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Leonardo Lima Gorosito: Ser facilitador en el Sínodo, ver “la manera como el Espíritu está hablando entre las personas”

En la Asamblea del Sínodo 2021-2024 se ha establecido una figura nueva, la del facilitador. Uno de ellos es el laico uruguayo Leonardo Lima Gorosito, que ve su figura como alguien que “tiene la bendición de poder ir viendo de alguna manera cuál es el proceso, cuál es la manera como el Espíritu está hablando entre las personas”.

Se trata de llegar a la sintonía, de ver la diversidad como “un don y una gracia para la Iglesia”, insistiendo en que “una Iglesia sinodal, sin duda tiene que ser diversa”. Una Iglesia en la que se vive la circularidad, algo a lo que ayuda la conversación espiritual, donde “no hay jerarquía, hay humanidad, hay personas llamadas”, que están “en torno de algo, pero a un mismo nivel”.

“Es un camino que hay que recorrer, algo que va a tener que irse introduciendo en la vida de las comunidades”, insiste Lima Gorosito, en el que hay que formarse y dar pasos concretos para que “la conversación sea lo que dinamice las organizaciones, las estructuras”.

 

Una de las novedades de la Asamblea Sinodal a ser realizada en octubre es el trabajo en las llamadas comunidades para el discernimiento, en las que habrá un facilitador. ¿Cómo alguien que asumirá ese papel, qué es lo que significa?

En lo personal, la verdad es que es una bendición poder participar como facilitador. Es un rol de ayuda, de sustento de la dinámica de la conversación espiritual y lo que buscamos es que el método ayude al encuentro profundo de las personas en un clima de oración, de apertura al Espíritu.

El facilitador tiene la bendición de poder ir viendo de alguna manera cuál es el proceso, cuál es la manera como el Espíritu está hablando entre las personas y también tenemos la gracias de ver cuales son los dones que se dan en la conversación espiritual.

 

¿Cómo el Espíritu ayuda a avanzar en la sinodalidad?

El Espíritu es sin duda el gran artífice de todo esto, porque en lo que he visto en las instancias de conversación espiritual, el poder llegar a sintonía no necesariamente estando de acuerdo en todo o señalando las cosas en el mismo sentido, pero poder llegar a sintonía, llegar a la fraternidad, a la fraternidad se llega muy rápidamente, se ve como la acción del Espíritu hace llegar.

 

La Palabra de Dios nos dice que hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu. La diversidad es algo bueno, el Papa Francisco insiste mucho en eso. ¿Por qué nos cuesta tanto en la Iglesia aceptar a quien es diverso y las opiniones diferentes?

Celebro sin duda la diversidad. El Sínodo nos está señalando la igual dignidad de todos los bautizados y eso desarma cualquier otra pretensión de que puede haber algunos que van a ser bien recibidos y otros no, algunos que vamos a salvarnos y otros que no vamos a salvarnos. Esas cosas no tienen nada que ver con el Espíritu, ni el Espíritu de Jesús, ni con el Espíritu de Dios mismo.

La diversidad es un don y una gracia para la Iglesia, y una Iglesia sinodal, sin duda tiene que ser diversa. A veces hay como resistencias, se mal entiende cuál es el rol de las personas o a qué somos llamados, pero también la sinodalidad nos ha mostrado que en la medida que es un proceso necesitamos transitarlo y eso va a ir ayudando y sanando.

 

Hablas de igual dignidad del Bautismo. Eres laico y vas a facilitar un grupo donde la mayoría son obispos, con otras vocaciones y ministerios. ¿Podemos decir que esa dinámica que el Papa Francisco ha querido impulsar en este Sínodo refuerza esa dignidad bautismal, refuerza una Iglesia donde el sacramento fundamental es el Bautismo?

Sin duda, a partir de los textos preparatorios para el Sínodo y lo que fueron las experiencias continentales y diocesanas, lo que se vivenció mucho en la Etapa Continental, la igual dignidad tuvo una expresión que para mí fue linda, no sentimos la piramidalidad de la Iglesia, sino que sentimos mucha horizontalidad, te diría que, hasta circularidad, en el sentido de que estábamos todos en el mismo plano, reunidos en torno de algo y no había nivel jerárquico.

Es lo que sucede en la conversación espiritual, cuando se está en el momento de la conversación espiritual no hay jerarquía, hay humanidad, hay personas llamadas, y se vive mucho algo circular, que estamos en torno de algo, pero a un mismo nivel.

 

En los encuentros regionales de la Etapa Continental del Sínodo se vivió esa circularidad en los círculos para el discernimiento. ¿Eso se ha asumido bien, es posible vivir y caminar así, es posible construir la Iglesia a partir de esa circularidad?

Sin duda, la experiencia fue maravillosa, personalmente me quedé muy lleno del Espíritu, en el sentido de que fue de mucha gracia. Es un camino que hay que recorrer, algo que va a tener que irse introduciendo en la vida de las comunidades. La conversación espiritual es una gran herramienta y hay que apostar a eso, es el momento de hacerlo y estamos en camino.

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Dices que hay que introducirlo en la vida de las comunidades, ¿qué pasos deben ser dados para eso?

Hay que identificar, porque en todas las comunidades hay gente que facilita el diálogo, hay que identificar a las personas que hacen eso posible en las comunidades, y luego tal vez formarse en esto de ser facilitador, en ayudar a que la conversación sea lo que dinamice las organizaciones, las estructuras. Que, en los consejos diocesanos, en los consejos parroquiales, pueda existir este tipo de instancia, facilitaría mucho la tarea. Hay que formarse en esto y darle cabida.

 

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