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Obispos del Ecuador piden no ceder ante la violencia y alientan a construir paz con justicia y dignidad

Con motivo de su Asamblea Plenaria CLIX, celebrada en la Casa de Espiritualidad Bethania, los obispos del Ecuador dirigieron un mensaje a los fieles católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del país, en el que exhortan a no perder la esperanza frente a la violencia, la pobreza y los desafíos democráticos que atraviesa la nación.

“Dios no abandona a su pueblo”

El comunicado inicia con una invitación a la confianza en Dios: “No temas, pequeño rebaño (Lc 12,32)”. Desde esta certeza, los prelados expresan su cercanía espiritual: “Nosotros, los obispos del Ecuador, reunidos en Asamblea Plenaria, los tenemos presente en al corazón y elevamos por ustedes una oración ferviente”, al tiempo que reafirman: “Dios no abandona a su pueblo”.

En medio de la crisis que vive el país, los obispos dirigieron palabras de consuelo a quienes han sido afectados por la violencia: “A las familias que han huido empujadas por la violencia, les decimos no están solas”. Asimismo, reconocieron a quienes sostienen la esperanza en medio de la adversidad: “Y a quienes, en medio de tanta oscuridad, siguen siendo luz, los vecinos solidarios, las madres que sostienen la esperanza, los jóvenes que se niegan a rendirse: gracias. Su testimonio valiente es la presencia viva de Cristo entre nosotros”.

El mensaje también valora el compromiso de quienes trabajan por sanar las heridas sociales: “Muchos de ustedes, desde el campo público o privado, han asumido el noble compromiso de sanar las heridas que la dura realidad de nuestro tiempo ha abierto en la vida de tantos hermanos y hermanas, arriesgando incluso su propia vida… A ustedes los alentamos a seguir adelante con valentía y esperanza”.

Pueblo con raíces de fe

Los obispos manifestaron su cercanía al Papa: “Deseamos expresar nuestra profunda gratitud y cercanía por el valiente testimonio evangélico que el Papa León XV ofrece al mundo entero en su decidida defensa de la vida humana, y en su incansable llamado a la paz…”, subrayando además que “quienes anuncian la verdad con amor han de esperar la incomprensión y los ataques de este mundo”.

En su reflexión, los obispos resaltan la identidad cristiana del pueblo ecuatoriano: “Somos herederos de una fe con raíces más profundas que cualquier tormenta: la solidaridad del barrio, la fortaleza de la familia, la devoción que florece en las fiestas patronales o en la oración al amanecer”.

Recordaron además que “El Dios en quien creemos es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, que camina con su pueblo y lo sostiene cuando flaquea”, asegurando que “la Pascua del Señor es el fundamento de toda esperanza: la última palabra no la tiene el mal ni la muerte, sino el amor eterno de Dios”.

Violencia y llamado a la paz

Uno de los temas principales del comunicado es la preocupación por la creciente violencia. “No podemos callar: la violencia ha entrado en nuestros casas, calles y escuelas”, manifiestan, señalando que las autoridades “tienen la grave obligación de proteger a sus ciudadanos con firmeza y justicia; no se puede negociar con la muerte ni acostumbrarse al miedo”.

Los obispos describen el contexto actual como parte de “lo que el Papa Francisco llamó ‘una tercera guerra mundial en pedazos’”, pero recuerdan el horizonte evangélico: “Bienaventurados los que trabajan por la paz (Mt 5,9)”.

En esa línea, citan: “La paz se construye en el corazón y desde el corazón, eliminando el orgullo y la venganza”, y enfatizan que “ser artesanos de paz es la forma más exigente y heroica del amor. Implica romper la espiral de la venganza, defender al más débil y caminar hacia la verdad y la justicia”.

Pobreza, dignidad y justicia social

“Denunciamos otra violencia, más silenciosa pero igualmente cruel: la pobreza creciente y el desempleo que condena a millones de familias a vivir en la angustia”, señalam. En este sentido, recuerdan: “La pobreza no es fruto del destino, sino consecuencia del egoísmo”.

Los obispos insisten en la dignidad humana como principio fundamental: “Cada persona fue creada ‘a imagen y semejanza de Dios’ y posee una dignidad sagrada e inviolable”. Por ello, exigen políticas públicas concretas: “Exigimos que el Estado invierta en educación de calidad, salud accesible a todos y trabajo digno no como beneficencia, sino como justicia”, al tiempo que convocan a la ciudadanía a actuar con honestidad y compromiso con el bien común.

Democracia y responsabilidad ciudadana

En relación con la vida política, el episcopado subraya la importancia de la democracia: “La democracia es un bien precioso que hemos recibido como herencia y que debemos entregar fortalecido a las nuevas generaciones”. Añaden que este sistema “es el espacio donde la libertad se hace visible y el diálogo vence a la imposición”.

A su vez, hablan sobre los riesgos institucionales: “Denunciamos toda corrupción como pecado social que hiere primero a los más pobres, y alertamos ante toda tentación de manipular las instituciones del Estado”.

En consecuencia, llaman a la participación responsable: “Convocamos a cada ciudadano a asumir con seriedad su responsabilidad cívica: votar con conciencia, exigir rendición de cuentas… e involucrarse en la vida pública como vocación de servicio del bien común”.

No estamos huérfanos”

El comunicado concluye con una exhortación espiritual: “Que Dios nos conceda sabiduría para discernir el bien y valor para obrar en consecuencia; fortaleza para no ceder ante la desesperanza… y la decisión de ser, cada día, sembradores de paz, de justicia y de solidaridad”.

Invitan a la oración como fuerza transformadora: “No cesemos de elevar nuestra oración al Señor, pues no existe arma más poderosa para enfrentar la realidad que la oración ferviente de los pobres y humildes”.

Los obispos encomiendan al país a la protección de la Virgen María: “Que el Inmaculado Corazón de María, Patrona del Ecuador… nos acompañe e interceda por nosotros ante su Hijo”, recordando que “no estamos huérfanos, que hay un amor más grande que cualquier tormenta, y que el Ecuador tiene un porvenir de paz y progreso porque está en las manos de Dios”.

Asamblea Plenaria CLIX

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