, en Brasil, por promover el protagonismo de las personas en situación de calle en la construcción de políticas públicas. También valora que la Conferencia Episcopal Brasileña haya colocado la problemática de la vivienda como eje de su campaña de solidaridad, contribuyendo a visibilizar una de las causas estructurales de esta realidad.


Protagonistas, no destinatarios pasivos
Para el padre Charly, esta jornada representa ante todo una oportunidad para que la propia Iglesia revise su manera de acercarse a las personas en situación de calle. Antes de señalar a la sociedad el camino que debe seguir, considera necesario impulsar una conversión pastoral que nazca del encuentro y de un cambio profundo en la mirada.
“Lo primero que tiene que hacer la Iglesia es no tener este tema como periférico”, señala el padre Charly. Para él, reconocer la dignidad de quienes viven en calle exige que parroquias, colegios y comunidades abran espacios de encuentro, acogida y acompañamiento, haciéndoles sentir que también forman parte del nosotros eclesial.
El sacerdote agrega que, abrir las puertas de la Iglesia a quienes viven en calle también significa recordar a la sociedad que nadie puede ser considerado ajeno. “Nuestros hermanos que están en situación de calle son parte del nosotros social, son también ciudadanos, son también personas como cualquiera”, señala.
El desafío, concluye Olivero, es pasar de los discursos a las respuestas concretas. Una Iglesia que se acerca, escucha y acompaña, y que reconoce el protagonismo de quienes viven en calle, puede ofrecer un testimonio creíble y contribuir a reconstruir vínculos allí donde la exclusión y la soledad los han quebrado.
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